Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
<font size="4"><span style="font-family: arial narrow"><strong>[video=youtube;FXtNYT7Sca0]http://www.youtube.com/watch?v=FXtNYT7Sca0&feature=related[/video]
Palidez pareciera flotar
en la túnica lúgubre del cuarto,
iris y fotocopias de días ahorcados
dibujados en hollín sobre las cavernas
de tus ojos, las pestañas mudaron,
emigraron del rostro vencido ambarino
en las alas de tus cejas, buscando el calor.
Vetustos muebles enmarcando
el corsé de dolor oscuro ceñido
en tu famélico cuerpo liviano.
Encendiste la plata de los candelabros
faltos de resina, y de árboles vivos,
la parafina derretida sobre la telaraña.
Hizo la escultura perfecta del tiempo
raptado por la oscura silueta de soledad.
Entonces escribiste a las carabelas
tiradas por negros tifones de tormento.
Le hiciste un masaje de oliva con tus venas
al filo de una oxidada tijera,
y tu otra mano se ciñó hasta clavar sus uñas
sobre la palma negando amistad a lo real.
Le mordiste los vértices al cuarto
Tratando que sea redondo el mundo
de cuatro por cuatro.
Lo llenaste de mares en llanto y sudor de rezos,
No hay espejos se los tragó la arena
y la furia del cemento, de la muda piedra nada.
Pero puedes mirar tu reflejo hostil, en la pared.
Puedes hacerte un piercing con los candados
que la muerte dejo caer en el camastro.
Ni siquiera hay veneno en la nevera,
Ni bocas dentadas de víboras para
hacerte una acupuntura de vida.
Degustar la tierra te hace pensar en días
de lluvia, en la humedad de las corolas
que has matado para que no lastimen su color.
Un jardín de telarañas y saliva para fabricarte
lágrimas bufones para que animen tu circo
de tristes telones y títeres holgazanes tirados
por cucarachas e hilos de musgos trepadores.
Un ángel se acercó a ti, mientras dormías,
torpe con sus alas tiró el reloj y sin querer,
lo detuvo, no pregunto si era la hora justa,
solo dejó ahogar sus agujas en la paraplejia
nunca te pregunto si era tu mejor lugar,
solo guardó en el poema tu suspiro y lo firmó
en la parte libre del recipiente de tus pastillas...
SOPOR!
Palidez pareciera flotar
en la túnica lúgubre del cuarto,
iris y fotocopias de días ahorcados
dibujados en hollín sobre las cavernas
de tus ojos, las pestañas mudaron,
emigraron del rostro vencido ambarino
en las alas de tus cejas, buscando el calor.
Vetustos muebles enmarcando
el corsé de dolor oscuro ceñido
en tu famélico cuerpo liviano.
Encendiste la plata de los candelabros
faltos de resina, y de árboles vivos,
la parafina derretida sobre la telaraña.
Hizo la escultura perfecta del tiempo
raptado por la oscura silueta de soledad.
Entonces escribiste a las carabelas
tiradas por negros tifones de tormento.
Le hiciste un masaje de oliva con tus venas
al filo de una oxidada tijera,
y tu otra mano se ciñó hasta clavar sus uñas
sobre la palma negando amistad a lo real.
Le mordiste los vértices al cuarto
Tratando que sea redondo el mundo
de cuatro por cuatro.
Lo llenaste de mares en llanto y sudor de rezos,
No hay espejos se los tragó la arena
y la furia del cemento, de la muda piedra nada.
Pero puedes mirar tu reflejo hostil, en la pared.
Puedes hacerte un piercing con los candados
que la muerte dejo caer en el camastro.
Ni siquiera hay veneno en la nevera,
Ni bocas dentadas de víboras para
hacerte una acupuntura de vida.
Degustar la tierra te hace pensar en días
de lluvia, en la humedad de las corolas
que has matado para que no lastimen su color.
Un jardín de telarañas y saliva para fabricarte
lágrimas bufones para que animen tu circo
de tristes telones y títeres holgazanes tirados
por cucarachas e hilos de musgos trepadores.
Un ángel se acercó a ti, mientras dormías,
torpe con sus alas tiró el reloj y sin querer,
lo detuvo, no pregunto si era la hora justa,
solo dejó ahogar sus agujas en la paraplejia
nunca te pregunto si era tu mejor lugar,
solo guardó en el poema tu suspiro y lo firmó
en la parte libre del recipiente de tus pastillas...
SOPOR!