Évano
Libre, sin dioses.
Piensa el ermitaño en el infierno
crear la puerta que le abra el cielo.
Es hormiga que medita en el desierto,
en iglú de arena diminuta
que cada noche trasporta grano a grano
por aristas que descienden cada día
a dunas más lejanas todavía;
más allá del abismo de uno mismo;
allí, donde ya no somos,
ni tan sólo el eco de un aliento,
donde no es siquiera un segundo
dentro del tiempo infinito.
Piensa que la soledad es el camino
y es, simplemente, otra meta
de tantas que habitan el destino.
No hay más final que el de uno mismo,
ni cielo, ni averno.
Sólo somos un sueño
que cada noche despierta;
parte de un Dios que arde,
haz de luz de un sol que navega
por los sótanos del infierno.
Somos la estela encadenada
a un cometa de hielo y de silencio
que viaja hacia estrellas de universo
en un oscurecer que conquistamos.
Porque es nuestro sueño, y nuestra noche,
ese universo al que volvemos sin los ojos.
crear la puerta que le abra el cielo.
Es hormiga que medita en el desierto,
en iglú de arena diminuta
que cada noche trasporta grano a grano
por aristas que descienden cada día
a dunas más lejanas todavía;
más allá del abismo de uno mismo;
allí, donde ya no somos,
ni tan sólo el eco de un aliento,
donde no es siquiera un segundo
dentro del tiempo infinito.
Piensa que la soledad es el camino
y es, simplemente, otra meta
de tantas que habitan el destino.
No hay más final que el de uno mismo,
ni cielo, ni averno.
Sólo somos un sueño
que cada noche despierta;
parte de un Dios que arde,
haz de luz de un sol que navega
por los sótanos del infierno.
Somos la estela encadenada
a un cometa de hielo y de silencio
que viaja hacia estrellas de universo
en un oscurecer que conquistamos.
Porque es nuestro sueño, y nuestra noche,
ese universo al que volvemos sin los ojos.