danie
solo un pensamiento...
La verdad es que la poesía no es la dama bonita, cordial y buena que siempre conocimos. Y, esto, lo puedo decir basándome en hechos históricos.
Esta el caso de Quevedo, que por dos mangos, compró la casa de Góngora para darse el gusto de echarlo a la calle en el crudo invierno de Madrid.
También se pueden contar los diversos encontronazos que terminaron a las piñas con Lope de Vega y El manco de Lepanto en algunos pasillos nocturnos de las calles españolas. Lo más risorio de esto sería imaginar a Cervantes boxeando con una sola mano en nombre de la poesía. Esto sin dudas, era para filmarlo con una especie de cámara del tiempo.
León de Greiff se burló en reiteradas ocasiones con poemas dedicados a la enorme y puntiaguda nariz de Ciro Mendía.
A Marlowe le sacaron un ojo por beber un trago y no pagarlo en una taberna, poco antes de eso ya estaba siendo buscado por la corte por los cargos de ateísmo, blasfemia, sodomía y conspiración.
Ya, un par de años más tarde, Rufus Griswold le robó el cargo de editor en el diario Daily Standard a Poe, y desde ahí, a Poe sólo le quedó recitar sus obras en tabernas de mala muerte con el único público de borrachos y prostitutas.
Jorge Edwards narró en una novela intimidades de la vida privada de Neruda y lo trató de afeminado y maricón. Antes de eso Huidobro y Roberto Bolaños también criticaron a Neruda diciendo públicamente: “las obras de Neruda son fáciles, bobaliconas, están al alcance de cualquier plumífero.”
Luis Vidales se entrenó en un ring de boxeo para enfrentar a sus lectores que le salían con alguna crítica.
Wittgenstein, en una conferencia, golpeó con un bate de béisbol a B. Russel para impedirle la lectura de un poemario de Hölderlin.
Una vez un periodista y poeta (no conocido), bromeando, le dijo a Mohamed Ali “Cassius Clay” que le dé un poema y este le dejó un sugerente gráfico de sublime poesía en su ojo.
En conclusión, si no quieres salir maltrecho, deshonrado y miserable trata a la poesía como lo que es, una puta muy refinada que te da placer cuando ella quiere, pero jamás le exijas nada y no se te ocurra nunca nombrarla por su privado nombre… Eso, definitivamente, no le gusta.
Esta el caso de Quevedo, que por dos mangos, compró la casa de Góngora para darse el gusto de echarlo a la calle en el crudo invierno de Madrid.
También se pueden contar los diversos encontronazos que terminaron a las piñas con Lope de Vega y El manco de Lepanto en algunos pasillos nocturnos de las calles españolas. Lo más risorio de esto sería imaginar a Cervantes boxeando con una sola mano en nombre de la poesía. Esto sin dudas, era para filmarlo con una especie de cámara del tiempo.
León de Greiff se burló en reiteradas ocasiones con poemas dedicados a la enorme y puntiaguda nariz de Ciro Mendía.
A Marlowe le sacaron un ojo por beber un trago y no pagarlo en una taberna, poco antes de eso ya estaba siendo buscado por la corte por los cargos de ateísmo, blasfemia, sodomía y conspiración.
Ya, un par de años más tarde, Rufus Griswold le robó el cargo de editor en el diario Daily Standard a Poe, y desde ahí, a Poe sólo le quedó recitar sus obras en tabernas de mala muerte con el único público de borrachos y prostitutas.
Jorge Edwards narró en una novela intimidades de la vida privada de Neruda y lo trató de afeminado y maricón. Antes de eso Huidobro y Roberto Bolaños también criticaron a Neruda diciendo públicamente: “las obras de Neruda son fáciles, bobaliconas, están al alcance de cualquier plumífero.”
Luis Vidales se entrenó en un ring de boxeo para enfrentar a sus lectores que le salían con alguna crítica.
Wittgenstein, en una conferencia, golpeó con un bate de béisbol a B. Russel para impedirle la lectura de un poemario de Hölderlin.
Una vez un periodista y poeta (no conocido), bromeando, le dijo a Mohamed Ali “Cassius Clay” que le dé un poema y este le dejó un sugerente gráfico de sublime poesía en su ojo.
En conclusión, si no quieres salir maltrecho, deshonrado y miserable trata a la poesía como lo que es, una puta muy refinada que te da placer cuando ella quiere, pero jamás le exijas nada y no se te ocurra nunca nombrarla por su privado nombre… Eso, definitivamente, no le gusta.
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