Arnet Fatheb Grothen
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me niego a mendigar arepas en Irak
Me niego a mendigar arepas en Irak,
me niego a no tener jamás respiro,
a aceptar que la absurda me lacere
hasta sangrar de rojo desatino.
Me niego a añorar leyendas asesinas
y a sobar a sus dedos poderosos,
me niego a que la falda de un jamelgo
pretenda engalanarse de tesoros.
Me niego a que vivir lo vuelvan acertijo
que quieran convertirme en dromedario
y que las cacerolas pierdan rumbo
con su sordo compás de ruido y barro.
Me niego a ser semántica desfigurada,
un huérfano de nombre sin verdades;
a ser lamento de un superlativo;
a aceptar un Pilatos sin su madre.
Por eso desparramo sueños y zapatos,
buscando latitudes que horizontes
me brinden ante el fuego que consume
mi patria en las miserias de sus hombres.
Me voy con la mirada triste y prisionera,
resuelto a liberarme de este fango,
con mi vaga tonada de Simones
exiliando sus letras y sus cantos.
Me niego a mendigar arepas en Irak,
me niego a no tener jamás respiro,
a aceptar que la absurda me lacere
hasta sangrar de rojo desatino.
Me niego a añorar leyendas asesinas
y a sobar a sus dedos poderosos,
me niego a que la falda de un jamelgo
pretenda engalanarse de tesoros.
Me niego a que vivir lo vuelvan acertijo
que quieran convertirme en dromedario
y que las cacerolas pierdan rumbo
con su sordo compás de ruido y barro.
Me niego a ser semántica desfigurada,
un huérfano de nombre sin verdades;
a ser lamento de un superlativo;
a aceptar un Pilatos sin su madre.
Por eso desparramo sueños y zapatos,
buscando latitudes que horizontes
me brinden ante el fuego que consume
mi patria en las miserias de sus hombres.
Me voy con la mirada triste y prisionera,
resuelto a liberarme de este fango,
con mi vaga tonada de Simones
exiliando sus letras y sus cantos.
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