Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
SUREÑOS DÍAS
La lluvia modelaba gris de sureños días,
cayendo a goterones risas y entretención,
los juegos invernales visten con alegrías,
humilde la casita explota en febril canción.
Castillo del ensueño y mágicas brujerías,
sonrientes permutaban voces de exclamación,
disfraces coloridos curten las virguerías,
uniéndose amistosos bailan con emoción.
Lloviendo en tempestades música de aguaceros,
se juegan la jornada niños que se alimentan
de historias disfrazadas que oyen muy concentrados.
La casa los cobija, el manto haciendo pucheros,
escucha con sorpresa fábulas que contentan
y emergen infantiles hálitos desbocados.
Dvaldés
La lluvia modelaba gris de sureños días,
cayendo a goterones risas y entretención,
los juegos invernales visten con alegrías,
humilde la casita explota en febril canción.
Castillo del ensueño y mágicas brujerías,
sonrientes permutaban voces de exclamación,
disfraces coloridos curten las virguerías,
uniéndose amistosos bailan con emoción.
Lloviendo en tempestades música de aguaceros,
se juegan la jornada niños que se alimentan
de historias disfrazadas que oyen muy concentrados.
La casa los cobija, el manto haciendo pucheros,
escucha con sorpresa fábulas que contentan
y emergen infantiles hálitos desbocados.
Dvaldés