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Fue un joven
como muchos en el Perú,
cansado de las injusticias, de la corrupción.
Decidió ir a una marcha pacífica llevó su mochila, su bidón de agua y gritaba arengas de lo que creía era justo.
Nunca pensó que en su patria luchar por sus derechos le iba a costar la vida.
Terminó en un hospital cercano donde llegó sin vida.
Él es la voz de todo un pueblo que se cansó de gobiernos corruptos, que se cansó de engaños.
Otros amigos suyos jóvenes también fueron heridos y conducidos al hospital.
Voces desarmadas que hablaban por el pueblo, por ti y por mí.
Pusieron el pecho por el Perú.
Héroes de la democracia y del estado de derecho.
¡Basta de abusos en manifestaciones pacíficas!
No toquen a nuestros jóvenes esperanza de un futuro mejor.
Óiganlos, no los maten.
Ellos tienen clara su verdad.
¿Por que tanta bala?, ¿tanto perdigón?
¿Son acaso delincuentes los que defienden nuestra nación?
Policías abusivos coludidos con la corrupción.
¡Basta de injusticia!
El pueblo apoya a los que dan la vida por nuestra patria.
Apoyemos todos desde nuestras casas a nuestros jóvenes por favor.
Un gobierno corrupto dispara sin piedad
contra nuestros hijos
¡Qué abuso por Dios!
Puedo ver todo, menos niños de hambre; su cara triste me causa pavor y calambre.
Mis pobres pajaritos sin alpiste, ¡Humanidad dime dama falaz!, ¿dónde te fuiste?
Puedo escuchar todo menos sus voces pequeñas pidiendo auxilio
¡Ay, humanidad ciega corazón de cartón! ¿Dime cuándo, cuándo resonará sensibilidad en tu habitación?
Pepitas de algodón con cucharas vacías y platos famélicos visualizo en mis aceras. Barrigas enjutas de paredes calcinadas de hambre; ojos saltones suplicando un mísero pan.
Me dueles toda, toda, niñez con vestidos de orfandad, mi corazón se hace un hoyo de sangre al mirar tu futuro, sin arroz de compasión.
¡Sigue, sigue alma oligarca sáciate hasta hartar! Un niño pasa hambre y soledad. “No importa no es mi hijo que lo vayan otros a enterrar”
¿No son los niños
el futuro de una nueva humanidad?
¿No te dice nada
¿Su agonía y su llanto de cal?
Cuando el sol dejó de regalar
sus tonalidades amarillas
en el cielo destellante,
los hombres
soñadores de
gaviotas estelares dejaron de ser hombres
y se volvieron
canibales,
pues se devoraron entre ellos
olvidando si esencia humana, hermana.
Cuando el sol
dejó su helio amoroso
ya no fue un sol,
fue solo un cuy asustado, sin rumbo,
en el sin sentido de la vida.
Cuando el sol del amor se muere en el alma humana
no hay varita mágica de siete colores
que resucite sus humanidad perdida.
Pues yace solitaria llorando con lágrimas nostálgicas,
su esencia primigenia.
Que nunca muera el sol en una costa perdida, abandonada,
qué resuciten sus ojos amarillos en nuevos ocasos naranjas,
¡Qué reviva!
En ese muelle que siempre espera su resurrección
en pléyades de humanidad nueva.
When the sun stopped giving way
its yellow tones
in the shining sky
the men
dreamers of
seagulls stopped being men
and they turned
cannibals
they devoured each other
forgetting if it is human essence, sister.
When the sun
left her helium
it was no longer a sun
it was just a scared, aimless guinea pig,
in the nonsense of life.
When the sun of love dies in the human soul
no seven color magic wand
to resurrect their lost humanity.
She lies alone crying with nostalgic tears
its primitive essence.
May the sun never die on a lost and abandoned coast.
May her yellow eyes rise again on orange occasions,.
Let it revive!
On that pier that always awaits her resurrection.
in pleiades of new humanity.
Es increíble pensar
hasta que punto podemos llegar,
tener que desconectar
para a otros tener que salvar.
No existen respiradores para todos,
se debe elegir
este vive, este no.
Y el paciente dirá:
¿Y por qué
el que morir yo?
¿No somos todos seres humanos?
Dura determinación
al que se someten los galenos,
dura realidad
para el que su peso experimenta.
Un virus asesino
nos ha llevado al ring de boxeo,
en la lona, nos tiene arrinconados;
por nuestros familiares acongojados.
Muerte y dolor
siembra por todos lados.
Tengo miedo,
miedo que los tentáculos del virus sigan avanzando
y se trague miles y miles de seres humanos,
tengo miedo que la vacuna no llegue pronto,
que la gente no aguante el descalabro económico, el desempleo y el hambre.
Tengo miedo, Dios mío,
se me escarapela el cuerpo,
y casi no duermo viendo las noticias
poniéndome en el lugar de los más vulnerables: de los países pobres, de los hermanos hispanos desempleados, de los niños encerrados en cuarentenas interminables , de que el sistema de salud de los países colapse.
Mi fragilidad humana se pone de manifiesto,
cuando veo llorar mucha gente de angustia y desesperación.
Soy un poeta altamente sensible,
una esponja sensitiva, y llorona,
y todo este panorama me duele hasta los huesos.
No me aterra solo mi salud, la de mi familia,
sino la de esta hermosa tierra,
poblada de humanos.
Pues para mí no son cifras de las estadísticas
para mí son hermanos humanos caídos, devastados.
Enciendo un cirio
el de la esperanza,
rezo muchas horas en mi habitación,
oxigeno mi alma
para hallar paz en medio de tanto miedo y desconsuelo
por el futuro de la humanidad.
Las cuentas del rosario se hacen interminables, pero mi miedo va cediendo,
la dulce imagen de La Madona Rucellai colgada en mi pared me sosiega,
y entro en un remanso de paz y conformidad.
Ahora entiendo, que el miedo también es bomba letal,
que mata antes que el virus,
que no ayuda en tiempos de crisis,
¡Qué hay ser equilibrados con nuestras emociones!
Toda la historia tiene un curso inexorable y hay que asumirlo
aprender de los errores,
aprender las lecciones,
aprender a ser mejor ser humano,
aprender a cuidar nuestro planeta que poco a poco declina y se apaga.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados/copyright (PROHIBIDO COPIAR LAS IDEAS VERTIDAS EN ESTE POEMA) Safe creative cuenta 1705232425254
Estoy en cuarentena, confinada, como un pájaro enjaulado,
y cómo un búho lloroso;
paso mis días, aquí, en la trinchera de mi hogar. ¡No me gusta el encierro, mis alas quieren volar! pero sé que este aislamiento es necesario
para poder salvar mi pellejo. Los días son monótonos, veo las calles desiertas, muertas, las noticias estallan de miles de contagiados en el mundo,
hago una oración en silencio;
(Parezco un monje budista rezando mis letanías solitarias) Desde mi soledad, tan sola, siento la compañía de mis seres queridos que son mi paliativo y mi fuerza.
Todas las mañanas como valiente guerrera, frente al virus, desinfecto recovecos,cocino, lavo,
y me ciño la pluma, para luchar también con mis letras.
Este vil virus ataca sin piedad
¡No hay qué darle tregua! En mi encierro, ha cambiado mi modo de ver el mundo:valoro más la vida, la libertad. Soy consciente que el propio hombre destruye su hábitat.
Lloro una humanidad materialista que va camino al cadalso. Estoy en cuarentena, y lo confieso, ¡tengo miedo,
¡No sé hasta cuando se propagará el virus!
Si recrudecerá con más fuerza, si veré más muertos, ¡tan cerca! Me he confesado antes de este encierro, si muero me voy limpia de pecado,
pero temo por los míos
y además, cuando la muerte llega, cuando se la siente ¡ tan cerca!
Resulta, que nadie está tan preparado como creía. Respiro profundo, encomiendo mi alma al cielo,
rezo por los fallecidos y los agonizantes.
Necesito entrar a la casa interna de mi alma
y pedir al altísimo, conformidad, valor,
si toca sus tentáculos mis puertas o la de mis familiares.
El miedo se apodera del mundo,
todos temen ser contagiados con el virus asesino:
hay cola en los supermercados,
peleas, llantos, ataques de pánico,
encierro en las casas;
perdiendo la calma y la cordura.
Los hombres solo piensan en cuidarse y extreman
sus medidas de seguridad: se lavan demasiado las manos, no concilian el sueño, se deprimen y aburren en sus casas quejándose por la cuarentena.
Es el miedo a la muerte
que los aterra,
ser exterminado del planeta como moscas,
ser convertido en polvo y nada
por el temible virus
que a su paso solo deja desolación y muerte.
Ni una menos le digo a mi hijo de quince años tú vienes del vientre de una mujer. Ni una menos le digo a mis vecinos: El respeto a la mujer hay que sembrarlo a diario. Ni una menos le digo a mis amigos: pues la mujer es tu esposa, amiga, compañera; no tu esclava ni tu niñera.
Ni una menos le digo al mundo ya estamos cansados de hombres machistas que maltratan, violan, asesinan a las mujeres.
¡Valorate hombre, si la mujer ya no quiere estar contigo, no la mates¡ En todo conflicto, hombre de poco seso, usa el diálogo, no los golpes y gritos malsanos.
La violencia la absorben tus hijos, ¿No te das cuenta que maltratando a la mujer estas destruyendo tu propio hogar? Y si cometes feminicidio, ¿Tus pobres hijos a dónde irán a parar?
Siento miedo, esta noche él también posará sus manos en mi cuerpo, destruyendo mi ser de niña inocente ¡Lo detesto!
Me toca a su antojo, me hace hacer cosas que no quiero, ¡No sabe cuánto me lastima ver que el ser que debe cuidarme, mancille mi cuerpo!, Y yo sin poder decir nada ¡por vergüenza, por miedo! ¿Quién le creerá a una niña de ocho años?
Ya no soporto esta situación me deja tan asustada y vacía llena de dolor y llanto cuando me toca, que estoy harta. Mañana se lo contaré a mi madre: "Mamá mi papá entra todas las noches a mi cuarto y me toca y hace cosas horribles" ¡Ayúdame por favor! tengo miedo ¡Cree mis palabras es la pura verdad, no miento!
Llévame al médico mamá, me siento rara, mi barriga crece y tengo náuseas. Soy muy niña para ser mamá ¡Ayúdame no me dejes sola con este bebé! ¡Qué se vaya a la cárcel ese mal padre!
Autora Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados Poema basado en la realidad de mucha niñas violadas por sus propios padres, tíos, abuelos.
El mundo moderno es absorbido por el dragón del consumismo,
las personas compran y compran sin parar ni pensar.
La tiendas comerciales
les ofrecen ofertas persuasivas
y como ratones caen en la trampa redonditos.
La televisión les crea necesidades artificiales,
la moda es motivo de compras habituales.
Aún no necesiten productos, se compra y compra, mecánicamente.
Muchos objetos llenan la casa y algunos
terminan en algún cuarto arrumados.
Hay un instinto impulsivo de poseer objetos
que a veces se vuelve irracional y alarmante.
¡Quizás quieren los hombres llenar su inmenso vacío existencial
con objetos materiales?
El ser no está en el tener.
El consumismo en sus plumajes no sacia,
pues siempre se quiere tener más y nos vamos envolviendo en su larga espiral.
Conozco muchas personas rodeadas de muchos bienes y cosas
pero muy solos y vacíos.
Comprar por comprar,
nos hace seres impulsivos y codiciosos.
Con dinero compra cosas
pero no felicidad.
En un mundo donde abundan los pobres,
es un escándalo e inhumano que haya personas despilfarrando en cosas banales.
Nadie es mejor ser humano
si lleva tal ropa de marca, carro de lujo o vive en zona adinerada de alto costo.
¡Hombre, no te alienes con lo que no te llena!
No sigas la corriente del mundo que te estresa y desvela.
Compra solo lo que uses y necesites de verdad.
Y si te sobra el dinero
compártelo y esta actitud te hará sentir mejor;
serás mejor ser humano.
¡Cuánta gente muere en los hospitales! Cuánta gente sufre por falta del vil dinero, por instalaciones deficientes, por falta de medicinas, o por abandono de los gobiernos.
De pena se muere mi alma al ver tanta gente abandonada en los pasillos de los hospitales sin que nadie se conmueva de sus males.
¡Ay tanta indiferencia descarnada! Nadie se preocupa por el enfermo abandonado, ¡No son rentables los problemas de los pobres!
¡Ver tanto sufrimiento de enfermos abandonados, lacera mi alma y mi mente!
Ayudemos a tanta gente que no tiene quien sus males vele.
Enfermeras, doctores, más paciencia con estas almas dolientes. ¡Son nuestros hermanos caídos!
Un día puedes ser tú el enfermo Dios ve las acciones buenas. Todo en la vida da vueltas. El bien que hacemos en esta tierra regresa a nosotros con creces.
Cuando veas a un enfermo en un hospital recuerda ayudarlo, atenderlo, escucharlo. No tapes tus oídos con tapias inertes.
Sé un alfarero del bien que de esta tierra pronto nos vamos todos. A sabios, ricos, cuerdos y locos nos espera la hermana muerte.
¿Dónde están aquellos hijos que no volvieron a casa?
¿Dónde, aquellas hermanas jóvenes, bellas, que ya no están en nuestro hogar?
¿Dónde, nuestros padres que por una idea política fueron llevados por la fuerza y nunca más los vimos?
Nuestros ojos lloran todos los días
por nuestros familiares y amigos que nos arrebataron sin piedad.
Ellos en un segundo se hicieron polvo, humo,
y ya no los vimos más.
Es como si nos quitaran un dedazo de nuestra vida,
como si el mundo en un segundo,
despareciera ante nuestros pies, viendo que se tragara a nuestros familiares
sin poder nada hacer.
Preguntamos a los vecinos, a los familiares, denunciamos a la policía,
pero nadie sabe nada de su paradero,
y el corazón y el alma se quedaron agujereados de dolor y horror.
¿Quién nos devolverá a nuestros familiares?
En qué abismo estarán,
¿Comerán o no comerán?
¿Los golpearan?
¿Los traficaran, los violaran?
¿Los mataran?
Miles de pensamientos atronadores por nuestras cabezas,
no podemos ya dormir en paz.
¡Cielo, mundo, autoridad,
escuchen nuestro grito de dolor;
devuélvanos a los que más queremos por amor de Dios!
Autora Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos Reservados
Otra vez, el recibo de luz con cara de niños y personas desaparecidas,
otra vez, los diarios informando mujeres y hombres sin destino cierto.
Papeles pegados en postes y paredes con cara de personas que no se sabe su paradero.
Nuevamente desaparecen ciudadanos que por levantar su voz de protesta son encarcelados sin destino fijo.
¿Hasta cuándo va a durar esta barbarie?
No estamos seguros ni en nuestro vecindario,
pronto llega un plagiario y nos arrebata la libertad.
¿Por qué se atenta contra nuestro derecho de libre tránsito y libertad?
¿A quién le gusta que se le desparezca un niño, una madre o un padre?
Desaparecer una persona es un acto de gran crueldad.
Signo que el mundo
pierde humanidad.
Pesa más el dinero,
el poder, la ambición.
que el derecho a vivir seguro libre y en paz.
levantemos nuestra voz de protesta
¡Basta ya!
Hoy día los desaparecidos son ellos,
mañana nosotros o nuestros hijos, quizás.
Autora Edith Elvira Colqui Rojas-Perú
Derechos Reservados
Vergüenza debieran tener
a los que explotan a nuestros niños,
pequeñas flor de capulí.
No tienen sangre en la cara
los que a los niños explotan y ultrajan
con trabajos no propios de su edad.
Mi voz alzo en estas líneas,
por estos tiernos pajaritos,
que deben estar estudiando y trabajando; de su niñez disfrutando,
y no en las calles abusados por hombres sin corazón,
a los que les importa solo el brillo del oro, ¡qué desilusión!
Me hierve la sangre,
verlos trabajar hasta altas horas de la noche,
en medio de tantos peligros de la voraz calle.
¡Ya basta halcón negro malsano!
No toques su flor de inocencia,
¡No mancilles su cuerpo con golpes!
¡No quiebres su alma con insultos!
¿Crees que el cielo no ve?
Ellos son albos angelitos,
muy caro pagarás tu maldad, Dios los defenderá;
y la justicia entre rejas te pondrá.
Al grito de Guernica
un pueblo se levanta,
llora a sus hijos muertos en la sangrienta batalla.
El caballo relincha: "Respetan nuestra patria que por la espada se desangra"
La señora con el niño en brazos pide suplicante: piedad, no maten a mansalva.
El hombre caído con la flor de la esperanza, no se puede levantar;
mueren sus ideales en el mar de la indolencia y la soledad.
¿La mujer en llamas
que puede simbolizar?
Sangre dolor y lágrimas
es su grito general.
La paloma de la paz está atada y llora,
porque no puede hablar.
La mujer arrodillada
quiere huir de la masacre,
nadie oye su voz
y aterrorizada mira buscando una luz.
El mundo mira impávido tanto dolor,
el tirano extiende la mano y nadie lo limita.
Los ojos del cielo ven con sus focos de luz
tanta barbarie.
No quedará olvidada para la humanidad consternada,
esta escena, de sus aires.
Al grito de Guernica
un pueblo se levanta,
llora a sus hijos muertos en la sangrienta batalla.
El caballo relincha: "Respetan nuestra patria que por la espada se desangra"
La señora con el niño en brazos pide suplicante: piedad, no maten a mansalva.
El hombre caído con la flor de la esperanza, no se puede levantar;
mueren sus ideales en el mar de la indolencia y la soledad.
¿La mujer en llamas
que puede simbolizar?
Sangre dolor y lágrimas
es su grito general.
La paloma de la paz está atada y llora,
porque no puede hablar.
La mujer arrodillada
quiere huir de la masacre,
nadie oye su voz
y aterrorizada mira buscando una luz.
El mundo mira impávido tanto dolor,
el tirano extiende la mano y nadie lo limita.
Los ojos del cielo ven con sus focos de luz
tanta barbarie.
No quedará olvidada para la humanidad consternada,
esta escena, de sus aires.
La venas de la verdad gritan con la boca abierta por el planeta, sus nervaduras varicosas estallan de rabia, sus ojos blanquean, por un mundo que fenece por la insensibilidad humana.
Su voz se oye latente en este mundo dividido, en este mundo solitario, sin corazón.
Sus cuerdas vocales se abren furiosas para pronunciar las palabras: armonía, paz ,libertad. La voz de la verdad grita y nadie la quiere oír; es una voz amenazante que el sistema de cosas puede cambiar, por eso no se le escucha o se le quiere tapar la boca con un bozal.
Autora : Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos Reservados
Está rota la copa de la cordura,
el mundo ha jugado con sus mejores piezas
y resultó jaqueado.
Ni sus máscaras venecianas le servirán para huir de las consecuencias de sus actos.
Tarde o temprano se descubrirán sus secretos, sus complots, sus actos deshumanizados,
¡En el cielo brilla la verdad!
Canta una alondra el destino final de la tierra,
sus océanos se secan, sus peces se mueren
los actos de humanidad se agotan
la tierra tiembla,
los cambios climáticos se alocan
las guerras se multiplican.
Ni la iglesia se salva de la mala jugada
hay lobos feroces entre sus miembros.
Terror desencanto por todos lados,
gente que no cambia en sus mentalidades destructivas.
El tablero de ajedrez está mojado
mojado de maldad, desengaños y afán hegemonista.
Las copas del dolor en la tierra han sido derramadas: muerte, hambre, terremotos, incendios, calor excesivo,
crisis económica, social, de salud...
Ojalá aparezca en los nuevos cielos
una ficha reina que nos salve de esta oleada de desastres.
Autora Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos Reservados