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Tao

Dvaldés

Poeta que considera el portal su segunda casa

No mira a nadie el sol y nos da vida,
sacia la sed el agua sin juzgar,
generosa la tierra ha de abrazar
a todos con amor y sin medida.

No culpa al hambre el fruto en su caída,
ni la sombra, a la luz al despuntar,
el tesoro del cielo es contemplar
esta sabia estructura concebida.

Impasible el antiguo resplandor
que persiste en la cima y lo profundo,
sin final ni principio, sin periodo.

Al llano ha de volver el esplendor
del espíritu que nace en este mundo
para ser otra vez uno en el todo.

Dvaldés.

 
No mira a nadie el sol y nos da vida,
sacia la sed el agua sin juzgar,
generosa la tierra ha de abrazar
a todos con amor y sin medida.

No culpa al hambre el fruto en su caída,
ni la sombra, a la luz al despuntar,
el tesoro del cielo es contemplar
esta sabia estructura concebida.

Impasible el antiguo resplandor
que persiste en la cima y lo profundo,
sin final ni principio, sin periodo.

Al llano ha de volver el esplendor
del espíritu que nace en este mundo
para ser otra vez uno en el todo.

Dvaldés.

Describes espléndidamente el camino (tao) el fundamento de toda la existencia, en un magnífico soneto , me encantó. Un abrazo estimado D.
 
No mira a nadie el sol y nos da vida,
sacia la sed el agua sin juzgar,
generosa la tierra ha de abrazar
a todos con amor y sin medida.

No culpa al hambre el fruto en su caída,
ni la sombra, a la luz al despuntar,
el tesoro del cielo es contemplar
esta sabia estructura concebida.

Impasible el antiguo resplandor
que persiste en la cima y lo profundo,
sin final ni principio, sin periodo.

Al llano ha de volver el esplendor
del espíritu que nace en este mundo
para ser otra vez uno en el todo.

Dvaldés.

Bueno, lo cierto es que este universo necesita un mapa rutero. Un abrazo, Danilo.
 
No mira a nadie el sol y nos da vida,
sacia la sed el agua sin juzgar,
generosa la tierra ha de abrazar
a todos con amor y sin medida.

No culpa al hambre el fruto en su caída,
ni la sombra, a la luz al despuntar,
el tesoro del cielo es contemplar
esta sabia estructura concebida.

Impasible el antiguo resplandor
que persiste en la cima y lo profundo,
sin final ni principio, sin periodo.

Al llano ha de volver el esplendor
del espíritu que nace en este mundo
para ser otra vez uno en el todo.

Dvaldés.



¡Cuánto tenemos que aprender ! Me ha encantado el modo de expresar la sencillez de la vida.

Felicidades por el poema.

Palmira
 
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