carmen viviana
Poeta que considera el portal su segunda casa
No quiero las palabras dichas, el falso pudor, los gestos repetidos, el deseo promiscuo; la hipocresía
moral, el rezo arrepentido ni el salvavidas de la confesión.
Tengo un rumbo y hacia allá voy. No me detengas que no tengo tiempo para quimeras.
Quiero palabras nuevas resilenciadas, el deseo húmedo de la urgencia, el pudor primero que se esconde
en los pechos, la moral que clava los pezones en la blusa indisimuladamente, la señal de la cruz frente a
la iglesia, las charlas con Dios sobre la arena y los gestos nuevos del que vive para honrar sus días.
Tengo un rumbo y voy hacia el encuentro de lo que me espera. Ojalá te vea ahí.
Mientras tanto, ayudemos a los otros a construir su rumbo, sin decir, sin vergüenza, amoralmente
respetando su moral, religiosamente ante un Dios que lleva distintos vestidos, inocentemente del que
sabe que hay más de una verdad, absueltos de responder que no hay siempre respuestas,
transparentes de mostrarnos con las manos abiertas.
No quiero las palabras dichas porque estoy aprendiendo a ser con los otros, a reconocerme en mi olor, a
respetar mi deseo impregnado en canela, a caminar sola besando sapos que no se transforman, a
escuchar la voz del que me aleja.
Voy hacia el sol de las penumbras de mi esperanza, descalza como mi primer día, vestida de jabón
blanco y llena de risas nuevas.
Carmen Viviana ( Felíz)
moral, el rezo arrepentido ni el salvavidas de la confesión.
Tengo un rumbo y hacia allá voy. No me detengas que no tengo tiempo para quimeras.
Quiero palabras nuevas resilenciadas, el deseo húmedo de la urgencia, el pudor primero que se esconde
en los pechos, la moral que clava los pezones en la blusa indisimuladamente, la señal de la cruz frente a
la iglesia, las charlas con Dios sobre la arena y los gestos nuevos del que vive para honrar sus días.
Tengo un rumbo y voy hacia el encuentro de lo que me espera. Ojalá te vea ahí.
Mientras tanto, ayudemos a los otros a construir su rumbo, sin decir, sin vergüenza, amoralmente
respetando su moral, religiosamente ante un Dios que lleva distintos vestidos, inocentemente del que
sabe que hay más de una verdad, absueltos de responder que no hay siempre respuestas,
transparentes de mostrarnos con las manos abiertas.
No quiero las palabras dichas porque estoy aprendiendo a ser con los otros, a reconocerme en mi olor, a
respetar mi deseo impregnado en canela, a caminar sola besando sapos que no se transforman, a
escuchar la voz del que me aleja.
Voy hacia el sol de las penumbras de mi esperanza, descalza como mi primer día, vestida de jabón
blanco y llena de risas nuevas.
Carmen Viviana ( Felíz)
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