Hay personas que quieren ayudar y no saben a quien,
aquí es el dilema.
En las cuevas del alma
no existen sombras
ni han de nacer los seres
que hagan posible su devenir.
No existen ojos para lo que se ama.
Por Dios, cuánto tiempo llevo leyendo estas pocas líneas, amigo, ¿qué has querido decir?
Has planteado la diferencia que hay en nosotros entre la parte etérea, el alma, los sentimientos o quizá la conexión que pueda haber con un lazo espiritual y por otro lado el soma, el físico, la parte que traduce a la vida real la pureza que se activa allá arriba, en nuestra ánima.
"No han de nacer los seres que hagan posible su devenir", devenir de las sombras del alma, entiendo yo. Y siendo así planteas que la pureza del espíritu, si existe, no se verá incomodada en el futuro por las generaciones que vengan, por nuestros avances tecnológicos o nuestra evolución-involución futura, como no ha sido afectada en el pasado por las mismas efemérides hasta el hombre proclamado "del siglo XXI".
LLegados a este punto, el alma puede ser perfecta y noble. Un regalo divino.
Aquí comienza mi nebulosa.
Una posibilidad. Proclamas un amor universal por tantas cosas que amas y se produciría un desencuentro entre la voluntad del alma de ayudar, tal como dices en la primera línea, y la necesidad de elegir a quién. Esta dicotomía iría excluyendo sujetos, no puedes ayudar ni salvar al mundo entero, sólo a quien elijas. A quien permita tu tiempo y tu esfuerzo, sea económico, sea físico, sea el azar quien te ponga en el sitio adecuado. Tantas veces repetirás el "si hubiera estado allí, lo podría haber evitado". Pero no es posible.
Tal vez ahí entra el verso del desenlace "no hay ojos para lo que se ama". No puedes elegir, no es justo elegir a quién salvar, y de ahí la impotencia de ser persona.
Tal vez nos quieres decir además que amamos con el alma, algo tan compacto y libre de grietas como nos anticipabas en las líneas previas, y que este amor no se ve ultrajado por los ojos, la parte física, la que endulza o también avinagra nuestras sensaciones, siendo el amor parte metafísica y espiritual del ser humano, trascendiendo del cuerpo e igualmente, como el ánima, libre de grietas (ojos que maticen o malversen el empíreo sentimiento), este amor sea independiente tal vez de la traducción que nuestros ojos socializados por el mundo nos hagan, por tanto, sería amor libre, propio y partiendo del alma y repartido al resto de nuestro cuerpo y no mediatizado por éste, no habría ojos para este amor que es anterior a la percepción del ser humano de aquello que lo rodea. En una sola frase, "sentí que lo quería o lo amaba sin haberle conocido". Hay algo espiritual ahí.
Saludos, amigo Marius