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Parte de un Dios que arde

Évano

Libre, sin dioses.
Piensa el ermitaño en el infierno
crear la puerta que le abra el cielo.
Es hormiga que medita en el desierto,
en iglú de arena diminuta
que cada noche trasporta grano a grano
por aristas que descienden cada día
a dunas más lejanas todavía;
más allá del abismo de uno mismo;
allí, donde ya no somos,
ni tan sólo el eco de un aliento,
donde no es siquiera un segundo
dentro del tiempo infinito.
Piensa que la soledad es el camino
y es, simplemente, otra meta
de tantas que habitan el destino.
No hay más final que el de uno mismo,
ni cielo, ni averno.
Sólo somos un sueño
que cada noche despierta;
parte de un Dios que arde,
haz de luz de un sol que navega
por los sótanos del infierno.
Somos la estela encadenada
a un cometa de hielo y de silencio
que viaja hacia estrellas de universo
en un oscurecer que conquistamos.
Porque es nuestro sueño, y nuestra noche,
ese universo al que volvemos sin los ojos.
 
Poema amigo estimado
de una admirable originalidad
que se adentra en la mente
por las rendijas que abre las puertas
hacia lo fantástico y maravilloso.
ha sido un placer leerte, un abrazo.
 
Excelentes imágenes para adentrarse en una reflexión personal profunda sobre la existencia. Mis aplausos, amigo. Me ha gustado mucho.

Sólo somos un sueño
que cada noche despierta;
parte de un Dios que arde,
haz de luz de un sol que navega
por los sótanos del infierno.
Somos la estela encadenada
a un cometa de hielo y de silencio
que viaja hacia estrellas de universo
en un oscurecer que conquistamos.
Porque es nuestro sueño, y nuestra noche,
ese universo al que volvemos sin los ojos.
 
Creo que un sueño vive en tus ojos porque todo en derredor te habla y parece que el infinito se vuelve efímero y todo pasa y después parece eterno cuando al despertar se sueña.
Mi muy admirado Sr Ëvano, dejo un abrazo en algún sueño y dos más en algún cometa!
 
Évano;4734832 dijo:
Piensa el ermitaño en el infierno
crear la puerta que le abra el cielo.
Es hormiga que medita en el desierto,
en iglú de arena diminuta
que cada noche trasporta grano a grano
por aristas que descienden cada día
a dunas más lejanas todavía;
más allá del abismo de uno mismo;
allí, donde ya no somos,
ni tan sólo el eco de un aliento,
donde no es siquiera un segundo
dentro del tiempo infinito.
Piensa que la soledad es el camino
y es, simplemente, otra meta
de tantas que habitan el destino.
No hay más final que el de uno mismo,
ni cielo, ni averno.
Sólo somos un sueño
que cada noche despierta;
parte de un Dios que arde,
haz de luz de un sol que navega
por los sótanos del infierno.
Somos la estela encadenada
a un cometa de hielo y de silencio
que viaja hacia estrellas de universo
en un oscurecer que conquistamos.
Porque es nuestro sueño, y nuestra noche,
ese universo al que volvemos sin los ojos.

no juegues con juego jejeje besos
 
Poema de serias implicaciones. Original en el planteamiento. Personal en las resoluciones que se dan. No obstante los creyentes esperamos la posibilidad de encontrarnos un día con el Creador. No sé, pues no soy docto en esos temas, si la oración solitaria tiene mucho valor, aunque hay quien dice que sí. Yo prefiero pensar que la entrega a los demás es el mejor camino para llegar a Dios. Aunque cada uno puede poner a su meta el nombre que quiera. Como siempre, es un placer pasar por sus letras. Saludos cordiales.
 
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