Ana Clavero
Poeta que considera el portal su segunda casa
El manantial cristalino de mis ojos se ha secado. Se agotó mientras se estrellaban contra mis oídos, el eco de tus silencios; mientras, sin quererlo, imaginaba que todo había sido una mentira, una burda patraña. Por eso hoy, cuando descubro, que al igual que yo, has enterrado tu amor en la pena de lo imposible, oculto tras las infranqueables barreras; sólo puedo llorar lágrimas negras.
¡Vive amor, vive!. Recuerda la canción que me enseñaste:
Nada se pierde todo se transforma
El amor que hoy me das transformado llegará
un día a darte las gracias.
El amor que hoy me das transformado llegará
un día a darte las gracias.
¡Vive, amor vive!, que hay vida detrás de la vida. No, no lo digo yo, lo dice la vida misma, porque una sola vida no es suficiente para tanta pena, ni para tanta dicha.
¡Vive amor, vive y ama!, para que, cuando nos encontremos en otra vida, transformado me devuelvas todo el amor que en ésta has atesorado.
¿Qué como me encontrarás cuando llegue el momento?
En cuanto me veas lo sabrás. Te esperaré vestida de luna en el escenario de nuestros besos, allí, en la orillita, junto a los acantilados Yo reconoceré tu luz, porque ella está siendo mi guía en esta vida. Nos uniremos para siempre, en un mundo sin barreras ni falsas apariencias y unidos transitaremos vida tras vida, sin detener nunca nuestros besos.
Amor, destierra tu pena, obséquiame tu sonrisa. Ya sabes que cuando tú sonríes el mundo se ilumina y ¡Vive amor, vive y ama!, que si tú no vives…..yo muero.