Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
morena en sangre.
Lo siguiente eran las convulsiones,
la literatura o el sopitipando.
¿De dónde provino el sopetón entonces?
Del latín subitus desde luego.
Para ser más claro
fue como si el volcán Tajumulco
hubiera bostezado.
De rabia o de aburrimiento.
De fatigosa minería.
De obscenidad acumulada y orificio.
Entonces salté. O caí por la rendija.
Ahora que lo cuento me río pero en su momento...
La sensación es de pulga con anemia.
Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
quemada en sangre.
¿Alguien recuerda el nombre
de aquella princesa fenicia
que fuera devorada por perros?
Yo tampoco.
Atareado como estoy
con el despoblamiento del campo
visual y magnético.
O en juntar firmas
para que por fin los vecinos
accedan a expulsarme.
Apenas tengo tiempo de regar
los líbanos del cedro.
¿Quién lanzó esa piedra
al hoyo de las jitanjáforas?
Solo espero ser golpeado.
Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
refinada en sangre.
Mi rostro contra el suelo
había formado un pequeño charco.
¡Por dios qué amarga es la saliva
del sanpedro!
Con todo, su flema es un estuario
para el iniciado.
Ahora entré en la duda.
¿Se llamaba Jezabel o Europa?
Llámale bocanada, donaire, estímulo:
no voy a suicidarme.
El pasto de por si
ya es asfixiante.
los valores de azúcar
morena en sangre.
Lo siguiente eran las convulsiones,
la literatura o el sopitipando.
¿De dónde provino el sopetón entonces?
Del latín subitus desde luego.
Para ser más claro
fue como si el volcán Tajumulco
hubiera bostezado.
De rabia o de aburrimiento.
De fatigosa minería.
De obscenidad acumulada y orificio.
Entonces salté. O caí por la rendija.
Ahora que lo cuento me río pero en su momento...
La sensación es de pulga con anemia.
Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
quemada en sangre.
¿Alguien recuerda el nombre
de aquella princesa fenicia
que fuera devorada por perros?
Yo tampoco.
Atareado como estoy
con el despoblamiento del campo
visual y magnético.
O en juntar firmas
para que por fin los vecinos
accedan a expulsarme.
Apenas tengo tiempo de regar
los líbanos del cedro.
¿Quién lanzó esa piedra
al hoyo de las jitanjáforas?
Solo espero ser golpeado.
Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
refinada en sangre.
Mi rostro contra el suelo
había formado un pequeño charco.
¡Por dios qué amarga es la saliva
del sanpedro!
Con todo, su flema es un estuario
para el iniciado.
Ahora entré en la duda.
¿Se llamaba Jezabel o Europa?
Llámale bocanada, donaire, estímulo:
no voy a suicidarme.
El pasto de por si
ya es asfixiante.
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