Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
La locura no discierne las horas muertas.
Un objeto quebranta todas las edades del alma.
Y sí, ahora es solo eso.
Ojos azules,
que se diseccionan en el horror de un reflejo
en el vértigo que produce,
sentirse vivo solo para estar muriendo.
Conozco el miedo
Inicia,
con el inconmovible día,
tan luminoso que enceguece,
con esa belleza que adorna un grito
en mis huesos, en mi carne
En este espacio donde regurgita la vida
Su belleza insensata.
Belleza con flores, relieves y madera.
Y decir apenas tu nombre,
Como si mi lengua se plagara de espinas.
E intento no nombrarte
pero he descubierto que si yo no,
entonces,
las piedras gritan.
Un objeto quebranta todas las edades del alma.
Y sí, ahora es solo eso.
Ojos azules,
que se diseccionan en el horror de un reflejo
en el vértigo que produce,
sentirse vivo solo para estar muriendo.
Conozco el miedo
Inicia,
con el inconmovible día,
tan luminoso que enceguece,
con esa belleza que adorna un grito
en mis huesos, en mi carne
En este espacio donde regurgita la vida
Su belleza insensata.
Belleza con flores, relieves y madera.
Y decir apenas tu nombre,
Como si mi lengua se plagara de espinas.
E intento no nombrarte
pero he descubierto que si yo no,
entonces,
las piedras gritan.