Subí despacito peldaño a peldaño
la vieja escalera por no hacerme daño;
contenta y ansiosa por ser la primera
que alcanza la luna, lunita, lunera.
Me ha dicho mi hermana: que esa luna es suya-
yo le respondí:- tú tienes la tuya
regordeta y llena, mas yo la prefiero
pecosa y alegre como un sonajero.
Dicen que soy rara por ser pelirroja,
que siempre consigo lo que se me antoja.
Mas eso no es cierto, la tomé prestada
para aquellos niños que no tienen nada.
Alumbra los campos de los refugiados
y el mundo los llama: “los iluminados”
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