Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
No mira a nadie el sol y nos da vida,
sacia la sed el agua sin juzgar,
generosa la tierra ha de abrazar
a todos con amor y sin medida.
No culpa al hambre el fruto en su caída,
ni la sombra, a la luz al despuntar,
el tesoro del cielo es contemplar
esta sabia estructura concebida.
Impasible el antiguo resplandor
que persiste en la cima y lo profundo,
sin final ni principio, sin periodo.
Al llano ha de volver el esplendor
del espíritu que nace en este mundo
para ser otra vez uno en el todo.
Dvaldés.