errante xilos
Poeta recién llegado
En esas esferas que se rompen,
dentro de esas moléculas;
en esa violencia, bella como un cántico furioso...
lleno de fe.
Un mundo tras otro,
rellenando la memoria,
cercenando la fiereza,
dañando lo póstumo,
sin compensar la fe,
sin la confianza en un segundo venidero:
parte de un futuro seguro,
de un mañana sutil,
de un archivo dañado en esa madrugada equivocada.
Cuídate, me decías,
y solo pude cuidar los tiernos principios,
entre blandas palabras de pétalos sepulcrales,
en el camino correcto, tanto como la bebida,
como la culpa,
como el temor a lo crucial,
entre lo dormido y lo moribundo,
en la azotea que atestiguó el crimen,
en esa altura, la plataforma del error.
La caída, tan lógica como un si y un no,
es hermosa, negligente; tan caótica
y el patrón de su milésima posibilidad,
un aliciente para descender aun más,
descender más y más,
para observar el cristalino tropiezo,
de cerca, tan duro como un amor no correspondido,
tan precioso, sangrante,
como una prisión en el mismísimo edén...
Reinando en el desasosiego,
ya sin esperar estar peor,
perdiendo de a pocos el deseo de bienestar,
por no tener sentido ya;
descubrir otra dimensión,
y sentirse a gusto en la tortura,
en la dulce locura,
en un infierno privado,
con cercos de seguridad;
reservado...
Ahora dime amén,
tan rabiosamente como puedan tus cuerdas vocales gritar...
¡Amén!
dentro de esas moléculas;
en esa violencia, bella como un cántico furioso...
lleno de fe.
Un mundo tras otro,
rellenando la memoria,
cercenando la fiereza,
dañando lo póstumo,
sin compensar la fe,
sin la confianza en un segundo venidero:
parte de un futuro seguro,
de un mañana sutil,
de un archivo dañado en esa madrugada equivocada.
Cuídate, me decías,
y solo pude cuidar los tiernos principios,
entre blandas palabras de pétalos sepulcrales,
en el camino correcto, tanto como la bebida,
como la culpa,
como el temor a lo crucial,
entre lo dormido y lo moribundo,
en la azotea que atestiguó el crimen,
en esa altura, la plataforma del error.
La caída, tan lógica como un si y un no,
es hermosa, negligente; tan caótica
y el patrón de su milésima posibilidad,
un aliciente para descender aun más,
descender más y más,
para observar el cristalino tropiezo,
de cerca, tan duro como un amor no correspondido,
tan precioso, sangrante,
como una prisión en el mismísimo edén...
Reinando en el desasosiego,
ya sin esperar estar peor,
perdiendo de a pocos el deseo de bienestar,
por no tener sentido ya;
descubrir otra dimensión,
y sentirse a gusto en la tortura,
en la dulce locura,
en un infierno privado,
con cercos de seguridad;
reservado...
Ahora dime amén,
tan rabiosamente como puedan tus cuerdas vocales gritar...
¡Amén!