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Lapidación

Antares

Poeta adicto al portal
Entre cuatro paredes viejas y mugrientas,
oía las voces de la muchedumbre.

Sentía un frío polar que inundaba cada centímetro de mi piel,
aunque el día había amanecido con un calor sofocante.

Llegué a discernir
que era el propio miedo
que me estaba helando la sangre.

El chirriante cerrojo
quedó liberado
dejando frente a mí,
una sombra lúgubre.

Me ató fuertemente
las muñecas a mi espalda,
me condujo hacia la calle.

Los insultos precedían a los escupitajos, que los asistentes
a la ejecución, me arrojaban.

Comenzaban a flojearme las piernas.
Y el terror se fue adueñando de mi persona a medida que llegábamos a la plaza.

Notaba la humedad de mi orín
descendiendo por mis muslos.
Me hundí en el hoyo
quedando inmovilizado mi cuerpo.

La sombra tétrica
me encapuchó la cabeza.
Dio la orden ,
comenzaron a llover piedras sobre mi.

Grité de dolor, de pánico...
Fue lenta, muy lenta la agonía.

Solamente en mi defensa pude decir:

“TAN SÓLO AMÉ”.

Aún hoy existen países que hacen uso de las lapidaciones como método de ejecución por adulterio.
 
Última edición:
Aún existe tanta bestialidad retrógrada en tantos aspectos, que nunca falta el deseo de meter la cabeza bajo las sábanas y gritar: "¡avisen cuando llegue la humanidad 5.0, porque la 3.0 vendrá con fallas importantes!"

Un gusto!
Saludos
 
Entre cuatro paredes viejas y mugrientas,
oía las voces de la muchedumbre.

Sentía un frío polar que inundaba cada centímetro de mi piel,
aunque el día había amanecido con un calor sofocante.

Llegué a discernir
que era el propio miedo
que me estaba helando la sangre.

El chirriante cerrojo
quedó liberado
dejando frente a mí,
una sombra lúgubre.

Me ató fuertemente
las muñecas a mi espalda,
me condujo hacia la calle.

Los insultos precedían a los escupitajos, que los asistentes
a la ejecución, me arrojaban.

Comenzaban a flojearme las piernas.
Y el terror se fue adueñando de mi persona a medida que llegábamos a la plaza.

Notaba la humedad de mi orín
descendiendo por mis muslos.
Me hundí en el hoyo
quedando inmovilizado mi cuerpo.

La sombra tétrica
me encapuchó la cabeza.
Dio la orden ,
comenzaron a llover piedras sobre mi.

Grité de dolor, de pánico...
Fue lenta, muy lenta la agonía.

Solamente en mi defensa pude decir:

“TAN SÓLO AMÉ”.

Aún hoy existen países que hacen uso de las lapidaciones como método de ejecución por adulterio.

Partió siendo un castigo tanto para el hombre como para la mujer. Que conveniente. Saludos cordiales, Antares.
 
Entre cuatro paredes viejas y mugrientas,
oía las voces de la muchedumbre.

Sentía un frío polar que inundaba cada centímetro de mi piel,
aunque el día había amanecido con un calor sofocante.

Llegué a discernir
que era el propio miedo
que me estaba helando la sangre.

El chirriante cerrojo
quedó liberado
dejando frente a mí,
una sombra lúgubre.

Me ató fuertemente
las muñecas a mi espalda,
me condujo hacia la calle.

Los insultos precedían a los escupitajos, que los asistentes
a la ejecución, me arrojaban.

Comenzaban a flojearme las piernas.
Y el terror se fue adueñando de mi persona a medida que llegábamos a la plaza.

Notaba la humedad de mi orín
descendiendo por mis muslos.
Me hundí en el hoyo
quedando inmovilizado mi cuerpo.

La sombra tétrica
me encapuchó la cabeza.
Dio la orden ,
comenzaron a llover piedras sobre mi.

Grité de dolor, de pánico...
Fue lenta, muy lenta la agonía.

Solamente en mi defensa pude decir:

“TAN SÓLO AMÉ”.

Aún hoy existen países que hacen uso de las lapidaciones como método de ejecución por adulterio.
Has puesto voz a la injusticia y a la barbarie. En primera persona se siente el dolor y la vergüenza.
Encantado de pasar y dejar mi apoyo en tu poema denuncia.
Un abrazo.
 
Encantada Alonso por tu grato comentario y apoyo. Es muy trágico que aún exista este tipo de salvajadas. Un abrazo cálido y gusto recibirte en mi espacio.
 
Entre cuatro paredes viejas y mugrientas,
oía las voces de la muchedumbre.

Sentía un frío polar que inundaba cada centímetro de mi piel,
aunque el día había amanecido con un calor sofocante.

Llegué a discernir
que era el propio miedo
que me estaba helando la sangre.

El chirriante cerrojo
quedó liberado
dejando frente a mí,
una sombra lúgubre.

Me ató fuertemente
las muñecas a mi espalda,
me condujo hacia la calle.

Los insultos precedían a los escupitajos, que los asistentes
a la ejecución, me arrojaban.

Comenzaban a flojearme las piernas.
Y el terror se fue adueñando de mi persona a medida que llegábamos a la plaza.

Notaba la humedad de mi orín
descendiendo por mis muslos.
Me hundí en el hoyo
quedando inmovilizado mi cuerpo.

La sombra tétrica
me encapuchó la cabeza.
Dio la orden ,
comenzaron a llover piedras sobre mi.

Grité de dolor, de pánico...
Fue lenta, muy lenta la agonía.

Solamente en mi defensa pude decir:

“TAN SÓLO AMÉ”.

Aún hoy existen países que hacen uso de las lapidaciones como método de ejecución por adulterio.
Triste que aún continúen con estas cosas (de la barbarie) . Excelentes letras poetisa . Elaboraste muy bien la historia. Un abrazo
 
TU TEMA ELEGIDO

"MENCIÓN ESPECIAL"

del MES



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MUNDOPOESIA.COM
 
Muchísimas gracias Mamen y a todo el equipo que comprende el jurado de Mundo Poesía, por este reconocimiento. Espero seguir aportando mi granito de arena en este mundo maravilloso de la poesía. Saludos desde mi estrella roja, Antares.
 
Entre cuatro paredes viejas y mugrientas,
oía las voces de la muchedumbre.

Sentía un frío polar que inundaba cada centímetro de mi piel,
aunque el día había amanecido con un calor sofocante.

Llegué a discernir
que era el propio miedo
que me estaba helando la sangre.

El chirriante cerrojo
quedó liberado
dejando frente a mí,
una sombra lúgubre.

Me ató fuertemente
las muñecas a mi espalda,
me condujo hacia la calle.

Los insultos precedían a los escupitajos, que los asistentes
a la ejecución, me arrojaban.

Comenzaban a flojearme las piernas.
Y el terror se fue adueñando de mi persona a medida que llegábamos a la plaza.

Notaba la humedad de mi orín
descendiendo por mis muslos.
Me hundí en el hoyo
quedando inmovilizado mi cuerpo.

La sombra tétrica
me encapuchó la cabeza.
Dio la orden ,
comenzaron a llover piedras sobre mi.

Grité de dolor, de pánico...
Fue lenta, muy lenta la agonía.

Solamente en mi defensa pude decir:

“TAN SÓLO AMÉ”.

Aún hoy existen países que hacen uso de las lapidaciones como método de ejecución por adulterio.
Terror e impotencia se desgranan en tus versos. actualmente no tendria que suceder
eso. excelente. saludos de luzyabsenta
 
Muy agradecida, querido LUZYABSENTA que llegues a este poema y te haya gustado. Siempre es un placer tu visita a mis versos. Saludos gratos para ti.
Intentar llegar a tiempo. lo cierto es que me alegre mucho de que tu trabajo
poetico fuese recompensado. te envio mis animos para seguir ofreciendo
obras de ese regusto especial que enmarcan tus versos. saludos afectuosos
de luzyabsenta
 
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