puroamor
Poeta fiel al portal
El niño desobediente
En las noches de tormenta
el abuelo me narraba,
esta historia truculenta,
que al oírla me asustaba.
Acostados en la cama,
con la vela muy curiosa,
el talante de una rama,
parecía mariposa.
Mi viejito que sabía,
proyectar un pensamiento,
comenzaba con el día,
en que oyó narrar el cuento.
Era tarde - le dijeron-,
y en el fondo del barranco,
dos ancianas maldijeron,
a un niñito rico y manco.
Eran brujas tenebrosas,
que comían lagartijas,
de carácter muy biliosas,
y vendían baratijas.
El hechizo que emplearon,
era viejo como el sol,
en la noche le arrancaron,
entre gritos su crisol.
Eran puras carcajadas,
-denotando su maldad-,
el silencio y sus risadas,
asustaban de verdad.
Al niñito transformaron,
- le contaron a mi abuelo -
en deforme camarón,
que reptaba por el suelo.
Evidente era el desprecio,
que la gente le tenía,
su castigo fue por necio,
pues a nadie obedecía.
Escarmiento merecido,
se lo busca el mal portado.
Si tú sueltas un graznido,
es que vives embrujado.
El abuelo y su sapiencia,
ilustraron mi niñez,
el mensaje de obediencia,
lo respeto en adultez.
Desde entonces yo me porto,
por las buenas como un santo,
arrastrarme no quisiera,
por la culpa de un encanto.
el abuelo me narraba,
esta historia truculenta,
que al oírla me asustaba.
Acostados en la cama,
con la vela muy curiosa,
el talante de una rama,
parecía mariposa.
Mi viejito que sabía,
proyectar un pensamiento,
comenzaba con el día,
en que oyó narrar el cuento.
Era tarde - le dijeron-,
y en el fondo del barranco,
dos ancianas maldijeron,
a un niñito rico y manco.
Eran brujas tenebrosas,
que comían lagartijas,
de carácter muy biliosas,
y vendían baratijas.
El hechizo que emplearon,
era viejo como el sol,
en la noche le arrancaron,
entre gritos su crisol.
Eran puras carcajadas,
-denotando su maldad-,
el silencio y sus risadas,
asustaban de verdad.
Al niñito transformaron,
- le contaron a mi abuelo -
en deforme camarón,
que reptaba por el suelo.
Evidente era el desprecio,
que la gente le tenía,
su castigo fue por necio,
pues a nadie obedecía.
Escarmiento merecido,
se lo busca el mal portado.
Si tú sueltas un graznido,
es que vives embrujado.
El abuelo y su sapiencia,
ilustraron mi niñez,
el mensaje de obediencia,
lo respeto en adultez.
Desde entonces yo me porto,
por las buenas como un santo,
arrastrarme no quisiera,
por la culpa de un encanto.
Última edición: