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La tabaquera

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
En la tabaquera del general los óvulos del espejo
memorizan los helechos del bigote. Siempre cuando la abre,
el sirviente, que tiene los dos brazos amputados
y varias condecoraciones en el pecho, corre para la ventana.
Y dice: levanto una piedra, sin saber a quien se la voy a tirar.
Oh, dios, aleja los pájaros que están al alcance de mi vendaje.
El espacio retuerce ramas y abecedarios de morfina.
Los códigos morse siguen el pulso de las grietas.
Genitales de rinoceronte disputan los intestinos perforados.
El general fuma entre dioses asmáticos.
Me acostumbré a ti como a un reloj sin agujas, parido por las putas del alba
en los santuarios de vejez de los castaños.
Porque eres inútil y en el horno de tu pecho arden iconos deglutidos por un ente
de esperanzas rotas y cerrojos alabeados.
Ah, mi general, los cráteres se desplazan
y vuelven las madres de los presos desde un musgo de blasfemias
a arrancar el cielo y la raíz de la piedra.

Que corten su lengua y el herrero forje otra medalla, fue la orden.
 
Última edición:
En la tabaquera del general los óvulos del espejo
memorizan los helechos del bigote. Siempre cuando la abre,
el sirviente, que tiene los dos brazos amputados
y varias decoraciones en el pecho, corre para la ventana.
Y dice: levanto una piedra, sin saber a quien se la voy a tirar.
Oh, dios, aleja los pájaros que están al alcance de mi vendaje.
El espacio retuerce ramas y abecedarios de morfina.
Los códigos morse siguen el pulso de las grietas.
Genitales de rinoceronte disputan los intestinos perforados.
El general fuma entre dioses asmáticos.
Me acostumbré a ti como a un reloj sin agujas, parido por las putas del alba
en los santuarios de vejez de los castaños.
Porque eres inútil y en el horno de tu pecho arden iconos deglutidos por un ente
de esperanzas rotas y cerrojos alabeados.
Ah, mi general, los cráteres se desplazan
y vuelven las madres de los presos desde un musgo de blasfemias
a arrancar el cielo y la raíz de la piedra.

-Que le corten la lengua y digan al herrero que prepare otra medalla.


Me has dejado sin habla,
muy buenas imágenes nos regalas,
contundentes y precisas.
Un placer haber pasado, un beso.
 
mE ROMPO LOS SESOS AL DESCIFRARTE,
SIENTO QUE HAY MUCHA RABIA CONTENIDA
Y PINTAS ESCENARIOS CAÓTICOS...

UN ABRAZO AMIGO, ESPERO ESTÉS BIEN.

Me acostumbré a ti como a un reloj sin agujas, parido por las putas del alba
en los santuarios de vejez de los castaños.
 
Oscuras y extrañas imágenes surgen de la profundidad de tus versos, donde se vislumbra una profunda furia e impotencia. Brillante, como de constumbre, Marius. Mis estrellas a tu talento, querido amigo. Abrazos.
 
En la tabaquera del general los óvulos del espejo
memorizan los helechos del bigote. Siempre cuando la abre,
el sirviente, que tiene los dos brazos amputados
y varias condecoraciones en el pecho, corre para la ventana.
Y dice: levanto una piedra, sin saber a quien se la voy a tirar.
Oh, dios, aleja los pájaros que están al alcance de mi vendaje.
El espacio retuerce ramas y abecedarios de morfina.
Los códigos morse siguen el pulso de las grietas.
Genitales de rinoceronte disputan los intestinos perforados.
El general fuma entre dioses asmáticos.
Me acostumbré a ti como a un reloj sin agujas, parido por las putas del alba
en los santuarios de vejez de los castaños.
Porque eres inútil y en el horno de tu pecho arden iconos deglutidos por un ente
de esperanzas rotas y cerrojos alabeados.
Ah, mi general, los cráteres se desplazan
y vuelven las madres de los presos desde un musgo de blasfemias
a arrancar el cielo y la raíz de la piedra.

-Que le corten la lengua y digan al herrero que prepare otra medalla.

Poesía fuerte intenso en su forma y en su decir y con la furia masculina en todo su esplendor, no sé cómo lo haces pero siempre logras, hacer del paisaje poético una cumbre de emoción, felicidades prisi, admiración infinita querido amigo y las estrellas todas de mi cielo insular para ti.
 
Duras y oscuras imágenes nos pintas Marius, en un escenario lúgubre y confuso con todo ese despligue de material, como siempre amigo tus letras me hacen pensar....un abrazo
 
En la tabaquera del general los óvulos del espejo
memorizan los helechos del bigote. Siempre cuando la abre,
el sirviente, que tiene los dos brazos amputados
y varias condecoraciones en el pecho, corre para la ventana.
Y dice: levanto una piedra, sin saber a quien se la voy a tirar.
Oh, dios, aleja los pájaros que están al alcance de mi vendaje.
El espacio retuerce ramas y abecedarios de morfina.
Los códigos morse siguen el pulso de las grietas.
Genitales de rinoceronte disputan los intestinos perforados.
El general fuma entre dioses asmáticos.
Me acostumbré a ti como a un reloj sin agujas, parido por las putas del alba
en los santuarios de vejez de los castaños.
Porque eres inútil y en el horno de tu pecho arden iconos deglutidos por un ente
de esperanzas rotas y cerrojos alabeados.
Ah, mi general, los cráteres se desplazan
y vuelven las madres de los presos desde un musgo de blasfemias
a arrancar el cielo y la raíz de la piedra.

Que corten su lengua y el herrero forje otra medalla, fue la orden.

Profundidad intensa,reabia contenida, desasosiego que se hace desespero de necesidad.
voltear imagenes en el parpado dde una necesidad cuarteada. felicidsdes..., intenso. luzayabsenta
 
Sin dudas una obra muy valiosa. Un poema que bien pudira llevar la voz de los oprimidos, de las injusticias, del veneno que nos mató el oxigeno, la vida, la existencia en su habitad tan modificada por las malas costumbres y las desigualdades. Un poema fuerte como debe ser, con la firmeza de gran poeta. Aplaudo. Abrazos amigo querido.
 
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