prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
[TABLE="width: 100%"]
[TR]
[TD="colspan: 2"]
[/TD]
[/TR]
[TR]
[TD="colspan: 2"]Hay cosas que infla el desconcierto, cuando atardece
y en alguno de estos globos de navidad se pudre la infancia.
La delgadez de ramas convertidas en el techo de todos mis rezos
cae a gotas sobre un lienzo de primorosas fábulas de nieve.
He caminado hasta saber que el parque también se cansa
de las mismas pisadas
y exige exilios, realidades paralelas
como turbiones que recogen del suelo la sombra de primavera
o reliquias de geranio.
Estoy mendigando la duda de estar vivo,
esta estrella de bolsillo que nadie presta a nadie
allí, donde los grillos de la penuria hacen coro
y los abrazos son condenas jamas cumplidas
y las incalculables penas del plomo desventuradas en mi sien
son el eco de vela que tiene tu partida.[/TD]
[/TR]
[/TABLE]
[TR]
[TD="colspan: 2"]
[/TD]
[/TR]
[TR]
[TD="colspan: 2"]Hay cosas que infla el desconcierto, cuando atardece
y en alguno de estos globos de navidad se pudre la infancia.
La delgadez de ramas convertidas en el techo de todos mis rezos
cae a gotas sobre un lienzo de primorosas fábulas de nieve.
He caminado hasta saber que el parque también se cansa
de las mismas pisadas
y exige exilios, realidades paralelas
como turbiones que recogen del suelo la sombra de primavera
o reliquias de geranio.
Estoy mendigando la duda de estar vivo,
esta estrella de bolsillo que nadie presta a nadie
allí, donde los grillos de la penuria hacen coro
y los abrazos son condenas jamas cumplidas
y las incalculables penas del plomo desventuradas en mi sien
son el eco de vela que tiene tu partida.[/TD]
[/TR]
[/TABLE]