María Rentería
Luna en Acuario.
Resuelta se levantó y abrió su alcancía, sacó lo que tenía en el monedero y buscó en el pantalón encontrando unas cuantas monedas. No era mucho dinero, ciertamente. Con el dinero en mano, salió sin avisar a donde iba y se dirigió a la tienda más cercana que era una papelería. Compró dos lápices, dos bolígrafos, un sacapuntas y dos gomas para borrar. Todos objetos pequeños, pero muy útiles. También compró siete chocolates baratos, uno para cada miembro de la familia, incluyéndose. Y papel de china. Regresó a casa y entró con cuidado para no ser vista. Delicadamente envolvió cada objeto y al terminar los guardó para que nadie los viera. Y luego escribió la carta, guardándola en un sobre reciclado que tenía por ahí.
Llegó la hora de acostarse y fingió dormir. Evitar el sueño no fue difícil porque el proyecto le producía mucha emoción. Cuando le pareció que todos estaban dormidos, se levantó sigilosamente de la cama. Zapato y regalos en mano se dirigió a la puerta de su cuarto, abriéndola despacito para no despertar a nadie. Poco a poco fue cruzando los cuartos oyendo la tranquila respiración de los demás, y uno que otro ronquido que casi le causa una carcajada delatora. ¡Dios! ¡Qué grande era la casa de la abuela! ¡Y qué piso de duela más ruidoso! Después de lo que le pareció una eternidad, llegó al comedor donde tradicionalmente su papá ponía el nacimiento cada año, sobre el trinchador. Cuidadosamente acomodó los regalos. Su lápiz y su chocolate en su zapato, y los demás con un papelito con el nombre de cada quien, puesto que no había más zapatos. Y la carta la colocó junto al portal de Belén.
Desandando el camino silenciosamente, llegó a su cama y se durmió como un bebé sintiendo que su misión estaba cumplida. Como se desveló, se despertó después de los demás y gracias al ruido que hacían. De pronto recordó todo y se levantó saltando como resorte, corriendo al comedor, donde ya estaba la familia reunida. -"Bueno..." -dijo su mamá-. "Parece que después de todo sí llegaron los reyes. Y nos dejaron una carta, por cierto".- Abriendo el sobre, la mamá leyó la carta.
"Queridos todos:
Nos apena muchísimo la falta de fe y de espíritu navideño que han demostrado en esta víspera de Reyes. No es el valor del regalo lo importante, sino el símbolo: los regalos recuerdan el oro, el incienso y la mirra que le llevamos a Nuestro Señor Niño, que a su vez también son símbolos de su ser rey, Dios y hombre verdadero. Pero más que nada, los regalos simbolizan todos los dones y beneficios que nos ha traído Dios al encarnarse y salvarnos. Así que, no se trata de poner en el zapato algo muy costoso. Bien puede ser un pequeño objeto realizado por ustedes mismos, o algo tan pequeño como lo que les hemos dejado, pero que son recuerdo del gran amor de Dios por nosotros.
Así que, en adelante, no queremos volver a saber que no pondrán su zapato en el nacimiento a fin de recibir sus regalos.
Atentamente,
Melchor, Gaspar y Baltazar"
Después de escuchar esto, todos se felicitaron por la llegada de los reyes. La más pequeña de la casa, quien fue artífice de todo este elaborado plan, sintió que su corazón ardía de puro gozo dentro de su pecho. Fue para ella una experiencia maravillosa. Por la noche, todos se sentaron a comer rosca con chocolate, porque después de todo, para eso sí había alcanzado.Melchor, Gaspar y Baltazar"
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