NOCHE EN LISBOA
Las calles son el último espejo del invierno
sobre ellas están muriendo los postreros resplandores del neón
que se disuelve en delicados encajes
Arriba, en su vano orgullo, permanecen encendidas las fachadas
que protegen las falsas intimidades de los hombres
celadas apenas por músicas estridentes y algún licor apropiado
Llega la noche, púdico manto de uniforme claridad no consumada
llega por fin la noche y los coches y las bellas secretarias
se acogen a su misterio, a falta de misterios propios
Qué humana es la ciudad en sus silencios, qué humana
en las líquidas transparencias de la lluvia sobre el asfalto
reblandecidas las crueles rigideces de las líneas sin origen
Apenas se oyen ya los chirridos de los últimos tranvías en Lisboa
haciendo universales sus lánguidos trayectos
Lisboa o San Francisco (California) unidos por esos agudos ecos
O el beodo trastabilleo de las luces de los puentes reflejados en el río
-siempre suele haber un río que refleje las luces de los puentes-
que indolentes alteran el síncrono crepitar de los semáforos
Ciudad borboteante como una herida de guerra
duerme en tu noche inconstante asaeteada por ladridos periféricos
duerme, pobre ciudad mía, yo vigilaré tus puertas abiertas sobre el campo
Ilust.: Georges Grosz
Las calles son el último espejo del invierno
sobre ellas están muriendo los postreros resplandores del neón
que se disuelve en delicados encajes
Arriba, en su vano orgullo, permanecen encendidas las fachadas
que protegen las falsas intimidades de los hombres
celadas apenas por músicas estridentes y algún licor apropiado
Llega la noche, púdico manto de uniforme claridad no consumada
llega por fin la noche y los coches y las bellas secretarias
se acogen a su misterio, a falta de misterios propios
Qué humana es la ciudad en sus silencios, qué humana
en las líquidas transparencias de la lluvia sobre el asfalto
reblandecidas las crueles rigideces de las líneas sin origen
Apenas se oyen ya los chirridos de los últimos tranvías en Lisboa
haciendo universales sus lánguidos trayectos
Lisboa o San Francisco (California) unidos por esos agudos ecos
O el beodo trastabilleo de las luces de los puentes reflejados en el río
-siempre suele haber un río que refleje las luces de los puentes-
que indolentes alteran el síncrono crepitar de los semáforos
Ciudad borboteante como una herida de guerra
duerme en tu noche inconstante asaeteada por ladridos periféricos
duerme, pobre ciudad mía, yo vigilaré tus puertas abiertas sobre el campo
Ilust.: Georges Grosz