danie
solo un pensamiento...
I
Cómo abnegarme al vicio del pecado
Cómo abnegarme al vicio del pecado
mismo que se ha ofrecido con tormento
sobre mi cuerpo dándome un sustento
único con el cáliz consumado.
Cómo no venerar al Dios sagrado
cuya fuerza destruye el firmamento;
Dios de la turbación y el cegamiento,
brío que manifiesta su dorado
sobre la cruz trocada de la iglesia
y ese abate promiscuo que desflora
toda la castidad sin anestesia
¡Mal habida ilusión abrumadora
de esa angustia del sueño de la amnesia
qué reclama la sangre del preclaro!
II
Un Cristo que blasfema en la cadena
de un vínculo que alcanza al reverente
y fiel devoto de una resurgente
manía de idear con su condena,
el lazo del difunto y su colmena
que arranca a la esperanza del latente
pagano. Los lamentos del ferviente
profeta y su calumnia que resuena
la mente, desangrada en el idioma
del diablo y con la lengua que cercena
la pulcra idiosincrasia del genoma
humano. El sortilegio de una obscena
silueta por un súcubo y su axioma
que pudre la piedad con su gangrena.
III
Ya perdí la certeza de un camino
divino, sofocado por la mano
dura del caciquismo y el Vaticano,
mi lobreguez conoce su destino,
¡siniestro pentagrama de un caído
del cielo, que me acecha en su maído!
¡Bendito mausoleo que confina
mi cuerpo a los tormentos de un Satán!