• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

No tienen alas

Eratalia

Con rimas y a lo loco
ALAS.jpg





La mañana se despertó calurosa y brillante, como tantas otras de aquel estío, invitando a huir de la ciudad y disfrutar de un día en la playa, con el único objetivo de dejarse acariciar por el radiante sol y gozar de las cálidas aguas del Mediterráneo.
Natalia y José Luis enfilaron la carretera de la costa pertrechados con los mínimos enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar; en menos de una hora habrían llegado a su destino y el resto del día se les figuraba tan placentero que ya lo disfrutaban por anticipado.

Tras estirar sus toallas sobre la arena, se lanzaron al agua.

El sol ardía con toda la furia de que era capaz en el zénit de su esplendor y las aguas tibias les dieron la bienvenida como amables anfitrionas.

Al principio, el mar en calma no hacía presagiar ningún contratiempo y les invitaba a jugar, y a reír, como dos niños felices y despreocupados.
Después Natalia se adentró nadando, y luego, poniéndose de espaldas, se mantuvo flotando con los ojos cerrados sobre la mansa superficie del agua.

Había perdido la noción del tiempo y el espacio cuando un grito la sobresaltó:
-¡Natalia, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!
La voz de José Luis sonaba angustiada.

Natalia abrió los ojos, volviendo a la realidad y observó, estupefacta que la distancia que le separaba de su marido era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarla.

La mujer hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y se repetía a sí misma que todo saldría bien, que sólo era necesario no agotarse luchando contra las olas y no dejarse llevar por el pánico.

La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se le antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas comenzaban a envolverla y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre al que tanto amaba y del que, mentalmente comenzaba a despedirse.
Por un momento pensó que era el final y se sumió en una sentida plegaria mientras su cuerpo, exhausto, decidía sucumbir.

Pero de pronto y como surgidos de la nada, unos fuertes brazos la agarraron y se sintió segura cuando, en cuestión de segundos, sus pies tocaban firmemente la áspera arena del fondo.

José Luis, a su lado, con el agua por la cintura, la abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarla, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

-Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, las olas me impedían avanzar -le susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- y no soy muy bueno nadando…¿estás bien?

Natalia se desasió del abrazo buscando con la vista al hombre que la había rescatado, aquel extraño que la acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo aparente...

-José Luis...¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua? Ni siquiera he podido darle las gracias.
-No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Natalia miró a su alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.
Natalia y José Luis se miraron sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre sus cabezas. Natalia musitó...

-Ahora sabemos que no son como los pintan... los ángeles no tienen alas...

José Luis asintió en silencio y ambos, aún abrazados, emprendieron el camino de vuelta a casa.

Eratalia (2012)
.
 
Última edición:
Muy interesante tu Ángel de la Guarda a lo Mitch Buchanan (no sé como se escribe, así que al bulto).

Pasamos de la tranquilidad al susto, al menos acaba bien.

Abrazos.
 
ALAS.jpg


La mañana se despertó calurosa y brillante, como tantas otras de aquel estío, invitando a huir de la ciudad y disfrutar de un día en la playa, con el único objetivo de dejarse acariciar por el radiante sol y gozar de las cálidas aguas del Mediterráneo.

Enfilamos la carretera de la costa pertechados con los mínimos enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar; en menos de una hora habríamos llegado a nuestro destino y el resto del día se nos antojaba tan placentero que ya nos solazabámos degustándolo por anticipado.

Tras estirar nuestras toallas sobre la arena, nos lanzamos al agua.
El sol ardía con toda la furia de que era capaz en el zénit de su esplendor y las aguas tibias nos dieron la bienvenida como amables anfitrionas, acogiéndonos en su seno, donde, alegres y confiados, retozamos y jugamos entre olas, perdiendo la noción del tiempo.
Yo me adentré nadando, alborozada por el placer que me producía el dejarme ir, con los ojos cerrados, llevada por mis ensoñaciones, sobre la mansa superficie del agua, hasta que un grito me sobresaltó:

─¡Cariño, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!

La voz de mi marido sonaba angustiada.

Abrí los ojos, volviendo a la realidad y observé estupefacta que la distancia que me separaba de él era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarme.
Yo hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y me repetía a mí misma que todo saldría bien, que sólo era necesario no agotarme luchando contra las olas y, sobre todo, no dejarme llevar por el pánico.

La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se me antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas comenzaban a envolverme y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre del que mentalmente comenzaba a despedirme.
Me sumí en una sentida plegaria mientras mi cuerpo, exhausto, decidía sucumbir, cuando, surgidos de la nada, unos fuertes brazos me agarraron y sin saber cómo, en cuestión de segundos, mis pies tocaban firmemente la áspera arena de la playa. Mi marido, a mi lado, me abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarme, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

─Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, -me susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- ¿estás bien?

Me desasí de su abrazo buscando con la vista al hombre que me había rescatado, aquel extraño que me acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo...

─Dime...¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua?

─No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Miré a mi alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.
Ambos nos miramos sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre nuestras cabezas.

─Ahora sabemos que no son como los pintan... los ángeles no tienen alas...

Él asintió en silencio y ambos, aún abrazados, emprendimos el camino de vuelta a casa.

[/QUOTE




/QUOTE]





[



Caramba, Eratalia, me has puesto la carne de gallina, esta tan bien contado que produce una angustia y una inquietud desasosegante, casi parece real.

Me ha gustado que apareciera ese ángel ufff...
Muy bien narrado.
Un abrazo grande.
Isabel
 
Última edición:
Me gusta mucho, como siempre, la forma de describir los ambientes y situaciones. La tranquilidad y la calma preceden a la acción. La historia me gusta, para mí habla de ese sentimiento de pertenencia que lleva a ese ángel desconocido a salvar a otro ser humano o quizá simplemente a otro ser vivo. Muy buen relato.
Abrazos
 
Última edición:
Me gusta mucho, como siempre, la forma de describir los ambientes y situaciones. La tranquilidad y la calma preceden a la acción. La historia me gusta, para mí habla de ese sentimiento de pertenencia que lleva a ese ángel desconocido a salvar a otro ser humano o quizá simplemente a otro ser vivo. Muy buen relato.
Abrazos
No vi que habías pasado por aquí. Se te echa de menos.
Muchas gracias.
Un abrazo.
 
ALAS.jpg





La mañana se despertó calurosa y brillante, como tantas otras de aquel estío, invitando a huir de la ciudad y disfrutar de un día en la playa, con el único objetivo de dejarse acariciar por el radiante sol y gozar de las cálidas aguas del Mediterráneo.
Natalia y José Luis enfilaron la carretera de la costa pertrechados con los mínimos enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar; en menos de una hora habrían llegado a su destino y el resto del día se les figuraba tan placentero que ya lo disfrutaban por anticipado.

Tras estirar sus toallas sobre la arena, se lanzaron al agua.

El sol ardía con toda la furia de que era capaz en el zénit de su esplendor y las aguas tibias les dieron la bienvenida como amables anfitrionas.

Al principio, el mar en calma no hacía presagiar ningún contratiempo y les invitaba a jugar, y a reír, como dos niños felices y despreocupados.
Después Natalia se adentró nadando, y luego, poniéndose de espaldas, se mantuvo flotando con los ojos cerrados sobre la mansa superficie del agua.

Había perdido la noción del tiempo y el espacio cuando un grito la sobresaltó:
-¡Natalia, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!
La voz de José Luis sonaba angustiada.

Natalia abrió los ojos, volviendo a la realidad y observó, estupefacta que la distancia que le separaba de su marido era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarla.

La mujer hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y se repetía a sí misma que todo saldría bien, que sólo era necesario no agotarse luchando contra las olas y no dejarse llevar por el pánico.

La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se le antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas comenzaban a envolverla y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre al que tanto amaba y del que, mentalmente comenzaba a despedirse.
Por un momento pensó que era el final y se sumió en una sentida plegaria mientras su cuerpo, exhausto, decidía sucumbir.

Pero de pronto y como surgidos de la nada, unos fuertes brazos la agarraron y se sintió segura cuando, en cuestión de segundos, sus pies tocaban firmemente la áspera arena del fondo.

José Luis, a su lado, con el agua por la cintura, la abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarla, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

-Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, las olas me impedían avanzar -le susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- y no soy muy bueno nadando…¿estás bien?

Natalia se desasió del abrazo buscando con la vista al hombre que la había rescatado, aquel extraño que la acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo aparente...

-José Luis...¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua? Ni siquiera he podido darle las gracias.
-No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Natalia miró a su alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.
Natalia y José Luis se miraron sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre sus cabezas. Natalia musitó...

-Ahora sabemos que no son como los pintan... los ángeles no tienen alas...

José Luis asintió en silencio y ambos, aún abrazados, emprendieron el camino de vuelta a casa.




clip_image002.jpg

Un relato consistente y con todos los ingredientes que deben llevar estos trabajos : concisión, emoción y desenlace casi en el mismo cuadro.
¡Qué difícil es !
Saludos
 
Un relato consistente y con todos los ingredientes que deben llevar estos trabajos : concisión, emoción y desenlace casi en el mismo cuadro.
¡Qué difícil es !
Saludos
Muchas gracias, Cyrano.
Al rescatarlo he comprobado que, aunque lo publiqué aquí en 2017 lo tenía escrito desde 2012, según consta en mis archivos. Hace unas semanas hice una nueva versión, intentndo limpiarlo de la sobreabundancia de adjetivos y queriendo redondear más la historia. No sé si la he mejorado o la he empeorado; iba a sustituirla pero al final he optado por añadirla debajo. Si tienes un momento para volver a leerla me encantaría saber qué opinas de los cambios.
Gracias.
Saludos cordiales.
 
ALAS.jpg





La mañana se despertó calurosa y brillante, como tantas otras de aquel estío, invitando a huir de la ciudad y disfrutar de un día en la playa, con el único objetivo de dejarse acariciar por el radiante sol y gozar de las cálidas aguas del Mediterráneo.
Natalia y José Luis enfilaron la carretera de la costa pertrechados con los mínimos enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar; en menos de una hora habrían llegado a su destino y el resto del día se les figuraba tan placentero que ya lo disfrutaban por anticipado.

Tras estirar sus toallas sobre la arena, se lanzaron al agua.

El sol ardía con toda la furia de que era capaz en el zénit de su esplendor y las aguas tibias les dieron la bienvenida como amables anfitrionas.

Al principio, el mar en calma no hacía presagiar ningún contratiempo y les invitaba a jugar, y a reír, como dos niños felices y despreocupados.
Después Natalia se adentró nadando, y luego, poniéndose de espaldas, se mantuvo flotando con los ojos cerrados sobre la mansa superficie del agua.

Había perdido la noción del tiempo y el espacio cuando un grito la sobresaltó:
-¡Natalia, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!
La voz de José Luis sonaba angustiada.

Natalia abrió los ojos, volviendo a la realidad y observó, estupefacta que la distancia que le separaba de su marido era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarla.

La mujer hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y se repetía a sí misma que todo saldría bien, que sólo era necesario no agotarse luchando contra las olas y no dejarse llevar por el pánico.

La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se le antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas comenzaban a envolverla y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre al que tanto amaba y del que, mentalmente comenzaba a despedirse.
Por un momento pensó que era el final y se sumió en una sentida plegaria mientras su cuerpo, exhausto, decidía sucumbir.

Pero de pronto y como surgidos de la nada, unos fuertes brazos la agarraron y se sintió segura cuando, en cuestión de segundos, sus pies tocaban firmemente la áspera arena del fondo.

José Luis, a su lado, con el agua por la cintura, la abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarla, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

-Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, las olas me impedían avanzar -le susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- y no soy muy bueno nadando…¿estás bien?

Natalia se desasió del abrazo buscando con la vista al hombre que la había rescatado, aquel extraño que la acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo aparente...

-José Luis...¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua? Ni siquiera he podido darle las gracias.
-No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Natalia miró a su alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.
Natalia y José Luis se miraron sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre sus cabezas. Natalia musitó...

-Ahora sabemos que no son como los pintan... los ángeles no tienen alas...

José Luis asintió en silencio y ambos, aún abrazados, emprendieron el camino de vuelta a casa.

Eratalia (2012)
...........................................................................................


Aquella mañana Natalia y José Luis madrugaron más que de costumbre. Habían decidido pasar el día en la playa y no querían padecer las previsibles retenciones de un domingo de verano camino de la costa.

Cuando se disponían a desayunar, con algo de prisa, Natalia se dio cuenta de que había olvidado sacar la mantequilla y le pidió a José Luis que la cogiera del frigorífico.

Al hacerlo, él empujó sin querer un pequeño imán que estaba enganchado en la puerta y este cayó al suelo.

Volvió a la mesa con la mantequilla en una mano y la figurita rota en la otra.

-Lo siento, Natalia, se me ha resbalado y se ha partido -dijo, entregándosela a su mujer.

-¡Vaya! –exclamó ella contrariada- ¡Con el cariño que yo le tenía! Este angelito me lo regaló Lourdes, poco antes de… bueno, ya sabes, fue lo último que me regaló. Ella creía en sus ángeles de la guarda.

-De verdad que lo siento, sé lo que significaba para ti.

-No te preocupes. Estas cosas pasan, pero lo conservaré así, aunque ya no tenga alas. Sigue siendo un angelito. Venga, démonos prisa o la carretera estará insufrible.


El día era espléndido. Enfilaron la autovía pertrechados con los enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar. En menos de una hora llegaron a su destino, buscaron un lugar apartado de la gente y tras estirar sus toallas sobre la arena, se lanzaron al agua, que estaba tan calmada que invitaba a jugar y a divertirse.

Así lo hicieron como dos niños felices y despreocupados.

Después Natalia se adentró nadando, y luego, poniéndose de espaldas, se mantuvo flotando con los ojos cerrados sobre la mansa superficie del agua.

Había perdido la noción del tiempo y el espacio cuando un grito la sobresaltó:

-¡Natalia, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!

La voz de José Luis sonaba angustiada.

Natalia abrió los ojos, volviendo a la realidad y observó, estupefacta que la distancia que le separaba de su marido era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarla.

La mujer hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y se repetía a sí misma que saldría de aquella, que sólo era necesario no agotarse luchando contra las olas, y sobre todo no dejarse llevar por el pánico.


La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se le antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas empezaban a engullirla y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre al que tanto amaba y del que, mentalmente comenzaba a despedirse.

Por un momento pensó que era el final y se sumió en una sentida plegaria mientras su cuerpo, exhausto, decidía sucumbir.

Pero de pronto y como surgidos de la nada, unos fuertes brazos la agarraron y se sintió segura cuando, en cuestión de segundos, sus pies tocaban firmemente la áspera arena del fondo.

Jose Luis, a su lado, con el agua por la cintura, la abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarla, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

-Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, las olas me impedían avanzar -le susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- y no soy muy bueno nadando…¿estás bien?.

Natalia se desasió del abrazo buscando con la vista al hombre que la había rescatado, aquel extraño que la acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo aparente...

-Jose Luis, ¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua? Ni siquiera he podido darle las gracias.

-No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Ella miró a su alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.


Los dos se miraron sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre sus cabezas.

-Ahora sabemos que no son como los pintan, -musitó Natalia- los ángeles no tienen alas.

Jose Luis asintió en silencio, y ambos, aún abrazados, emprendieron el camino de vuelta a casa.

Eratalia (2022)



clip_image002.jpg

Si estás leyendo esto quiere decir que he usado bien el "citar"... que ya va siendo hora.( y sólo tres puntos suspensivos, gracias por todo).
Me parece bien que incluyas el antecedente de la rotura del angelito pero yo lo haría de una forma más reducida.
Quizás una somera frase sobre lo que representa para la protagonista pero eliminando la mayor parte del diálogo tras la rotura.
Un gesto de disculpa sin palabras y otro gesto de ella con un comentario al que podrías darle un tono de cierto misterio que al final se aclara con lo acontecido en la playa. Es decir no extenderse tanto en ese incidente y relatarlo de otra forma .
 
ALAS.jpg





La mañana se despertó calurosa y brillante, como tantas otras de aquel estío, invitando a huir de la ciudad y disfrutar de un día en la playa, con el único objetivo de dejarse acariciar por el radiante sol y gozar de las cálidas aguas del Mediterráneo.
Natalia y José Luis enfilaron la carretera de la costa pertrechados con los mínimos enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar; en menos de una hora habrían llegado a su destino y el resto del día se les figuraba tan placentero que ya lo disfrutaban por anticipado.

Tras estirar sus toallas sobre la arena, se lanzaron al agua.

El sol ardía con toda la furia de que era capaz en el zénit de su esplendor y las aguas tibias les dieron la bienvenida como amables anfitrionas.

Al principio, el mar en calma no hacía presagiar ningún contratiempo y les invitaba a jugar, y a reír, como dos niños felices y despreocupados.
Después Natalia se adentró nadando, y luego, poniéndose de espaldas, se mantuvo flotando con los ojos cerrados sobre la mansa superficie del agua.

Había perdido la noción del tiempo y el espacio cuando un grito la sobresaltó:
-¡Natalia, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!
La voz de José Luis sonaba angustiada.

Natalia abrió los ojos, volviendo a la realidad y observó, estupefacta que la distancia que le separaba de su marido era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarla.

La mujer hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y se repetía a sí misma que todo saldría bien, que sólo era necesario no agotarse luchando contra las olas y no dejarse llevar por el pánico.

La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se le antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas comenzaban a envolverla y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre al que tanto amaba y del que, mentalmente comenzaba a despedirse.
Por un momento pensó que era el final y se sumió en una sentida plegaria mientras su cuerpo, exhausto, decidía sucumbir.

Pero de pronto y como surgidos de la nada, unos fuertes brazos la agarraron y se sintió segura cuando, en cuestión de segundos, sus pies tocaban firmemente la áspera arena del fondo.

José Luis, a su lado, con el agua por la cintura, la abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarla, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

-Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, las olas me impedían avanzar -le susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- y no soy muy bueno nadando…¿estás bien?

Natalia se desasió del abrazo buscando con la vista al hombre que la había rescatado, aquel extraño que la acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo aparente...

-José Luis...¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua? Ni siquiera he podido darle las gracias.
-No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Natalia miró a su alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.
Natalia y José Luis se miraron sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre sus cabezas. Natalia musitó...

-Ahora sabemos que no son como los pintan... los ángeles no tienen alas...

José Luis asintió en silencio y ambos, aún abrazados, emprendieron el camino de vuelta a casa.

Eratalia (2012)
...........................................................................................


Aquella mañana Natalia y José Luis madrugaron más que de costumbre. Habían decidido pasar el día en la playa y no querían padecer las previsibles retenciones de un domingo de verano camino de la costa.

Cuando se disponían a desayunar, con algo de prisa, Natalia se dio cuenta de que había olvidado sacar la mantequilla y le pidió a José Luis que la cogiera del frigorífico.

Al hacerlo, él empujó sin querer un pequeño imán que estaba enganchado en la puerta y este cayó al suelo.

Volvió a la mesa con la mantequilla en una mano y la figurita rota en la otra.

-Lo siento, Natalia, se me ha resbalado y se ha partido -dijo, entregándosela a su mujer.

-¡Vaya! –exclamó ella contrariada- ¡Con el cariño que yo le tenía! Este angelito me lo regaló Lourdes, poco antes de… bueno, ya sabes, fue lo último que me regaló. Ella creía en sus ángeles de la guarda.

-De verdad que lo siento, sé lo que significaba para ti.

-No te preocupes. Estas cosas pasan, pero lo conservaré así, aunque ya no tenga alas. Sigue siendo un angelito. Venga, démonos prisa o la carretera estará insufrible.


El día era espléndido. Enfilaron la autovía pertrechados con los enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar. En menos de una hora llegaron a su destino, buscaron un lugar apartado de la gente y tras estirar sus toallas sobre la arena, se lanzaron al agua, que estaba tan calmada que invitaba a jugar y a divertirse.

Así lo hicieron como dos niños felices y despreocupados.

Después Natalia se adentró nadando, y luego, poniéndose de espaldas, se mantuvo flotando con los ojos cerrados sobre la mansa superficie del agua.

Había perdido la noción del tiempo y el espacio cuando un grito la sobresaltó:

-¡Natalia, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!

La voz de José Luis sonaba angustiada.

Natalia abrió los ojos, volviendo a la realidad y observó, estupefacta que la distancia que le separaba de su marido era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarla.

La mujer hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y se repetía a sí misma que saldría de aquella, que sólo era necesario no agotarse luchando contra las olas, y sobre todo no dejarse llevar por el pánico.


La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se le antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas empezaban a engullirla y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre al que tanto amaba y del que, mentalmente comenzaba a despedirse.

Por un momento pensó que era el final y se sumió en una sentida plegaria mientras su cuerpo, exhausto, decidía sucumbir.

Pero de pronto y como surgidos de la nada, unos fuertes brazos la agarraron y se sintió segura cuando, en cuestión de segundos, sus pies tocaban firmemente la áspera arena del fondo.

Jose Luis, a su lado, con el agua por la cintura, la abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarla, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

-Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, las olas me impedían avanzar -le susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- y no soy muy bueno nadando…¿estás bien?.

Natalia se desasió del abrazo buscando con la vista al hombre que la había rescatado, aquel extraño que la acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo aparente...

-Jose Luis, ¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua? Ni siquiera he podido darle las gracias.

-No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Ella miró a su alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.


Los dos se miraron sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre sus cabezas.

-Ahora sabemos que no son como los pintan, -musitó Natalia- los ángeles no tienen alas.

Jose Luis asintió en silencio, y ambos, aún abrazados, emprendieron el camino de vuelta a casa.

Eratalia (2022)



clip_image002.jpg

"Cito" de nuevo tras una segunda lectura : creo que José Luis habla demasiado y con frases demasiado largas para la tensión del momento.
Si estás gritando a tu mujer que se pierde en el mar no le dices tantas cosas, por ejemplo.....
En general mi opinión es que se no deben explicar tanto las cosas.
 
ALAS.jpg





La mañana se despertó calurosa y brillante, como tantas otras de aquel estío, invitando a huir de la ciudad y disfrutar de un día en la playa, con el único objetivo de dejarse acariciar por el radiante sol y gozar de las cálidas aguas del Mediterráneo.
Natalia y José Luis enfilaron la carretera de la costa pertrechados con los mínimos enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar; en menos de una hora habrían llegado a su destino y el resto del día se les figuraba tan placentero que ya lo disfrutaban por anticipado.

Tras estirar sus toallas sobre la arena, se lanzaron al agua.

El sol ardía con toda la furia de que era capaz en el zénit de su esplendor y las aguas tibias les dieron la bienvenida como amables anfitrionas.

Al principio, el mar en calma no hacía presagiar ningún contratiempo y les invitaba a jugar, y a reír, como dos niños felices y despreocupados.
Después Natalia se adentró nadando, y luego, poniéndose de espaldas, se mantuvo flotando con los ojos cerrados sobre la mansa superficie del agua.

Había perdido la noción del tiempo y el espacio cuando un grito la sobresaltó:
-¡Natalia, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!
La voz de José Luis sonaba angustiada.

Natalia abrió los ojos, volviendo a la realidad y observó, estupefacta que la distancia que le separaba de su marido era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarla.

La mujer hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y se repetía a sí misma que todo saldría bien, que sólo era necesario no agotarse luchando contra las olas y no dejarse llevar por el pánico.

La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se le antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas comenzaban a envolverla y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre al que tanto amaba y del que, mentalmente comenzaba a despedirse.
Por un momento pensó que era el final y se sumió en una sentida plegaria mientras su cuerpo, exhausto, decidía sucumbir.

Pero de pronto y como surgidos de la nada, unos fuertes brazos la agarraron y se sintió segura cuando, en cuestión de segundos, sus pies tocaban firmemente la áspera arena del fondo.

José Luis, a su lado, con el agua por la cintura, la abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarla, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

-Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, las olas me impedían avanzar -le susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- y no soy muy bueno nadando…¿estás bien?

Natalia se desasió del abrazo buscando con la vista al hombre que la había rescatado, aquel extraño que la acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo aparente...

-José Luis...¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua? Ni siquiera he podido darle las gracias.
-No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Natalia miró a su alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.
Natalia y José Luis se miraron sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre sus cabezas. Natalia musitó...

-Ahora sabemos que no son como los pintan... los ángeles no tienen alas...

José Luis asintió en silencio y ambos, aún abrazados, emprendieron el camino de vuelta a casa.

Eratalia (2012)
...........................................................................................


Aquella mañana Natalia y José Luis madrugaron más que de costumbre. Habían decidido pasar el día en la playa y no querían padecer las previsibles retenciones de un domingo de verano camino de la costa.

Cuando se disponían a desayunar, con algo de prisa, Natalia se dio cuenta de que había olvidado sacar la mantequilla y le pidió a José Luis que la cogiera del frigorífico.

Al hacerlo, él empujó sin querer un pequeño imán que estaba enganchado en la puerta y este cayó al suelo.

Volvió a la mesa con la mantequilla en una mano y la figurita rota en la otra.

-Lo siento, Natalia, se me ha resbalado y se ha partido -dijo, entregándosela a su mujer.

-¡Vaya! –exclamó ella contrariada- ¡Con el cariño que yo le tenía! Este angelito me lo regaló Lourdes, poco antes de… bueno, ya sabes, fue lo último que me regaló. Ella creía en sus ángeles de la guarda.

-De verdad que lo siento, sé lo que significaba para ti.

-No te preocupes. Estas cosas pasan, pero lo conservaré así, aunque ya no tenga alas. Sigue siendo un angelito. Venga, démonos prisa o la carretera estará insufrible.


El día era espléndido. Enfilaron la autovía pertrechados con los enseres necesarios para pasar una tranquila jornada al borde del mar. En menos de una hora llegaron a su destino, buscaron un lugar apartado de la gente y tras estirar sus toallas sobre la arena, se lanzaron al agua, que estaba tan calmada que invitaba a jugar y a divertirse.

Así lo hicieron como dos niños felices y despreocupados.

Después Natalia se adentró nadando, y luego, poniéndose de espaldas, se mantuvo flotando con los ojos cerrados sobre la mansa superficie del agua.

Había perdido la noción del tiempo y el espacio cuando un grito la sobresaltó:

-¡Natalia, cuidado, el agua se está encrespando! ¡Vuelve aquí, estás muy lejos!

La voz de José Luis sonaba angustiada.

Natalia abrió los ojos, volviendo a la realidad y observó, estupefacta que la distancia que le separaba de su marido era mucho mayor de la que hubiese podido imaginar; apenas lo escuchaba, era como una figura lejana que agitaba los brazos con violencia y de la cual una fuerte corriente salida de nadie sabe dónde, se empeñaba en separarla.

La mujer hacía denodados esfuerzos por mantener la calma y se repetía a sí misma que saldría de aquella, que sólo era necesario no agotarse luchando contra las olas, y sobre todo no dejarse llevar por el pánico.


La mar se había tornado tan brava que cualquier intento de ganar la orilla se le antojaba batalla perdida de antemano, la tormenta rugía mientras las olas empezaban a engullirla y ya, solo a intervalos, podía ver la figura de aquel hombre que se debatía entre la desesperación y la impotencia, aquel hombre al que tanto amaba y del que, mentalmente comenzaba a despedirse.

Por un momento pensó que era el final y se sumió en una sentida plegaria mientras su cuerpo, exhausto, decidía sucumbir.

Pero de pronto y como surgidos de la nada, unos fuertes brazos la agarraron y se sintió segura cuando, en cuestión de segundos, sus pies tocaban firmemente la áspera arena del fondo.

Jose Luis, a su lado, con el agua por la cintura, la abrazaba tan fuerte que amenazaba con ahogarla, en un estallido de júbilo y nerviosismo...

-Por un momento creí que te perdía, y no podía hacer nada por remediarlo, las olas me impedían avanzar -le susurraba entrecortadamente, presa de tremenda agitación- y no soy muy bueno nadando…¿estás bien?.

Natalia se desasió del abrazo buscando con la vista al hombre que la había rescatado, aquel extraño que la acababa de salvar de perecer ahogada, apenas sin esfuerzo aparente...

-Jose Luis, ¿dónde está? ¿Dónde está ese hombre que me ha sacado del agua? Ni siquiera he podido darle las gracias.

-No lo sé, al abrazarte lo perdí de vista... No debe andar lejos. Sólo lo vi unos segundos... fue todo tan rápido...

Ella miró a su alrededor, el fuerte viento, las olas encrespadas y las gruesas gotas de lluvia habían hecho que, en cuestión de minutos, la arena quedase desierta.


Los dos se miraron sobrecogidos e inmóviles bajo la lluvia que arreciaba sobre sus cabezas.

-Ahora sabemos que no son como los pintan, -musitó Natalia- los ángeles no tienen alas.

Jose Luis asintió en silencio, y ambos, aún abrazados, emprendieron el camino de vuelta a casa.

Eratalia (2022)



clip_image002.jpg

Una historia que no se puede distinguir si es o no real porque está escrita con tanta elocuencia, que capta la ambición del lector.

Saludos
 
"Cito" de nuevo tras una segunda lectura : creo que José Luis habla demasiado y con frases demasiado largas para la tensión del momento.
Si estás gritando a tu mujer que se pierde en el mar no le dices tantas cosas, por ejemplo.....
En general mi opinión es que se no deben explicar tanto las cosas.
Pues llevas razón, pero a veces los nervios desatados te pueden llevar a parlotear como un loco en los momento cruciales y contra todo pronóstico. Te lo digo porque lo sé de buena tinta.
Gracias por la lectura y la relectura.
Un abrazo.
 
Confieso que llegué a pensar que el texto se había pegado un salto hacía arriba y que lo estaba leyendo otra vez. Y es que ambas versiones son muy parecidas en lo medular.
Un beso, Eratalia.
Confieso que no entiendo el comentario. ¿Ambas versiones? Me he pensado que lo había escrito dos veces, pero lo he repasado y no. Quizás quieres decir otra cosa. A qué te refieres? Lo mismo algo se me ha pasado por alto.
Gracias.
 
Estaba leyendo a Eratalia del 2012 y cuando creí que releía el mismo texto terminó siendo Eratalia del 2022. Por un momento me confundí. Eso es todo.
Pues no sé si reírme o llorar.
Resulta que copié ambos textos seguidos, el de 2012 era el original y el de 2022 fue una variación sobre el mismo para un taller de escritura al que acudí.
Veo que la publicación inicial es de 2017 y en el 22 pensé borrar el primero y dejar el segundo, y por lo que se ve (y que acabo de reparar en ellos ahora mismo gracias a ti) se quedaron ambos.
Y no entendía lo del parecido en lo medular porque al mirarlo solo veía el primero de ellos! Esto es despiste y lo demás son tonterías. Bueno, procedo a borrar el segundo y me quedo con el original.
Disculpas.
Gracias.
Un abrazo.
 
Última edición:
Pues no sé si reírme o llorar.
Resulta que copié ambos textos seguidos, el de 2012 era el original y el de 2022 fue una variación sobre el mismo para un taller de escritura al que acudí.
Veo que la publicación inicial es de 2017 y en el 22 pensé borrar el primero y dejar el segundo, y por lo que se ve (y que acabo de reparar en ellos ahora mismo gracias a ti) se quedaron ambos.
Y no entendía lo del parecido en lo medular porque al mirarlo solo veía el primero de ellos! Esto es despiste y lo demás son tonterías. Bueno, procedo a borrar el segundo y me quedo con el original.
Disculpas.
Gracias.
Un abrazo.
No tienes que disculparte. Pensé que habías incluido las dos versiones y te decía que me parecía un salto de esos que normalmente me hace la pantalla.
Igual puedes reír mientas secas esas lágrimas:)
 
Atrás
Arriba