Martín Renán
Poeta adicto al portal
Danos el hogar a todos
en la mesa;
el sermón
montaña abajo
tiene en herencia a quien
fue prójimo
en persignación.
Sobre el hambre es demás pedir un milagro.
Entonces,
no vayas al mendigo después de soñar
calle a calle.
Deja la multitud de pie como sacrificio,
porque tu cruz
como un sucio maniquí
está lleno de culpas
Quemado el oro del mundo no te resignes
los muertos llevan el miedo
a los crematorios
dejando cementerios en tu corazón.
Los vivos tienden a morir
después
de las 3 de la tarde.
No me olvido,
desde un cielo mezquino
otro ídolo y el edén
vomitando al que conoce mejor.
Quita al predicador, el perdón.
No te salves, esta vez.
en la mesa;
el sermón
montaña abajo
tiene en herencia a quien
fue prójimo
en persignación.
Sobre el hambre es demás pedir un milagro.
Entonces,
no vayas al mendigo después de soñar
calle a calle.
Deja la multitud de pie como sacrificio,
porque tu cruz
como un sucio maniquí
está lleno de culpas
Quemado el oro del mundo no te resignes
los muertos llevan el miedo
a los crematorios
dejando cementerios en tu corazón.
Los vivos tienden a morir
después
de las 3 de la tarde.
No me olvido,
desde un cielo mezquino
otro ídolo y el edén
vomitando al que conoce mejor.
Quita al predicador, el perdón.
No te salves, esta vez.