danie
solo un pensamiento...
Allí donde reposa el pimpollo
de la fina sepultura,
donde el sonido de la savia
latiendo decanta en el estrecho lecho,
como el escollo de la briosa marea
latiendo decanta en el estrecho lecho,
como el escollo de la briosa marea
descansando en la costa,
mi cuerpo se aletarga en silencio;
sucumbiendo, oculto en las recónditas
entrañas del frío acero esculpido en tu efigie.
entrañas del frío acero esculpido en tu efigie.
Antes que tú, caigo agonizante y palmado,
mi hálito en su obsesión tenaz
deambula por los alberges
deambula por los alberges
de la lobreguez muerte,
fiel destello del espejo yaciente,
encegueciendo mis ojos con tu devota silueta de mujer…
Allí, donde el sepulcro obstruye los senderos de la vida,
la única pecaminosa constante que pone fin a mi agonía,
es la calidez de tu todavía tibia, sonrisa,
ese gesto inmutado de tu última expiración,
ese soslayado manto oscuro
que se abalanza sobre ti, apaciguando el dolor.
Duros intervalos que reflejan
la belleza efímera de la vida
y como no debe marchitarse una flor
después de extirpar su tallo de raíz;
sin acongojar con suplicas infructuosas
lo que el destino depara para nuestras vidas.
¡Déjame ser tu guardián,
el blasón mártir que custodie tu sereno descansar!
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