Javier Alánzuri
Poeta que considera el portal su segunda casa
" Mientras baja la marea "
Es domingo a mediodía,
la terraza está repleta;
gambas, lapas, camarones
y bebidas por las mesas.
El mar esparce su aroma
con la brisa suave y fresca
y un niño está en pie, mirando
a dos chiquillas que juegan.
Permanece quieto, ansioso,
mientras risas lanzan ellas;
si lo miras desde lejos
es un querubín de piedra.
Quiere jugar, no se atreve,
el pobre tiene vergüenza;
a las niñas no conoce
y el intenso sol le quema.
Al acecho, por la tapia,
hay varias salamanquesas
tan quietas como el hermoso
crío de tonos cereza.
Sin pudor, las niñas corren
por la terraza, locuelas,
esquivando camareros
y pasándole muy cerca.
Cuchichean y le miran
divertidas y coquetas
hasta que, por fin, le dicen
si quiere jugar con ellas.
Ajenos a los adultos,
tres mosqueteros pelean
contra cientos de bandidos
mientras baja la marea.
la terraza está repleta;
gambas, lapas, camarones
y bebidas por las mesas.
El mar esparce su aroma
con la brisa suave y fresca
y un niño está en pie, mirando
a dos chiquillas que juegan.
Permanece quieto, ansioso,
mientras risas lanzan ellas;
si lo miras desde lejos
es un querubín de piedra.
Quiere jugar, no se atreve,
el pobre tiene vergüenza;
a las niñas no conoce
y el intenso sol le quema.
Al acecho, por la tapia,
hay varias salamanquesas
tan quietas como el hermoso
crío de tonos cereza.
Sin pudor, las niñas corren
por la terraza, locuelas,
esquivando camareros
y pasándole muy cerca.
Cuchichean y le miran
divertidas y coquetas
hasta que, por fin, le dicen
si quiere jugar con ellas.
Ajenos a los adultos,
tres mosqueteros pelean
contra cientos de bandidos
mientras baja la marea.
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