danie
solo un pensamiento...
Se acicalan aquellas frenéticas lisonjas
que dejan menguando al cortejo de los besos;
el vestido de novia sale del closet para vestirse de gala
en la fiesta del penetrante aliento;
un hálito de besos húmedos
se maquillan con los cosméticos de los muros
y las habitaciones
de una casa detenida en el tiempo
Una azul sinfonía toca el acorde de la cómoda y la cama,
de los pijamas, de las sábanas,
de las ventanas que con sus siluetas de roces
alumbran la noche.
Una melodía, rociada con la estival pasión,
prevalece en las alcobas lavadas,
planchadas y guardadas,
dentro de un viejo cajón.
Un cajón que abro con los sueños
de la médula palpitante,
para que me embriague con el rubor añejo
del retrato de tu sexo
y me duerma en tus estepas aseadas
por las antiguas caricias de mis dedos,
para que me narcotice con el borgoña tinto
sediento de tus celestes venas,
y así deambule por los pasajes de la mente
con la adicción de tu blanquecino recuerdo.
Imágenes predominantes de la luna de miel
que desde entonces se vistió de arroz
y se guardó por siempre debajo del tapete marchito
que dejó tu lágrima y su enmudecido adiós.
que dejan menguando al cortejo de los besos;
el vestido de novia sale del closet para vestirse de gala
en la fiesta del penetrante aliento;
un hálito de besos húmedos
se maquillan con los cosméticos de los muros
y las habitaciones
de una casa detenida en el tiempo
Una azul sinfonía toca el acorde de la cómoda y la cama,
de los pijamas, de las sábanas,
de las ventanas que con sus siluetas de roces
alumbran la noche.
Una melodía, rociada con la estival pasión,
prevalece en las alcobas lavadas,
planchadas y guardadas,
dentro de un viejo cajón.
Un cajón que abro con los sueños
de la médula palpitante,
para que me embriague con el rubor añejo
del retrato de tu sexo
y me duerma en tus estepas aseadas
por las antiguas caricias de mis dedos,
para que me narcotice con el borgoña tinto
sediento de tus celestes venas,
y así deambule por los pasajes de la mente
con la adicción de tu blanquecino recuerdo.
Imágenes predominantes de la luna de miel
que desde entonces se vistió de arroz
y se guardó por siempre debajo del tapete marchito
que dejó tu lágrima y su enmudecido adiós.