prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es como si las piedras
empezaran a tener conciencia
antes que arena...
Agua de río lejano
que recorre tranquila dos hojas.
Cubo derretido...
Perfume de virus, por la ausencia.
Los poros cerrados, cosidos
para que el dolor, una vez dentro, nunca salga.
El amor de los pies
por las huellas mojadas del silencio.
Cicatriz de cemento, a la velocidad de la vida.
Y las estrellas, espinillas gigantes,
enfermedad luminosa del tiempo.
Irresponsabilidad sexual a vuelo de pájaro.
Oso blanco, extinguido.
Noche blanca, oso negro.
Decir te quiero a tres mil kilómetros distancia
se hace en un segundo
hablando al teléfono
pero el tiburón ha de recorrer este espacio
en otros trescientos millones de años,
cuando el océano llenará ese ojo vacío de tierra.
empezaran a tener conciencia
antes que arena...
Agua de río lejano
que recorre tranquila dos hojas.
Cubo derretido...
Perfume de virus, por la ausencia.
Los poros cerrados, cosidos
para que el dolor, una vez dentro, nunca salga.
El amor de los pies
por las huellas mojadas del silencio.
Cicatriz de cemento, a la velocidad de la vida.
Y las estrellas, espinillas gigantes,
enfermedad luminosa del tiempo.
Irresponsabilidad sexual a vuelo de pájaro.
Oso blanco, extinguido.
Noche blanca, oso negro.
Decir te quiero a tres mil kilómetros distancia
se hace en un segundo
hablando al teléfono
pero el tiburón ha de recorrer este espacio
en otros trescientos millones de años,
cuando el océano llenará ese ojo vacío de tierra.
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