elpaisdenuncajamas77
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me gustaba cuando llegaba embadurnada en perfume, una colonia con olor fresco, aún a veces creo respirarlo, cuándo hacíamos las tareas del colegio juntos, ella era muy lista y siempre me ayudaba, cuándo veíamos la tele, y me encantaba cuando jugábamos a hacernos cosquillas, ¡Como se reía! Yo a veces le tocaba el culo o las tetas, aún no entendía mucho de aquello, pero comparando con las de mis tías aquellas eran realmente grandes. Cuando las tocaba ella me regañaba ¡Pero mira que eres atrevido! Y después se reía porque en el fondo la gustaba.
Aquella noche como mis padres no estaban ella dormía en mi casa, cuando esto sucedía ella siempre se quedaba viendo la tele un rato, y después se acostaba en otra habitación para no despertarme, pero yo siempre iba a ese cuarto porque me encantaba dormir a su lado, oler su perfume.
Aquella noche escuche ruidos en la habitación, cuando fui ella jugaba con otro chico mas mayor, era parecido a cuando nos hacíamos cosquillas pero en vez de reír gritaban y estaban desnudos. ¡Conmigo nunca jugo así!.
Pedí consejo a mi madre, y poco después, el día de mi cumple, mi madre trajo una nueva amiga. Pero no olía igual ni era tan guapa, intente convencer a mi madre de su error, pero ella se escandalizaba, y yo insistía...
Al fin y al cabo solo era un meón de cinco años que -mentí- se había cabreado porque su niñera le había castigado.
Aquella noche como mis padres no estaban ella dormía en mi casa, cuando esto sucedía ella siempre se quedaba viendo la tele un rato, y después se acostaba en otra habitación para no despertarme, pero yo siempre iba a ese cuarto porque me encantaba dormir a su lado, oler su perfume.
Aquella noche escuche ruidos en la habitación, cuando fui ella jugaba con otro chico mas mayor, era parecido a cuando nos hacíamos cosquillas pero en vez de reír gritaban y estaban desnudos. ¡Conmigo nunca jugo así!.
Pedí consejo a mi madre, y poco después, el día de mi cumple, mi madre trajo una nueva amiga. Pero no olía igual ni era tan guapa, intente convencer a mi madre de su error, pero ella se escandalizaba, y yo insistía...
Al fin y al cabo solo era un meón de cinco años que -mentí- se había cabreado porque su niñera le había castigado.