¿Cuál será la simiente
de esta nostalgia invicta?
Aquella niña inocencia.
Aquellos cabellos claros.
Aquellas tardes de enero.
La soledad transitando
diversas calles de guerra.
Hemos velado juntos
en las dulces trincheras del deseo,
y siempre estuvimos solos.
Compartiendo soledades.
Compitiendo algún rasguño.
Quizá nunca estuvimos
a la altura de un nosotros
y es vana la despedida.
Es extraño a veces pretender
regresar al sueño en el que estabas,
y deambular noctámbulo y cansino
por aquellos tristes versos del fracaso.
La espina que moldeamos sin saberlo.
Tanto nos quisimos. ¡Tanto!
Que nunca pudimos despedirnos,
ni desterrar nuestras pieles de ese fuego.
Hoy ya no quedan portales en la senda
que aguarden la llegada a nuestro lecho.
Sólo quedó la sal de esa herida maltrecha.
La impotencia de que nunca pasó lo que soñamos.
Tres tristes flores secas.
Unas cuantas fotos amarillas.
Y algún otoño que recordar.
de esta nostalgia invicta?
Aquella niña inocencia.
Aquellos cabellos claros.
Aquellas tardes de enero.
La soledad transitando
diversas calles de guerra.
Hemos velado juntos
en las dulces trincheras del deseo,
y siempre estuvimos solos.
Compartiendo soledades.
Compitiendo algún rasguño.
Quizá nunca estuvimos
a la altura de un nosotros
y es vana la despedida.
Es extraño a veces pretender
regresar al sueño en el que estabas,
y deambular noctámbulo y cansino
por aquellos tristes versos del fracaso.
La espina que moldeamos sin saberlo.
Tanto nos quisimos. ¡Tanto!
Que nunca pudimos despedirnos,
ni desterrar nuestras pieles de ese fuego.
Hoy ya no quedan portales en la senda
que aguarden la llegada a nuestro lecho.
Sólo quedó la sal de esa herida maltrecha.
La impotencia de que nunca pasó lo que soñamos.
Tres tristes flores secas.
Unas cuantas fotos amarillas.
Y algún otoño que recordar.
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