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Llanto desde la infancia triste

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LLANTO DESDE LA INFANCIA TRISTE


En aquel tiempo no había neveras
y las gavillas de trigo se refrescaban
con el sudor de los lagartos.

En aquel tiempo las rocas eran mi hábitat
los paseos en asno el premio a mi buen comportamiento
Pero las lágrimas ya eran amargas.

El sol, apisonadora dorada, aquietaba el piar de los vencejos
El sol acariciaba las piedras milenarias
que se estremecían de placer.

En aquel tiempo el sol era un dulce regalo para mis zapatos rotos
y mis rodillas sangraban como las de un potencial nazareno
Tiempos de llanto y caricias
de trigales que rezumaban pasión y acunaban saltamontes

Irisaciones acuosas esmaltaban las tardes apócrifas
y las torres de las vetustas murallas
escarbaban las nubes donde se ocultaban
los prodigios celestiales.

Éramos niños perdidos acosados por las pasiones en ciernes
Niños avergonzados de serlo sin tener plena conciencia
de que lo éramos.

No sabíamos todavía que la vida era una trágica comedia
aunque para algunos iba a ser una oficina confortable
y un automóvil precario donde fornicar tras de la iglesia.

¿Fueron aquellas horas de la misma sustancia que las de hoy?
¿O fueron blandas nubes donde anidaban los sueños de los poetas?
La lluvia de aquellas nubes eran las lágrimas de mis llantos
Y regaban barbechos en la pertinaz dehesa
Regaban las rocas donde crecía el musgo
Regaban mundos fetales y los triduos a los santos.

Años que hicieron patria
gaveteros que archivaron recuerdos y sueños
que ahora renacen.

Ahora que el Padre Cronos ha devorado
aquel niño
aquel paisaje
aquellos saltamontes “toreros” (1)

Pero queda el llanto
un llanto circular y pertinaz
que reverdece en eternas primaveras.


(1) Saltamontes "torero". En nuestro argot infantil, y en aquellas lejanas tierras, era una especie de saltamontes que tenía bajo sus élitros unas finísimas alas de color rojo.
 
LLANTO DESDE LA INFANCIA TRISTE


En aquel tiempo no había neveras
y las gavillas de trigo se refrescaban
con el sudor de los lagartos.

En aquel tiempo las rocas eran mi habitat
los paseos en asno el premio a mi buen comportamiento
Pero las lágrimas ya eran amargas.

El sol, apisonadora dorada, aquietaba el piar de los vencejos
El sol acariciaba las piedras milenarias
que se estremecían de placer.

En aquel tiempo el sol era un dulce regalo para mis zapatos rotos
y mis rodillas sangraban como las de un potencial nazareno
Tiempos de llanto y caricias
de trigales que rezumaban pasión y acunaban saltamontes

Irisaciones acuosas esmaltaban las tardes apócrifas
y las torres de las vetustas murallas
escarbaban las nubes donde se ocultaban
los prodigios celestiales.

Éramos niños perdidos acosados por las pasiones en ciernes
Niños avergonzados de serlo sin tener plena conciencia
de que lo éramos.

No sabíamos todavía que la vida era una trágica comedia
aunque para algunos iba a ser una oficina confortable
y un automóvil precario donde fornicar tras de la iglesia.

¿Fueron aquellas horas de la misma sustancia que las de hoy?
¿O fueron blandas nubes donde anidaban los sueños de los poetas?
La lluvia de aquellas nubes eran las lágrimas de mis llantos
Y regaban barbechos en la pertinaz dehesa
Regaban las rocas donde crecía el musgo
Regaban mundos fetales y los triduos a los santos.

Años que hicieron patria
gaveteros que archivaron recuerdos y sueños
que ahora renacen.

Ahora que el Padre Cronos ha devorado
aquel niño
aquel paisaje
aquellos saltamontes “toreros” (1)

Pero queda el llanto
un llanto circular y pertinaz
que reverdece en eternas primaveras.


(1) Saltamontes "torero". En nuestro argot infantil, y en aquellas lejanas tierras, era una especie de saltamontes que tenía bajo sus élitros unas finísimas alas de color rojo.
Realmente cierto, también quedan las cicatrices, pero aprendemos de ella.
Y gracias a ello, hoy logramos reponernos y contarlo.

Saludos
 

POEMA DESTACADO
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Seleccionado por el Jurado
Con todo el cariño
MUNDOPOESIA.COM
 
Se estremece el corazón ante tu obra, expresa una dura realidad que dejo una marca a fuego y aún se siente después de tanto tiempo.
Hay situaciones que no se olvidan que están grabadas a fuego y cualquier recuerdo aunque sea pequeño, un aroma, una canción, una palabra son una chispa que enciende un recuerdo y sentimos el quemazón en el alma.
Me encanta como expresas con maestría realidades complejas querido amigo Miguel.
Te felicito por el reconocimiento recibido y totalmente merecido.
Un gran abrazo con toda mi admiración
 
LLANTO DESDE LA INFANCIA TRISTE


En aquel tiempo no había neveras
y las gavillas de trigo se refrescaban
con el sudor de los lagartos.

En aquel tiempo las rocas eran mi hábitat
los paseos en asno el premio a mi buen comportamiento
Pero las lágrimas ya eran amargas.

El sol, apisonadora dorada, aquietaba el piar de los vencejos
El sol acariciaba las piedras milenarias
que se estremecían de placer.

En aquel tiempo el sol era un dulce regalo para mis zapatos rotos
y mis rodillas sangraban como las de un potencial nazareno
Tiempos de llanto y caricias
de trigales que rezumaban pasión y acunaban saltamontes

Irisaciones acuosas esmaltaban las tardes apócrifas
y las torres de las vetustas murallas
escarbaban las nubes donde se ocultaban
los prodigios celestiales.

Éramos niños perdidos acosados por las pasiones en ciernes
Niños avergonzados de serlo sin tener plena conciencia
de que lo éramos.

No sabíamos todavía que la vida era una trágica comedia
aunque para algunos iba a ser una oficina confortable
y un automóvil precario donde fornicar tras de la iglesia.

¿Fueron aquellas horas de la misma sustancia que las de hoy?
¿O fueron blandas nubes donde anidaban los sueños de los poetas?
La lluvia de aquellas nubes eran las lágrimas de mis llantos
Y regaban barbechos en la pertinaz dehesa
Regaban las rocas donde crecía el musgo
Regaban mundos fetales y los triduos a los santos.

Años que hicieron patria
gaveteros que archivaron recuerdos y sueños
que ahora renacen.

Ahora que el Padre Cronos ha devorado
aquel niño
aquel paisaje
aquellos saltamontes “toreros” (1)

Pero queda el llanto
un llanto circular y pertinaz
que reverdece en eternas primaveras.


(1) Saltamontes "torero". En nuestro argot infantil, y en aquellas lejanas tierras, era una especie de saltamontes que tenía bajo sus élitros unas finísimas alas de color rojo.

paisajes de una bella nostalgia de aquellos anhelos de juventud y un despliegue maravilloso en metáfora y simbolismos. Estupenda lectura querido amigo Miguel. Un abrazo, feliz semana!!
 
Una vez quiero expresar a Mamen, a la dirección del foro y al Jurado seleccionador, así como a todos los compameros que me animan con sus lecturas, mi agradecimiento por estos estímulos que son las frecuentes distinciones con las que me distinguen. Sobre todo como, en este caso, sacando a la luz un viejo poema del que ya hasta dudaba de mi autoría. Estoy releyendo estos días algunos poemas de nuestro ya ausente compañero Luzyabsenta, disfrutando de su poesía arisatocrática, innovadora, elegante a la vez que audaz. Una experiencia fascinante de la que Mundo Poesía es fuente casi inagotable con sus aguas que hacen renacer fertilidades. Mi amor y mi agradecimiento a tod@s.
miguel
 
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