Monje Mont
Poeta reconocido en el portal
Era la casa del árbol, árbol y techo;
y sus raíces, eran hojas también.
Hojas que gritaban secretos
con la profundidad de los que fingen dormir,
pero, recorren insomnes las avenidas del sueño…,
las dudas respecto a aquello que llamamos verdad.
Entonces, con sus ojos de luna, la casa,
viajaba al satélite sin la usual despedida.
Los restos vertían sus cuentos de miedo,
y cada uno caía en la oscuridad de su boca.
El desamparo es eso:
no saber la verdad, o aprehender ésta, de noche.
Acompasados, como un cachorro de espectro
o una niña que teme al ardor de su leña en la nieve,
nos nacía la música como una premonición de la muerte.
Pero regresaba, parecía la misma: el mismo techo,
los mismos ojos de luna,
con sus redes de plata, atrapándolo todo.
Y crecía, se volvía sala de cine,
con dos butacas que tiemblan escenas
sobre un montón de años perdidos,
que alguien olvidó bajar de la cruz.
Y resumimos los años en uno,
y cada uno es el mismo, después de lo mucho o poco vivido:
un niño que vuelve en diciembre, sin mula, sin buey y sin árbol,
a una casa que se ha enceguecido.
y sus raíces, eran hojas también.
Hojas que gritaban secretos
con la profundidad de los que fingen dormir,
pero, recorren insomnes las avenidas del sueño…,
las dudas respecto a aquello que llamamos verdad.
Entonces, con sus ojos de luna, la casa,
viajaba al satélite sin la usual despedida.
Los restos vertían sus cuentos de miedo,
y cada uno caía en la oscuridad de su boca.
El desamparo es eso:
no saber la verdad, o aprehender ésta, de noche.
Acompasados, como un cachorro de espectro
o una niña que teme al ardor de su leña en la nieve,
nos nacía la música como una premonición de la muerte.
Pero regresaba, parecía la misma: el mismo techo,
los mismos ojos de luna,
con sus redes de plata, atrapándolo todo.
Y crecía, se volvía sala de cine,
con dos butacas que tiemblan escenas
sobre un montón de años perdidos,
que alguien olvidó bajar de la cruz.
Y resumimos los años en uno,
y cada uno es el mismo, después de lo mucho o poco vivido:
un niño que vuelve en diciembre, sin mula, sin buey y sin árbol,
a una casa que se ha enceguecido.
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