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La ciénaga

Se aprende una buena moraleja : "todo ser creado que tiene vida si corre un peligro y puede ser salvado tiene el derecho a ese privilegio, aún más una gatita tan desvalida al fondo de un poso con agua". Bastante cruel la actitud del chiquillo, tratándose de su padre pero no hizo distinción, sólo pensó en la tristeza que le causó la pérdida de su gata tan cruelmente muerta y su padre no escuchó su petición ni valoró su amor por el animalito. Me suceden bastantes cosas con este relato, me da mucha pena por ambos, pero las actitudes siempre enseñan y no siempre para bien, todo se vuelve en contra cuando daño hacemos o no prestamos auxilio, pudiendo hacerlo. Dulcinista, yo vengo a leerte y sé que siempre voy a encontrarme con sorpresas. Excelente narración amigo o Prosa, mejor dicho, una buena enseñanza nos dejas. Un abrazo, gracias por compartir y buenas noches amigo. Los jóvenes siempre aprenden más de las obras que de los consejos.


Mi querida poetisa, la actitud del niño está llevada hasta el extremo, pero así es la literatura, muchas veces los personajes literarios hacen cosas inverosímiles. Gracias por tu comentario. Besos.
 
¡Vaya, qué fuerte, Dulcinista!; te quedó fuertemente ejemplar. Tu cuento nos enseña, cómo con nuestras malas acciones, podemos cambiar, negativamentente, hasta los sentimientos más nobles, inclusive en el entorno familiar. Recibe estrellas, abrazos y besos de Dilia.
Gracias, amiga. Las malas acciones se merecen una respuesta acorde a su maldad. Besos para ti, poetisa.
 
Uncle_Black.jpg


La señora Diederich nunca fue lo que se dice una persona adicta al trabajo, por eso cuando los médicos le recomendaron cambiar la polución de la ciudad por el aire fresco del bosque, se sintió la persona más feliz del mundo haciendo lo que llevava tiempo queriendo hacer: vender la lujosa mansión en la que vivía y cambiar el ruido y los convencionalismos sociales de la ciudad por la paz y la tranquilidad de un pequeño pueblo. A su marido, Berend Diederich, gran aficionado a la caza, la proposición de su esposa le pareció bien, ya que pensó que en un pueblo le sería más fácil dedicarse a su pasatiempo favorito.
Así que abandonaron la ciudad de Oldenburg en la Baja Sajonia para irse a vivir a una casa amplia y muy antigua construida en medio de un bosque de hayas y castaños. En un monte cercano a la casa abundaban los jabalíes y los conejos además de las perdices, con lo que el señor Barend Diederich no necesitaba nada más para ser feliz.
Solía salir a cazar con su hijo el mayor, llamado Adler en honor al abuelo paterno.
El matrimonio había tenido dos hijos, Adler, que tenía diez años, y el pequeño Derek. Adler era enérgico y rebelde. Su madre solía llamarle pequeño salvaje.
Lo único que se llevaron de la gran casona donde habían vivido hasta entonces fueron un retrato que representaba al señor Diederich vestido de militar y una lámpara de cristal de bohemia que había pertenecido a la bisabuela de la señora Diederich, además de Blute, la gata que fue adoptada por los niños al encontrarla una noche en el jardin durmiendo bajo un ciruelo.
La noticia de que Blute iva a tener gatitos fue recibida por los niños con una gran algarabía. Si jugar con una gata era divertido, se imaginaban lo que sería disfrutar de una camada entera para ellos solos.
La nueva casa no tenía un jardin como la casona de la ciudad, pero en cambio, tenía un gran patio con un pozo en uno de los extremos. Una tupida enredadera le daba sombra al profundo pozo de agua cristalina.
Blute parió cinco gatitos una mañana lluviosa de marzo. Agneta, que así se llamaba la esposa del señor Diederich dijo que todo había salido bien y que fueran pensando en los nombres.
-Son un macho y cuatro hembras- informó.
-La preservación de la especie- comentó el padre.
Un soleado día de mayo, Blute trepó como solía hacer por la enredadera para intentar atrapar un saltamontes, pero al romperse una de las ramas cayó al pozo. Adler gritó y llamó a su padre para que arrojara el cubo y la gata pudiese meterse en él y así salvarla, pero el padre se negó a hacer tal cosa.
-Si sólo es una gata. Ahora teneis cinco más para entreteneros, no necesitais a ésta. Además, es ya muy vieja y de todas formas hubiese muerto pronto- sentenció el padre -. No puedo perder el tiempo, mañana salimos de caza y necesito revisar mi escopeta.
Por más que Adler gritó y pataleó el señor Diederich no cambió de opinión.
El día siguiente amaneció con niebla. Normalmente, al anunciar el padre que irían de caza, a Adler se le alegraba el alma. Le gustaba ayudar a limpiar la escopeta y soñaba con el momento en que su padre le permitiera disparar con ella.. Se veía a sí mismo disparando y matando a toda clase de animales, pero la muerte de la gata lo había sumido en la más profunda tristeza, y ésta vez no quiso ayudar a su padre en la preparacion del arma.
Acababa de salir el sol cuando abandonaron la casa. Tenían que andar con cuidado, ya que en el bosque había algunas ciénagas. El padre llevava la escopeta al hombro y el hijo le seguía a cierta distancia, triste y pensativo, portando una soga que les ayudara a salir de la ciénaga en el caso de que alguno de los dos cayera en una de ellas.
-Debes seguir mis mismos pasos, así evitarás caer en uno de esos agujeros de cieno y barro- le ordenó el padre.
De pronto empezó a extenderse una niebla tan espesa, que les era imposible ver lo que había a un metro de distancia.
-Sepárate de mí, Adler, así si yo caigo en una de estas ciénagas te avisaré y evitaremos que también caigas tú- ordenó el padre con voz militar.
Se oía cantar a los pájaros en las ramas de los árboles del bosque. Según el señor Diederich los más abundantes eran los ansares y las garzas.
Estaban a punto de salir de la zona de las ciénagas cuando el señor Diederich cayó en una de ellas.
-Párate, Adler, he caído en una de esas malditas ciénagas. Arrójame la cuerda para que pueda salir.Átala primero a un árbol cercano. Pero acércate poco a poco y con cuidado, no vayas a caer tú también- dijo con una voz sofocada.
-Ántes arrójame la escopeta para que no se llene de cieno- pidió Adler.
El señor Diederich arrojó la escopeta que cayó a los pies del pequeño. Adler vio que estaba llena de un barro negruzco y maloliente.
-Date prisa, Adler, tÍrame la cuerda o no podrás sacarme- dijo.
-Creo que no podré hacerlo, no puedo perder el tiempo, tengo que limpiar la escopeta- contestó con resolución mientras se daba la vuelta.
Anduvo algunos pasos de vuelta a casa. Volvió la cabeza para ver si su padre ya se había hundido y vio que en la ciénaga ya no había ningún cuerpo luchando contra la muerte, aunque después de una mirada más atenta le pareció ver algo. Se acercó y vio que era un pequeño pajarillo que había caído en la ciénaga y luchaba por salir. Se sirvió de la rama de un árbol para sacarlo.
-Te llevaré a casa-pensó-hoy he visto morir a un buitre y te he salvado a ti. Mi hermano se alegrará con tu compañía, pero aunque él aún no lo sepa, a su vida le sentará mejor la muerte del buitre.

Eladio Parreño Elías

1-Junio-2011



Ojalá yo escribiera prosa, tan bien como tú,
siempre enganchan tus relatos, con algo de suspense,
siempre es un placer pasar a leerte.
Un beso y feliz fin de semana:::hug:::
 
Buenos días dulcinista. Ya no hace falta que lo diga más. Ha quedado constatado. Tienes lo que hay que tener para ser un gran escritor. Y aunque te parezca que tus escritos son siempre en una línea macabra, bien te puedo asegurar que eso no te ha de importar, porque lo interesante de tus cuentos y poemas es que cuando los lees, la sensación es de estar leyendo algo nuevo, fresco e impactante, tan profundo e intrigante que no se puede dejar de leer hasta el final... Dicho esto me gustaría dar un pequeño repaso y sucinto en lo que respecta a tu texto. Resulta interesante como dominas el arte de lo que yo llamo "posicionamiento en el tiempo y sobre el terreno". Sinceramente, no conozco la zona donde radica la historia y desconozco muchos de los datos que nos das, pero no dudaría ni un segundo en aventurarme a decir que tu texto es un escrito bien bibliografiado. Nos haces sentir, desde la primera línea hasta la última, la sensación de estar allí, en ese lugar y tiempo que con tanta destreza eres capaz de crear. Veo que lo tuyo es crear atmósferas y escenarios, además de personajes... En cuanto al tema moralista y filosófico que encierra el fondo de la historia, tan sólo puedo decir que es magistral la forma que tienes de "moldear" los sentimientos. Sin lugar a dudas he pasado un muy buen rato con la lectura de tu texto y sigo pensando, como ya te dije un buen día, que me gustaría contar con uno de tus libros en mis estanterias... Tienes un don, espero que lo conserves, cultivalo. ¡Un fuerte abrazo desde Barcelona! :)
Gracias amigo por todos tus halagos, me invitan a perseverar en la escritura de nuevos relatos. Un abrazo para ti, poeta.
 
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La señora Diederich nunca fue lo que se dice una persona adicta al trabajo, por eso cuando los médicos le recomendaron cambiar la polución de la ciudad por el aire fresco del bosque, se sintió la persona más feliz del mundo haciendo lo que llevava tiempo queriendo hacer: vender la lujosa mansión en la que vivía y cambiar el ruido y los convencionalismos sociales de la ciudad por la paz y la tranquilidad de un pequeño pueblo. A su marido, Berend Diederich, gran aficionado a la caza, la proposición de su esposa le pareció bien, ya que pensó que en un pueblo le sería más fácil dedicarse a su pasatiempo favorito.
Así que abandonaron la ciudad de Oldenburg en la Baja Sajonia para irse a vivir a una casa amplia y muy antigua construida en medio de un bosque de hayas y castaños. En un monte cercano a la casa abundaban los jabalíes y los conejos además de las perdices, con lo que el señor Barend Diederich no necesitaba nada más para ser feliz.
Solía salir a cazar con su hijo el mayor, llamado Adler en honor al abuelo paterno.
El matrimonio había tenido dos hijos, Adler, que tenía diez años, y el pequeño Derek. Adler era enérgico y rebelde. Su madre solía llamarle pequeño salvaje.
Lo único que se llevaron de la gran casona donde habían vivido hasta entonces fueron un retrato que representaba al señor Diederich vestido de militar y una lámpara de cristal de bohemia que había pertenecido a la bisabuela de la señora Diederich, además de Blute, la gata que fue adoptada por los niños al encontrarla una noche en el jardin durmiendo bajo un ciruelo.
La noticia de que Blute iva a tener gatitos fue recibida por los niños con una gran algarabía. Si jugar con una gata era divertido, se imaginaban lo que sería disfrutar de una camada entera para ellos solos.
La nueva casa no tenía un jardin como la casona de la ciudad, pero en cambio, tenía un gran patio con un pozo en uno de los extremos. Una tupida enredadera le daba sombra al profundo pozo de agua cristalina.
Blute parió cinco gatitos una mañana lluviosa de marzo. Agneta, que así se llamaba la esposa del señor Diederich dijo que todo había salido bien y que fueran pensando en los nombres.
-Son un macho y cuatro hembras- informó.
-La preservación de la especie- comentó el padre.
Un soleado día de mayo, Blute trepó como solía hacer por la enredadera para intentar atrapar un saltamontes, pero al romperse una de las ramas cayó al pozo. Adler gritó y llamó a su padre para que arrojara el cubo y la gata pudiese meterse en él y así salvarla, pero el padre se negó a hacer tal cosa.
-Si sólo es una gata. Ahora teneis cinco más para entreteneros, no necesitais a ésta. Además, es ya muy vieja y de todas formas hubiese muerto pronto- sentenció el padre -. No puedo perder el tiempo, mañana salimos de caza y necesito revisar mi escopeta.
Por más que Adler gritó y pataleó el señor Diederich no cambió de opinión.
El día siguiente amaneció con niebla. Normalmente, al anunciar el padre que irían de caza, a Adler se le alegraba el alma. Le gustaba ayudar a limpiar la escopeta y soñaba con el momento en que su padre le permitiera disparar con ella.. Se veía a sí mismo disparando y matando a toda clase de animales, pero la muerte de la gata lo había sumido en la más profunda tristeza, y ésta vez no quiso ayudar a su padre en la preparacion del arma.
Acababa de salir el sol cuando abandonaron la casa. Tenían que andar con cuidado, ya que en el bosque había algunas ciénagas. El padre llevava la escopeta al hombro y el hijo le seguía a cierta distancia, triste y pensativo, portando una soga que les ayudara a salir de la ciénaga en el caso de que alguno de los dos cayera en una de ellas.
-Debes seguir mis mismos pasos, así evitarás caer en uno de esos agujeros de cieno y barro- le ordenó el padre.
De pronto empezó a extenderse una niebla tan espesa, que les era imposible ver lo que había a un metro de distancia.
-Sepárate de mí, Adler, así si yo caigo en una de estas ciénagas te avisaré y evitaremos que también caigas tú- ordenó el padre con voz militar.
Se oía cantar a los pájaros en las ramas de los árboles del bosque. Según el señor Diederich los más abundantes eran los ansares y las garzas.
Estaban a punto de salir de la zona de las ciénagas cuando el señor Diederich cayó en una de ellas.
-Párate, Adler, he caído en una de esas malditas ciénagas. Arrójame la cuerda para que pueda salir.Átala primero a un árbol cercano. Pero acércate poco a poco y con cuidado, no vayas a caer tú también- dijo con una voz sofocada.
-Ántes arrójame la escopeta para que no se llene de cieno- pidió Adler.
El señor Diederich arrojó la escopeta que cayó a los pies del pequeño. Adler vio que estaba llena de un barro negruzco y maloliente.
-Date prisa, Adler, tÍrame la cuerda o no podrás sacarme- dijo.
-Creo que no podré hacerlo, no puedo perder el tiempo, tengo que limpiar la escopeta- contestó con resolución mientras se daba la vuelta.
Anduvo algunos pasos de vuelta a casa. Volvió la cabeza para ver si su padre ya se había hundido y vio que en la ciénaga ya no había ningún cuerpo luchando contra la muerte, aunque después de una mirada más atenta le pareció ver algo. Se acercó y vio que era un pequeño pajarillo que había caído en la ciénaga y luchaba por salir. Se sirvió de la rama de un árbol para sacarlo.
-Te llevaré a casa-pensó-hoy he visto morir a un buitre y te he salvado a ti. Mi hermano se alegrará con tu compañía, pero aunque él aún no lo sepa, a su vida le sentará mejor la muerte del buitre.

Eladio Parreño Elías

1-Junio-2011



Dulcinista
¡¡Qué historia amigo!!
te luces.
Fascinada con tus letras
estrellas y cariños
Ana
 
Siembras lo que cosechas y ese ha sido el aprendizaje
que le inculcó el padre al hijo. La historia me atrapó
de principio a fin. Saludos y muchas estrellas
 
La señora Diederich nunca fue lo que se dice una persona adicta al trabajo, por eso cuando los médicos le recomendaron cambiar la polución de la ciudad por el aire fresco del bosque, se sintió la persona más feliz del mundo haciendo lo que llevava tiempo queriendo hacer: vender la lujosa mansión en la que vivía y cambiar el ruido y los convencionalismos sociales de la ciudad por la paz y la tranquilidad de un pequeño pueblo. A su marido, Berend Diederich, gran aficionado a la caza, la proposición de su esposa le pareció bien, ya que pensó que en un pueblo le sería más fácil dedicarse a su pasatiempo favorito.
Así que abandonaron la ciudad de Oldenburg en la Baja Sajonia para irse a vivir a una casa amplia y muy antigua construida en medio de un bosque de hayas y castaños. En un monte cercano a la casa abundaban los jabalíes y los conejos además de las perdices, con lo que el señor Barend Diederich no necesitaba nada más para ser feliz.
Solía salir a cazar con su hijo el mayor, llamado Adler en honor al abuelo paterno.
El matrimonio había tenido dos hijos, Adler, que tenía diez años, y el pequeño Derek. Adler era enérgico y rebelde. Su madre solía llamarle pequeño salvaje.
Lo único que se llevaron de la gran casona donde habían vivido hasta entonces fueron un retrato que representaba al señor Diederich vestido de militar y una lámpara de cristal de bohemia que había pertenecido a la bisabuela de la señora Diederich, además de Blute, la gata que fue adoptada por los niños al encontrarla una noche en el jardin durmiendo bajo un ciruelo.
La noticia de que Blute iva a tener gatitos fue recibida por los niños con una gran algarabía. Si jugar con una gata era divertido, se imaginaban lo que sería disfrutar de una camada entera para ellos solos.
La nueva casa no tenía un jardin como la casona de la ciudad, pero en cambio, tenía un gran patio con un pozo en uno de los extremos. Una tupida enredadera le daba sombra al profundo pozo de agua cristalina.
Blute parió cinco gatitos una mañana lluviosa de marzo. Agneta, que así se llamaba la esposa del señor Diederich dijo que todo había salido bien y que fueran pensando en los nombres.
-Son un macho y cuatro hembras- informó.
-La preservación de la especie- comentó el padre.
Un soleado día de mayo, Blute trepó como solía hacer por la enredadera para intentar atrapar un saltamontes, pero al romperse una de las ramas cayó al pozo. Adler gritó y llamó a su padre para que arrojara el cubo y la gata pudiese meterse en él y así salvarla, pero el padre se negó a hacer tal cosa.
-Si sólo es una gata. Ahora teneis cinco más para entreteneros, no necesitais a ésta. Además, es ya muy vieja y de todas formas hubiese muerto pronto- sentenció el padre -. No puedo perder el tiempo, mañana salimos de caza y necesito revisar mi escopeta.
Por más que Adler gritó y pataleó el señor Diederich no cambió de opinión.
El día siguiente amaneció con niebla. Normalmente, al anunciar el padre que irían de caza, a Adler se le alegraba el alma. Le gustaba ayudar a limpiar la escopeta y soñaba con el momento en que su padre le permitiera disparar con ella.. Se veía a sí mismo disparando y matando a toda clase de animales, pero la muerte de la gata lo había sumido en la más profunda tristeza, y ésta vez no quiso ayudar a su padre en la preparacion del arma.
Acababa de salir el sol cuando abandonaron la casa. Tenían que andar con cuidado, ya que en el bosque había algunas ciénagas. El padre llevava la escopeta al hombro y el hijo le seguía a cierta distancia, triste y pensativo, portando una soga que les ayudara a salir de la ciénaga en el caso de que alguno de los dos cayera en una de ellas.
-Debes seguir mis mismos pasos, así evitarás caer en uno de esos agujeros de cieno y barro- le ordenó el padre.
De pronto empezó a extenderse una niebla tan espesa, que les era imposible ver lo que había a un metro de distancia.
-Sepárate de mí, Adler, así si yo caigo en una de estas ciénagas te avisaré y evitaremos que también caigas tú- ordenó el padre con voz militar.
Se oía cantar a los pájaros en las ramas de los árboles del bosque. Según el señor Diederich los más abundantes eran los ansares y las garzas.
Estaban a punto de salir de la zona de las ciénagas cuando el señor Diederich cayó en una de ellas.
-Párate, Adler, he caído en una de esas malditas ciénagas. Arrójame la cuerda para que pueda salir.Átala primero a un árbol cercano. Pero acércate poco a poco y con cuidado, no vayas a caer tú también- dijo con una voz sofocada.
-Ántes arrójame la escopeta para que no se llene de cieno- pidió Adler.
El señor Diederich arrojó la escopeta que cayó a los pies del pequeño. Adler vio que estaba llena de un barro negruzco y maloliente.
-Date prisa, Adler, tÍrame la cuerda o no podrás sacarme- dijo.
-Creo que no podré hacerlo, no puedo perder el tiempo, tengo que limpiar la escopeta- contestó con resolución mientras se daba la vuelta.
Anduvo algunos pasos de vuelta a casa. Volvió la cabeza para ver si su padre ya se había hundido y vio que en la ciénaga ya no había ningún cuerpo luchando contra la muerte, aunque después de una mirada más atenta le pareció ver algo. Se acercó y vio que era un pequeño pajarillo que había caído en la ciénaga y luchaba por salir. Se sirvió de la rama de un árbol para sacarlo.
-Te llevaré a casa-pensó-hoy he visto morir a un buitre y te he salvado a ti. Mi hermano se alegrará con tu compañía, pero aunque él aún no lo sepa, a su vida le sentará mejor la muerte del buitre.

Eladio Parreño Elías

1-Junio-2011



EAAAAAAAA AMIGO DULCI.. QUE HABILIDAD PARA RETENER LECTORES!!! UYYY EL SUSPENSO EN TU PLUMA LLEGA A LO MACABRO....CREO QUE NOME PRDI NI UNA COMA... EL PADRE.. POR INSENSIBEL RECIBIO EL BOOMERAND QUE LANZO... PERO .... LE PASARA IGUAL A ESE CHICO? PUES HIZO LO MISMO QUE SU PAP!!!! AYYYY COMO DESATA ESLABONES PARA CONVERIRSE EN CADENA UNA LECCION?? O VENGANZA??
EL CUENTO ESTA COMO PARA VOLVERSE A LEER,
ESTRELLAS AMIGO Y REPUTACION PORQUE EN VERDAD HASTA EN EL BOSQUE ESTUVE PASEANDO POR TAN VIVAS Y REALES IMAGENES
UN ABRAZO
MiSiVi

****NO SE ME PERMITIO DAR REPUTACIÓN
 
Última edición:
José Luis Blázquez;3446660 dijo:
Muy bonito y aleccionador el relato, con unas imágenes muy bien descritas: puede decirse que quien lo lee "ve" literalmente el entorno en el que desarrolla la acción. Te felicito por tu obra.

Un abrazo.

José Luis
Amigo, celebro que te haya gustado. Un abrazo.
 
Me voy a volver adicta a tus relatos, querido amigo, son excelentes, expresiones adecuadas, intensidad, misterio y en este, buenas enseñanzas. Tu manera de relatar atrapa al lector, te felicito! Abrazos sinceros, un lujo pasar.
 
Excelente relato que atrapa de principo al fin, muy buenas las descripciones y detalles y la moraleja final: si quieres que tus hijos sean honestos sé tú un buen ejemplo. Lo he disfrutado mucho. Felicidades y estrellas.
 
Si hasta ahora me gustaban los gatos a partir de ahora los adoro,nunca se sabe lo que puede pasar,lo cierto es que los ojos verdes de los gatos son muy inspiradores...y las personas que no tienen conciencia también,como bien dejas reflejado en tu relato,
si actúas de forma lamentable,lamentablemente alguien actuará de la misma forma contigo.
Disfruté de tu impactante relato.
Un abrazo.
 
Apreciado poeta: El mensaje de tu prosa es bien claro, nunca o casi nunca acertamos totalmente en la crianza de nuestros hijos, muchas veces desestimamos su forma de pensar y de ver la vida; por este motivo se salvó el pajarito y feneció un ser que malinterpreto el sentimiento por la vida. felicitaciones, reputación y estrellas. Reciba un fraternal abrazo y cuénteme entre sus amigos. HEJARAN
Gracias, amigo, celebro que te haya gustado. Un abrazo, maestro.
 
Muy bien desarrollado, y con un buen mensaje que es lo que importa... aunque me rechine en la boca del niño, la acepción de buitre, que es más propia de una mente adulta. Un abrazo
Gracias amigo por tu comentario. Creo que hay niños que tienen la mente más desarrollada y su léxico es más rico que el de muchos sadultos. Un fuerte abrazo para ti, mi estimado poeta.
 
Sol de mañana;3446796 dijo:
BELLISIMO, a pesar de ser tan triste historia, hay mucha gente cruel con los animalitos, pero todo se paga, y como dicen "con la vara que midas serás medido", y aunque el señor se merecia un castigo creo que fué descabellado por parte de su hijo pero los hijos siguen el ejemplo de los padres, y bue me estoy explayando, muy reflexivo, saludos y estrellas.
Gracias amiga, es una gran y acertada frase con la vara que midas serás medido. Muy cierta, un abrazo para ti.
 
Pues así me diera escalofrio, las cienágas tienen esa particularidad, anidan en su fondo fangoso alimañas de todas las especies.
Mucha maestría en esta modalidad de escritura sombría y que deja al descubierto ese lado oscuro de algunas almas, que puede llegar a chocar pero que manejas tan diestramente para que se lleve el hilo curioso. Felicitaciones a tu admirable narrativa!!

Muchos abrazos cálidos van
Gracias amiga. Tienes razon, en su fondo fangoso moran toda clase de alimañas, incluso algunas personas despiadadas y crueles, pero los niños saben hacer justicia mejor que los adultos. Un beso para ti.
 
Hola Dulcinista, anoche estaba cansada pero no me pude aguantar las ganas de leerte y con esa temática me fui a dormir, me dejó pensando y creo que debo agregar algo porque si no lo hago va a intranquilizarme.
Ese hijo que pareciera tan cruel creo que fue justo; creo además que nunca le gustó salir de caza porque al salvar al pajarito que encontró, estaba dando clara muestra que quitar vida, por muy chiquitos que fueran las víctimas inocentes, por muy deporte que fuera, no era lo suyo y pienso que fue una manera dura de rebelarse contra aquello: primero que su padre no le ayudara a salvar a su gata porque, según el padre estaba vieja, cero respeto por los animales y después se dio cuenta que él estuvo en la misma red, caído y abandonado, mala lección dio a su hijo porque la siguió al pie de la letra, seguramente también estaba viejo, su hijo lo vio así y el pajarillo alegraría a su hermano...era eso.
Buen día Dulcinista.


Querida amiga, me halaga que pienses en el argumento de mi relato. Los niños saben hacer justicia, no me cabe la menor duda. Un beso para tu alma bella.
 
Uncle_Black.jpg


La señora Diederich nunca fue lo que se dice una persona adicta al trabajo, por eso cuando los médicos le recomendaron cambiar la polución de la ciudad por el aire fresco del bosque, se sintió la persona más feliz del mundo haciendo lo que llevava tiempo queriendo hacer: vender la lujosa mansión en la que vivía y cambiar el ruido y los convencionalismos sociales de la ciudad por la paz y la tranquilidad de un pequeño pueblo. A su marido, Berend Diederich, gran aficionado a la caza, la proposición de su esposa le pareció bien, ya que pensó que en un pueblo le sería más fácil dedicarse a su pasatiempo favorito.
Así que abandonaron la ciudad de Oldenburg en la Baja Sajonia para irse a vivir a una casa amplia y muy antigua construida en medio de un bosque de hayas y castaños. En un monte cercano a la casa abundaban los jabalíes y los conejos además de las perdices, con lo que el señor Barend Diederich no necesitaba nada más para ser feliz.
Solía salir a cazar con su hijo el mayor, llamado Adler en honor al abuelo paterno.
El matrimonio había tenido dos hijos, Adler, que tenía diez años, y el pequeño Derek. Adler era enérgico y rebelde. Su madre solía llamarle pequeño salvaje.
Lo único que se llevaron de la gran casona donde habían vivido hasta entonces fueron un retrato que representaba al señor Diederich vestido de militar y una lámpara de cristal de bohemia que había pertenecido a la bisabuela de la señora Diederich, además de Blute, la gata que fue adoptada por los niños al encontrarla una noche en el jardin durmiendo bajo un ciruelo.
La noticia de que Blute iva a tener gatitos fue recibida por los niños con una gran algarabía. Si jugar con una gata era divertido, se imaginaban lo que sería disfrutar de una camada entera para ellos solos.
La nueva casa no tenía un jardin como la casona de la ciudad, pero en cambio, tenía un gran patio con un pozo en uno de los extremos. Una tupida enredadera le daba sombra al profundo pozo de agua cristalina.
Blute parió cinco gatitos una mañana lluviosa de marzo. Agneta, que así se llamaba la esposa del señor Diederich dijo que todo había salido bien y que fueran pensando en los nombres.
-Son un macho y cuatro hembras- informó.
-La preservación de la especie- comentó el padre.
Un soleado día de mayo, Blute trepó como solía hacer por la enredadera para intentar atrapar un saltamontes, pero al romperse una de las ramas cayó al pozo. Adler gritó y llamó a su padre para que arrojara el cubo y la gata pudiese meterse en él y así salvarla, pero el padre se negó a hacer tal cosa.
-Si sólo es una gata. Ahora teneis cinco más para entreteneros, no necesitais a ésta. Además, es ya muy vieja y de todas formas hubiese muerto pronto- sentenció el padre -. No puedo perder el tiempo, mañana salimos de caza y necesito revisar mi escopeta.
Por más que Adler gritó y pataleó el señor Diederich no cambió de opinión.
El día siguiente amaneció con niebla. Normalmente, al anunciar el padre que irían de caza, a Adler se le alegraba el alma. Le gustaba ayudar a limpiar la escopeta y soñaba con el momento en que su padre le permitiera disparar con ella.. Se veía a sí mismo disparando y matando a toda clase de animales, pero la muerte de la gata lo había sumido en la más profunda tristeza, y ésta vez no quiso ayudar a su padre en la preparacion del arma.
Acababa de salir el sol cuando abandonaron la casa. Tenían que andar con cuidado, ya que en el bosque había algunas ciénagas. El padre llevava la escopeta al hombro y el hijo le seguía a cierta distancia, triste y pensativo, portando una soga que les ayudara a salir de la ciénaga en el caso de que alguno de los dos cayera en una de ellas.
-Debes seguir mis mismos pasos, así evitarás caer en uno de esos agujeros de cieno y barro- le ordenó el padre.
De pronto empezó a extenderse una niebla tan espesa, que les era imposible ver lo que había a un metro de distancia.
-Sepárate de mí, Adler, así si yo caigo en una de estas ciénagas te avisaré y evitaremos que también caigas tú- ordenó el padre con voz militar.
Se oía cantar a los pájaros en las ramas de los árboles del bosque. Según el señor Diederich los más abundantes eran los ansares y las garzas.
Estaban a punto de salir de la zona de las ciénagas cuando el señor Diederich cayó en una de ellas.
-Párate, Adler, he caído en una de esas malditas ciénagas. Arrójame la cuerda para que pueda salir.Átala primero a un árbol cercano. Pero acércate poco a poco y con cuidado, no vayas a caer tú también- dijo con una voz sofocada.
-Ántes arrójame la escopeta para que no se llene de cieno- pidió Adler.
El señor Diederich arrojó la escopeta que cayó a los pies del pequeño. Adler vio que estaba llena de un barro negruzco y maloliente.
-Date prisa, Adler, tÍrame la cuerda o no podrás sacarme- dijo.
-Creo que no podré hacerlo, no puedo perder el tiempo, tengo que limpiar la escopeta- contestó con resolución mientras se daba la vuelta.
Anduvo algunos pasos de vuelta a casa. Volvió la cabeza para ver si su padre ya se había hundido y vio que en la ciénaga ya no había ningún cuerpo luchando contra la muerte, aunque después de una mirada más atenta le pareció ver algo. Se acercó y vio que era un pequeño pajarillo que había caído en la ciénaga y luchaba por salir. Se sirvió de la rama de un árbol para sacarlo.
-Te llevaré a casa-pensó-hoy he visto morir a un buitre y te he salvado a ti. Mi hermano se alegrará con tu compañía, pero aunque él aún no lo sepa, a su vida le sentará mejor la muerte del buitre.

Eladio Parreño Elías

1-Junio-2011


Sobrecogedor relato amigo, donde el alma de un niño es maltratada por un padre sin sentimientos hacia el mundo animal que tiene la misma y valiosa vida que la de un humano y que sirve para mantener el equilibrio de n uestra maltrecha naturaleza,
sin embargo hay que reflexionar sobre la protección que en todo momento alerta al hijo de los peligros que puede correr si no anda con cuidado, lo que no es obstaculo para cartigar al padre por su felonia. Grato leerte en un escrito mas dilatado de lo habitual, mis estrellas y cariño. Conxa
 
Ojalá yo escribiera prosa, tan bien como tú,
siempre enganchan tus relatos, con algo de suspense,
siempre es un placer pasar a leerte.
Un beso y feliz fin de semana:::hug:::
Amiga, tú eres una gran poetisa, y en cuanto a lo de escribir prosa, todo es cuestión de intentarlo. Gracias por tu comentario. UN BESO PARA TI.
 
EAAAAAAAA AMIGO DULCI.. QUE HABILIDAD PARA RETENER LECTORES!!! UYYY EL SUSPENSO EN TU PLUMA LLEGA A LO MACABRO....CREO QUE NOME PRDI NI UNA COMA... EL PADRE.. POR INSENSIBEL RECIBIO EL BOOMERAND QUE LANZO... PERO .... LE PASARA IGUAL A ESE CHICO? PUES HIZO LO MISMO QUE SU PAP!!!! AYYYY COMO DESATA ESLABONES PARA CONVERIRSE EN CADENA UNA LECCION?? O VENGANZA??
EL CUENTO ESTA COMO PARA VOLVERSE A LEER,
ESTRELLAS AMIGO Y REPUTACION PORQUE EN VERDAD HASTA EN EL BOSQUE ESTUVE PASEANDO POR TAN VIVAS Y REALES IMAGENES
UN ABRAZO
MiSiVi

****NO SE ME PERMITIO DAR REPUTACIÓN
Gracias amiga por tu amabilidad y por tus estrellas. UN BESO.
 
Hola. Muy buen relato, y concuerdo con lo dicho anteriormente: nuestros vástagos son el reflejo que proyectamos a través del espejo. Que miedo pensar que el ejemplo brindado sea un clavo a nuestro ataúd. Felicidades!!!
 
Siempre ocasionas que mi cuerpo se erice con cada relato tuyo, que bárbaro¡ tienes un talento insuperable para este tipo de narración, mi admiración y cariños.

Gracias por tus excelentes aportes.
 
Uncle_Black.jpg


La señora Diederich nunca fue lo que se dice una persona adicta al trabajo, por eso cuando los médicos le recomendaron cambiar la polución de la ciudad por el aire fresco del bosque, se sintió la persona más feliz del mundo haciendo lo que llevava tiempo queriendo hacer: vender la lujosa mansión en la que vivía y cambiar el ruido y los convencionalismos sociales de la ciudad por la paz y la tranquilidad de un pequeño pueblo. A su marido, Berend Diederich, gran aficionado a la caza, la proposición de su esposa le pareció bien, ya que pensó que en un pueblo le sería más fácil dedicarse a su pasatiempo favorito.
Así que abandonaron la ciudad de Oldenburg en la Baja Sajonia para irse a vivir a una casa amplia y muy antigua construida en medio de un bosque de hayas y castaños. En un monte cercano a la casa abundaban los jabalíes y los conejos además de las perdices, con lo que el señor Barend Diederich no necesitaba nada más para ser feliz.
Solía salir a cazar con su hijo el mayor, llamado Adler en honor al abuelo paterno.
El matrimonio había tenido dos hijos, Adler, que tenía diez años, y el pequeño Derek. Adler era enérgico y rebelde. Su madre solía llamarle pequeño salvaje.
Lo único que se llevaron de la gran casona donde habían vivido hasta entonces fueron un retrato que representaba al señor Diederich vestido de militar y una lámpara de cristal de bohemia que había pertenecido a la bisabuela de la señora Diederich, además de Blute, la gata que fue adoptada por los niños al encontrarla una noche en el jardin durmiendo bajo un ciruelo.
La noticia de que Blute iva a tener gatitos fue recibida por los niños con una gran algarabía. Si jugar con una gata era divertido, se imaginaban lo que sería disfrutar de una camada entera para ellos solos.
La nueva casa no tenía un jardin como la casona de la ciudad, pero en cambio, tenía un gran patio con un pozo en uno de los extremos. Una tupida enredadera le daba sombra al profundo pozo de agua cristalina.
Blute parió cinco gatitos una mañana lluviosa de marzo. Agneta, que así se llamaba la esposa del señor Diederich dijo que todo había salido bien y que fueran pensando en los nombres.
-Son un macho y cuatro hembras- informó.
-La preservación de la especie- comentó el padre.
Un soleado día de mayo, Blute trepó como solía hacer por la enredadera para intentar atrapar un saltamontes, pero al romperse una de las ramas cayó al pozo. Adler gritó y llamó a su padre para que arrojara el cubo y la gata pudiese meterse en él y así salvarla, pero el padre se negó a hacer tal cosa.
-Si sólo es una gata. Ahora teneis cinco más para entreteneros, no necesitais a ésta. Además, es ya muy vieja y de todas formas hubiese muerto pronto- sentenció el padre -. No puedo perder el tiempo, mañana salimos de caza y necesito revisar mi escopeta.
Por más que Adler gritó y pataleó el señor Diederich no cambió de opinión.
El día siguiente amaneció con niebla. Normalmente, al anunciar el padre que irían de caza, a Adler se le alegraba el alma. Le gustaba ayudar a limpiar la escopeta y soñaba con el momento en que su padre le permitiera disparar con ella.. Se veía a sí mismo disparando y matando a toda clase de animales, pero la muerte de la gata lo había sumido en la más profunda tristeza, y ésta vez no quiso ayudar a su padre en la preparacion del arma.
Acababa de salir el sol cuando abandonaron la casa. Tenían que andar con cuidado, ya que en el bosque había algunas ciénagas. El padre llevava la escopeta al hombro y el hijo le seguía a cierta distancia, triste y pensativo, portando una soga que les ayudara a salir de la ciénaga en el caso de que alguno de los dos cayera en una de ellas.
-Debes seguir mis mismos pasos, así evitarás caer en uno de esos agujeros de cieno y barro- le ordenó el padre.
De pronto empezó a extenderse una niebla tan espesa, que les era imposible ver lo que había a un metro de distancia.
-Sepárate de mí, Adler, así si yo caigo en una de estas ciénagas te avisaré y evitaremos que también caigas tú- ordenó el padre con voz militar.
Se oía cantar a los pájaros en las ramas de los árboles del bosque. Según el señor Diederich los más abundantes eran los ansares y las garzas.
Estaban a punto de salir de la zona de las ciénagas cuando el señor Diederich cayó en una de ellas.
-Párate, Adler, he caído en una de esas malditas ciénagas. Arrójame la cuerda para que pueda salir.Átala primero a un árbol cercano. Pero acércate poco a poco y con cuidado, no vayas a caer tú también- dijo con una voz sofocada.
-Ántes arrójame la escopeta para que no se llene de cieno- pidió Adler.
El señor Diederich arrojó la escopeta que cayó a los pies del pequeño. Adler vio que estaba llena de un barro negruzco y maloliente.
-Date prisa, Adler, tÍrame la cuerda o no podrás sacarme- dijo.
-Creo que no podré hacerlo, no puedo perder el tiempo, tengo que limpiar la escopeta- contestó con resolución mientras se daba la vuelta.
Anduvo algunos pasos de vuelta a casa. Volvió la cabeza para ver si su padre ya se había hundido y vio que en la ciénaga ya no había ningún cuerpo luchando contra la muerte, aunque después de una mirada más atenta le pareció ver algo. Se acercó y vio que era un pequeño pajarillo que había caído en la ciénaga y luchaba por salir. Se sirvió de la rama de un árbol para sacarlo.
-Te llevaré a casa-pensó-hoy he visto morir a un buitre y te he salvado a ti. Mi hermano se alegrará con tu compañía, pero aunque él aún no lo sepa, a su vida le sentará mejor la muerte del buitre.

Eladio Parreño Elías

1-Junio-2011

[FONT=&quot]Es un gran relato un tanto sombrío por la presencia de imágenes pantanosas, entreteje de una forma grandiosa cada imagen y con cierta enseñanza deja siempre gran reflexión encada línea, aunque en este maravilloso relato siento varias enseñanzas se vierten , compasión por cualquier ser vivo del universo, hablar con el ejemplo y con fin fue fatídico sin duda cada uno es el mismo que labra con actos las consecuencias y encausa el camino aparte de que los actos son de gran ejemplo siempre y este caso el buitre solo recogió lo que sembró . Estrellas un cielo de ellas para que le llenen de felices presagios le dejo mi gratitud por dejar sui estela en mi letras , siempre mis mejores sentimientos, saludos y mi admiracion a total a su sublime pluma.
 
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