Una tarde de invierno
Una tarde de invierno, caía el sol, caía
lánguidamente deslumbrado los ventanales
de las casas, sumiendo al pueblo en melancolía
mientras de oro pintaba los campos y frutales.
Aprovechando el sol, estaban los viejecillos,
algunos comentaban el día amenamente
y otros, miraban a los verdosos jardincillos
de la plaza que ribeteaban a la fuente.
La misma fuente donde yo solía jugar
con mis amigos, bien en invierno o en verano,
la misma plaza donde solía pasear
con el primer amor siendo chaval de la mano.
¡Cuántos recuerdos, cuántos me trajo esa fragancia
que dominaba al aire cual pájaro en su vuelo!
¡Cuántos buenos y malos momentos de la infancia!
¡Cuántas noches habré pasado mirando al cielo!
Y la gélida tarde, se marchó bostezando
mientras yo, desde el otro lado de la ventana
mirando la fontana, me quedé razonando...
¡Sueña la fuente, no vendrá nadie hasta mañana!
Luis
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