• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

La casa del sauce

Pincoya76

Leyenda de mar.
No existen casas como barquitos que llegan al mar
hemos de construir cada rincón como una fortaleza.
Hay un corazón de pez que cuelga por las paredes
y a veces la neblina se cuela por las rendijas del techo.
Construir ventanas como obsequio para los ojos de quienes visitan este lugar.
Una estufa a leña y detrás una
banca larga con almohadones que bordé en el invierno.
Cuando voy llegando a esta casa lo primero que hago es venerar el sauce que está en una esquina del patio, frondoso como mi cabello crespo cuando tenía diecisiete años, luego me acerco para tomar sus hojas, de alguna manera me transmite calma.
Las ventanas son redondas como si fueran de un antiguo barco, no quise pintarlas para mantener ese gris de la madera cuando ha pasado ya tanto tiempo.
A veces me voy de casa, y regreso pasado un tiempo, es que la soledad es un paisaje verde alrededor de mi existencia.
 
No existen casas como barquitos que llegan al mar
hemos de construir cada rincón como una fortaleza.
Hay un corazón de pez que cuelga por las paredes
y a veces la neblina se cuela por las rendijas del techo.
Construir ventanas como obsequio para los ojos de quienes visitan este lugar.
Una estufa a leña y detrás una
banca larga con almohadones que bordé en el invierno.
Cuando voy llegando a esta casa lo primero que hago es venerar el sauce que está en una esquina del patio, frondoso como mi cabello crespo cuando tenía diecisiete años, luego me acerco para tomar sus hojas, de alguna manera me transmite calma.
Las ventanas son redondas como si fueran de un antiguo barco, no quise pintarlas para mantener ese gris de la madera cuando ha pasado ya tanto tiempo.
A veces me voy de casa, y regreso pasado un tiempo, es que la soledad es un paisaje verde alrededor de mi existencia.
La soledad es a veces la mejor compañía, y un corto retiro trae un dulce retorno.
Vivir sola es como estar en una fiesta donde nadie te hace caso.

Saludos
 
No existen casas como barquitos que llegan al mar
hemos de construir cada rincón como una fortaleza.
Hay un corazón de pez que cuelga por las paredes
y a veces la neblina se cuela por las rendijas del techo.
Construir ventanas como obsequio para los ojos de quienes visitan este lugar.
Una estufa a leña y detrás una
banca larga con almohadones que bordé en el invierno.
Cuando voy llegando a esta casa lo primero que hago es venerar el sauce que está en una esquina del patio, frondoso como mi cabello crespo cuando tenía diecisiete años, luego me acerco para tomar sus hojas, de alguna manera me transmite calma.
Las ventanas son redondas como si fueran de un antiguo barco, no quise pintarlas para mantener ese gris de la madera cuando ha pasado ya tanto tiempo.
A veces me voy de casa, y regreso pasado un tiempo, es que la soledad es un paisaje verde alrededor de mi existencia.
Esos recuerdos han hecho de ti lo que eres. Coronaste ese cierre. Un beso, Naty.
 
"El árbol que tú olvidaste,
siempre se acuerda de ti".
Eso dice Yupanqui.
Vos no olvidaste a tu sauce.
Lo importante es que, con toda seguridad, él tampoco te olvida.
Un cordial saludo.

Lisandro
 
Atrás
Arriba