Sola.
Afuera en la vereda duerme bajo cartones,
otra noche de julio que se pasa de largo.
Solo.
Aquel joven valiente que mira al horizonte,
y vuelve en la mañana con los ojos pintados, y el mundo lo señala.
Sola.
Una señora un poco más allá de bastón blanco,
espera diez minutos para cruzar en el semáforo.
Solo.
Ese señor canoso pálido y frío
rodeado de tristezas y de flores,
adentro de una caja de madera.
Soles.
Cada historia un latido, un brillo,
apenas un efímero destello
en medio de la sombra infinita.
Afuera en la vereda duerme bajo cartones,
otra noche de julio que se pasa de largo.
Solo.
Aquel joven valiente que mira al horizonte,
y vuelve en la mañana con los ojos pintados, y el mundo lo señala.
Sola.
Una señora un poco más allá de bastón blanco,
espera diez minutos para cruzar en el semáforo.
Solo.
Ese señor canoso pálido y frío
rodeado de tristezas y de flores,
adentro de una caja de madera.
Soles.
Cada historia un latido, un brillo,
apenas un efímero destello
en medio de la sombra infinita.
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