Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Que sonrías cuando yo sonrío,
no me dice nada, mi amor.
De la caricia, descomunal vorágine,
ósculos como soles que contemplan
la raíz de su propia extinción...
Y mientras se renuevan grafemas, primaveras en la piel,
odre, de Leteo y Miel.
Sí, lo sabes:
Que al borde de la hoja
y su ilegible discontinuidad,
no existió nunca un salvoconducto.
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