demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Sobre la mesa un cadáver blanquecino,
en el más opaco y tibio verano,
de la mesa tendida, caía su mano,
yo lo contemplaba, remolón y peregrino.
El cuerpo estaba cubierto por una túnica,
bajo ella, una multitud de incertidumbre,
que yo tocaba con lamento y pesadumbre,
en aquella tarde tan triste y tan única.
Su mirada era nula y lechosa,
su rostro ya no respiraba,
su corazón no palpitaba,
era la tarde triste y cadenciosa.
Pero yo tenía una leve suposición,
sobre la silueta pálida
que podría ser válida,
en aquella tarde en la sala de disección.
De pronto que se acerca la doctora,
y sin preguntarme destapó el cuerpo,
mi sospecha estaba en lo cierto,
!Como recuerdo, aquella infeliz hora!
Me acerqué angustiado al inerte contorno,
y llorando le dije a la doctora:- sí,
es el cuerpo que busco el que ves aquí,
es este mi cadáver, y es mi vida sin retorno-.
en el más opaco y tibio verano,
de la mesa tendida, caía su mano,
yo lo contemplaba, remolón y peregrino.
El cuerpo estaba cubierto por una túnica,
bajo ella, una multitud de incertidumbre,
que yo tocaba con lamento y pesadumbre,
en aquella tarde tan triste y tan única.
Su mirada era nula y lechosa,
su rostro ya no respiraba,
su corazón no palpitaba,
era la tarde triste y cadenciosa.
Pero yo tenía una leve suposición,
sobre la silueta pálida
que podría ser válida,
en aquella tarde en la sala de disección.
De pronto que se acerca la doctora,
y sin preguntarme destapó el cuerpo,
mi sospecha estaba en lo cierto,
!Como recuerdo, aquella infeliz hora!
Me acerqué angustiado al inerte contorno,
y llorando le dije a la doctora:- sí,
es el cuerpo que busco el que ves aquí,
es este mi cadáver, y es mi vida sin retorno-.