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Relatos de palidez

Riolita

Poeta adicto al portal
Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
morena en sangre.

Lo siguiente eran las convulsiones,
la literatura o el sopitipando.

¿De dónde provino el sopetón entonces?
Del latín subitus desde luego.

Para ser más claro
fue como si el volcán Tajumulco
hubiera bostezado.
De rabia o de aburrimiento.
De fatigosa minería.
De obscenidad acumulada y orificio.

Entonces salté. O caí por la rendija.
Ahora que lo cuento me río pero en su momento...

La sensación es de pulga con anemia.

Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
quemada en sangre.

¿Alguien recuerda el nombre
de aquella princesa fenicia
que fuera devorada por perros?
Yo tampoco.

Atareado como estoy
con el despoblamiento del campo
visual y magnético.

O en juntar firmas
para que por fin los vecinos
accedan a expulsarme.

Apenas tengo tiempo de regar
los líbanos del cedro.

¿Quién lanzó esa piedra
al hoyo de las jitanjáforas?
Solo espero ser golpeado.

Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
refinada en sangre.
Mi rostro contra el suelo
había formado un pequeño charco.

¡Por dios qué amarga es la saliva
del sanpedro!
Con todo, su flema es un estuario
para el iniciado.

Ahora entré en la duda.
¿Se llamaba Jezabel o Europa?

Llámale bocanada, donaire, estímulo:
no voy a suicidarme.

El pasto de por si
ya es asfixiante.
 
Última edición:
Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
morena en sangre.

Entonces sobrevino el sopitipando.

¿De dónde nacerá este sopetón?
Del latín subitus desde luego.

Para ser más claro
fue como si el volcán Tajumulco
hubiera bostezado.
De rabia o de aburrimiento.
De obscenidad acumulada y orificio.

Entonces salté. O caí.
Ahora no importa.

La sensación es de pulga con anemia.

Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
quemada en sangre.

¿Alguien recuerda el nombre
de aquella princesa fenicia
que fuera devorada por perros?
Yo tampoco.

Atareado como estoy
con el despoblamiento
del campo visual
y en juntar firmas
para ser fulminado.

Apenas tengo tiempo de regar
los líbanos del cedro.

¿Quién lanzó esa piedra
al hoyo de las jitanjáforas?
Solo espero ser golpeado.

Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
refinada en sangre.
Mi rostro contra el suelo
había formado un pequeño charco.

¡Por dios qué amarga es la saliva
del sanpedrito!
Con todo, su flema es un estuario
para el iniciado.

Solo tengo una pregunta.
¿Se llamaba Jezabel o Europa?
Muy descriptivo y entusiasta.
Me gustaron estas líneas.

Saludos
 
Me mandaste directo al diccionario para saber que el tal sopitipando no es más que el repentino patatus que nos pone cerca del portal donde la calaca define de que nos vamos. Y de si es Jezabel o es Europa las dos fornican inventando trampas para seducir incautos. Bueno eso creo. Me gusto que entre un toque comico y trágico no le temes a los bajones de azúcar refinada. Saludos amigo, celebro tu brillante creatividad.
 
Última edición:
Me mandaste directo al diccionario para saber que el tal sopitipando no es más que el repentino patatus que nos pone cerca del portal donde la calaca define de que nos vamos. Y de si es Jezabel o es Europa las dos fornican inventando trampas para seducir incautos. Bueno eso creo. Me gusto que entre un toque comico y trágico no le temes a los bajones de azúcar refinada. Saludos amigo, celebro tu brillante creatividad.
Gracias amigo. Sí, es una palabra que tomé prestada del mismísimo desuso.
Jezabel y Europa, qué muchachitas no?
Es fácil imaginarlas hermosas y conflictivas.
Un abrazo Daniel.
 
Última edición:
Miguel, honor y pico me hace tu visita.
Un abrazo desde Uruguay.

P.d: no creo haber introducido neologismo alguno.
Lo destaco como una humildad de tu parte. Y de tu arte.
Gran saludo.
 
Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
morena en sangre.

Lo siguiente eran las convulsiones,
la literatura o el sopitipando.

¿De dónde provino el sopetón entonces?
Del latín subitus desde luego.

Para ser más claro
fue como si el volcán Tajumulco
hubiera bostezado.
De rabia o de aburrimiento.
De fatigosa minería.
De obscenidad acumulada y orificio.

Entonces salté. O caí por la rendija.
Ahora que lo cuento me río pero en su momento...

La sensación es de pulga con anemia.

Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
quemada en sangre.

¿Alguien recuerda el nombre
de aquella princesa fenicia
que fuera devorada por perros?
Yo tampoco.

Atareado como estoy
con el despoblamiento del campo
visual y magnético.

O en juntar firmas
para que por fin los vecinos
accedan a expulsarme.

Apenas tengo tiempo de regar
los líbanos del cedro.

¿Quién lanzó esa piedra
al hoyo de las jitanjáforas?
Solo espero ser golpeado.

Nada nuevo: tenía por el piso
los valores de azúcar
refinada en sangre.
Mi rostro contra el suelo
había formado un pequeño charco.

¡Por dios qué amarga es la saliva
del sanpedro!
Con todo, su flema es un estuario
para el iniciado.

Ahora entré en la duda.
¿Se llamaba Jezabel o Europa?

Llámale bocanada, donaire, estímulo:
no voy a suicidarme.

El pasto es asfixiante.
¿Cómo, el azúcar?, con lo dulce que es que problemas produce. Hasta escribes surrealismo. Cuídate. Me encanta leerte.
 
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