“No quiero las palabras dichas, el falso pudor, los gestos repetidos, el deseo promiscuo; la hipocresía moral, el rezo arrepentido ni el salvavidas de la confesión”.
En ciertos momentos de nuestra existencia tenemos un encuentro mayor con nuestro otro yo, con nuestro ser interior. Navegamos por nuestra razón que nos muestra los recuerdos de la vida vivida y descubrimos que nuestra existencia ha sido vacía, carente de realidades que nos ofrecieran alegrías y gratos momentos. Quizás porque el prisma con que veíamos el mundo estaba mal enfocado y desvirtuaba nuestro verdadero camino a seguir.
Cuando las banalidades, el egoísmo, las envidias, los engaños, las mentiras cansan y nos agotan descubrimos, en nosotros, una nueva visión del mundo que nos rodea. Se levanta el velo que cubría nuestros ojos y decidimos dar un vuelco radical a nuestra vida.
“Tengo un rumbo y hacia allá voy. No me detengas que no tengo tiempo para quimeras”.
El camino, el destino de toda persona está marcado aún antes de nacer, cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir y un camino que recorrer. Las decisiones, buenas o malas, sólo son un aprendizaje del cual extraemos la sabiduría que nos acompañará en el renacer de nuestras vidas. La realidad suele ser mucho mejor que los sueños y las fantasías que el mundo circundante nos ofrece para mantenernos viviendo presos de sus mentiras y engaños.
“Quiero palabras nuevas resilenciadas, el deseo húmedo de la urgencia, el pudor primero que se esconde en los pechos, la moral que clava los pezones en la blusa indisimuladamente, la señal de la cruz frente a la iglesia, las charlas con Dios sobre la arena y los gestos nuevos del que vive para honrar sus días”.
Un reencuentro con la fe, con la esperanza de una vida mejor, regresar a las raíces de las creencias para refugiar el dolor y curar las heridas que han marcado nuestra existencia.
Siempre es bueno creer y principalmente, creer en nosotros mismos, creer que somos capaces de recomenzar con fe y optimismo una renovada vida interior y exterior.
“Tengo un rumbo y voy hacia el encuentro de lo que me espera. Ojalá te vea ahí”.
Una mente limpia, clara que ha dejada atrás el pasado y se dispone a enfrentar el resto de su vida retomando su destino, en donde ya no existirán las mentiras, la hipocresía, las envidias, el rencor ni el odio, pues para renacer, simplemente hace falta coraje y alegría.
El hecho de decir que nos esperas allá va íntimamente ligado a tu mensaje, al cambio que estas realizando en tu vida ahora que el velo se ha levantado. Crees que es posible que esta transformación también pueda ser realizada en otros seres que han vivido sus vidas en una mentira y envueltos en las miserias humanas.
“Mientras tanto, ayudemos a los otros a construir su rumbo, sin decir, sin vergüenza, amoralmente respetando su moral, religiosamente ante un Dios que lleva distintos vestidos, inocentemente del que sabe que hay más de una verdad, absueltos de responder que no hay siempre respuestas, transparentes de mostrarnos con las manos abiertas”.
Hablar de las experiencias de vida es un paso importantísimo para motivar a otras personas a encontrar sus falencias y descubrir lo equivocadas que estaban. Éstas muestras de afecto siempre han de hacerse dentro de un marco de respeto y cariño hacia quien tenemos en frente, pues no todas las personas piensan igual, no existe ningún ser igual a otro, todos somos diferentes, somos seres únicos e indisolubles por lo tanto imponer creencias sería homicida, lo indicado sería ayudarlos a descubrir su valiosa vida interior y que deseen el cambio para sus vidas y orientarlos para que ellos descubran su verdadero camino y su misión en la tierra.
“No quiero las palabras dichas porque estoy aprendiendo a ser con los otros, a reconocerme en mi olor, a respetar mi deseo impregnado en canela, a caminar sola besando sapos que no se transforman, a escuchar la voz del que me aleja”.
Nadie ni nada podrá decirte que hacer, tú sabes muy bien cuál es el camino a seguir. Estas en un redescubrimiento de tu ser interior, liberando la luminiscencia que destella tu alma y que enceguece al ciego.
“Voy hacia el sol de las penumbras de mi esperanza, descalza como mi primer día, vestida de jabón blanco y llena de risas nuevas”.
Carmen Viviana (Feliz)
Desnuda de frases hechas, desnuda de acciones buenas y malas, desnuda de sentimientos que hirieron tu corazón. Ahora eres una mujer distinta, que está aprendiendo a conocerse y a quererse tal como eres sin pretender ser nadie más.
Querida Carmen:
Cuando nuestra alma se siente prisionera desea liberar toda aquella carga negativa que ha almacenado por años, entonces te hace vivir el infierno más ardiente para que tu renacer sea lleno de pureza y amor por tu propia vida.
Qué hermoso y maravilloso es descubrir que somos seres luminosos y que tenemos derecho a equivocarnos para luego corregir el camino andado descubriendo nuestro verdadero ser interior.
Te felicito, pues has descubierto la alegría de vivir la vida en paz contigo misma y con el mundo que te rodea.
Un beso y un cálido abrazo desde mi verde valle.
Eryca.