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Rendición

Luzibell Ferreyra

Poeta recién llegado

Estos pies llagados en la carrera
sucios y sangrados por las piedras,
plantan hoy sus raíces a la tierra.

Y se me entumen los huesos,
la piel se me despelleja,
las cuitas me exprimen por dentro.

Surcos del tiempo agrietan mi corteza;
sólo resuena el eco, de mi corazón de madera.

Este rostro por los mounstros carcomido,
es el recuerdo ciñéndome los gestos,
palpitando hasta el último latido,
con mis fatigados restos;
pero ahora el crepúsculo me espera,
a la orilla de un horizonte infinito.

Porque moriré de pie,
con los brazos extendidos,
mirando al cielo abierto
y a este mundo herido,
morir...
mientras el sol se va quedando dormido.
 
Última edición:
Estos pies llagados en la carrera
sucios y sangrados por las piedras,
plantan hoy sus raíces a la tierra.

Y se me entumen los huesos,
la piel se me despelleja,
las cuitas me exprimen por dentro.

Surcos del tiempo agrietan mi corteza;
sólo resuena el eco, de mi corazón de madera.

Este rostro por los mounstros carcomido,
es el recuerdo ciñéndome los gestos,
palpitando hasta el último latido,
con mis fatigados restos;
pero ahora el crepúsculo me espera,
a la orilla de un horizonte infinito.

Porque moriré de pie,
con los brazos extendidos,
mirando al cielo abierto
y a este mundo herido,
morir...
mientras el sol se va quedando dormido.
Excelente poema, un abrazo con la pluma del alma
Y se me entumen los huesos,
la piel se me despelleja,
las cuitas me exprimen por dentro.

Surcos del tiempo agrietan mi corteza;
sólo resuena el eco, de mi corazón de madera.
 
La inmovilidad de la tierra asfixiante
que sostiene ahogando las alas
enclavadas invertidas rechazando al viento.
Cediendo la libertad del cielo
por la consistencia suficiente
y necesaria
para resistir las ternuras de las brisas
a las intensidades agobiadas y estimulantes
de las tormentas.

El ruego de un lobo a la luna
pone telón a los pensamientos.

Una obra arbórea existencial para saborear.
 
La inmovilidad de la tierra asfixiante
que sostiene ahogando las alas
enclavadas invertidas rechazando al viento.
Cediendo la libertad del cielo
por la consistencia suficiente
y necesaria
para resistir las ternuras de las brisas
a las intensidades agobiadas y estimulantes
de las tormentas.

El ruego de un lobo a la luna
pone telón a los pensamientos.

Una obra arbórea existencial para saborear.


Arbórea, terrosa, tenebrosa a veces.
Gracias Dragón por pasearte por mis letras y dejar tan bello aporte de comentario, que huele a petricor.
 
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