Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
<font size="3"><strong><span style="font-family: book antiqua"><font color="#2F4F4F">[video=youtube;8mMP6ZqOPYM]http://www.youtube.com/watch?v=8mMP6ZqOPYM&feature=related[/video]
Miradas extraviadas
Los ojos fenecieron precipitados
pero no encontraron cobija
en la sementera, no serán sembrados.
Solo fueron el clavo y la madera
En el afiche del más buscado.
(Recompensa: ¡quedar varado en el pasado!).
Todas las lanza clavadas,
danzando en menoscabo,
Todos los huesos gritando amor,
dislocados.
Todas las municiones vestidas de carne
No sé quién disparó primero…
Pero sé quién reirá último.
El humo del silencio acidulado
hospedándose clandestino en el aire;
La falaz trinchera alfombrada
De escombros embarrado de argucia,
el llanto de fotos gastadas;
el ocaso matando por la espalda,
tras esta retirada…
Manos entumecidas vendimiadas
por la incertidumbre, desesperadas.
La bandera abatida sobre el campo,
transpirando cobardía,
dentellada por la derrota y el orgullo.
Ramilletes de flores sin pétalos
de espinas paralizadas,
me llevo en la mochila de todos
tus días derrochados.
En la cantimplora…
La sed de amor que nuca saciaste,
Si la ensuciaste,
justo al último momento
de un pestañeo ya olvidado.
En el candelabro del último poema.
En ese preciso momento,
que despeñó la gota de tinta equivocada,
Tu boca intoxicada
apagando todas las velas.
Miradas extraviadas
Los ojos fenecieron precipitados
pero no encontraron cobija
en la sementera, no serán sembrados.
Solo fueron el clavo y la madera
En el afiche del más buscado.
(Recompensa: ¡quedar varado en el pasado!).
Todas las lanza clavadas,
danzando en menoscabo,
Todos los huesos gritando amor,
dislocados.
Todas las municiones vestidas de carne
No sé quién disparó primero…
Pero sé quién reirá último.
El humo del silencio acidulado
hospedándose clandestino en el aire;
La falaz trinchera alfombrada
De escombros embarrado de argucia,
el llanto de fotos gastadas;
el ocaso matando por la espalda,
tras esta retirada…
Manos entumecidas vendimiadas
por la incertidumbre, desesperadas.
La bandera abatida sobre el campo,
transpirando cobardía,
dentellada por la derrota y el orgullo.
Ramilletes de flores sin pétalos
de espinas paralizadas,
me llevo en la mochila de todos
tus días derrochados.
En la cantimplora…
La sed de amor que nuca saciaste,
Si la ensuciaste,
justo al último momento
de un pestañeo ya olvidado.
En el candelabro del último poema.
En ese preciso momento,
que despeñó la gota de tinta equivocada,
Tu boca intoxicada
apagando todas las velas.
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