MASTER LY 22
Laly
La canción
La canción cruzó los tiempos como un haz de luz
diáfana, cristalina...
Se incrustó en su cabeza perdida entre soles negros
de minutos lentos y relojes rotos.
Esa canción era su fantasma sin voz que inmutable
relampagueaba tras sus párpados al adivinar la tarde.
La psicodelia se acurruca en los rincones mas obscuros
del andén de la vieja estación.
Cuando el tren llega a la estación y se extienden los brazos,
viciada la brisa sortea los pies ligeros.
El se queda allí parado con los bostezos de abril y
sonríe al ver partir el tren sobre un pentagrama.
El andén se lleva el sonido de los pasos y las risas
solo queda un periódico en la banca agitado por el viento,
un perro vagabundo que orina en la farola ya encendida
Entonces saboreando el impoluto silencio
mueve sus dedos por un teclado imaginario,
La canción diáfana y cristalina vuelve pletórica
y relampaguea otra vez tras sus párpados.
La canción cruzó los tiempos como un haz de luz
diáfana, cristalina...
Se incrustó en su cabeza perdida entre soles negros
de minutos lentos y relojes rotos.
Esa canción era su fantasma sin voz que inmutable
relampagueaba tras sus párpados al adivinar la tarde.
La psicodelia se acurruca en los rincones mas obscuros
del andén de la vieja estación.
Cuando el tren llega a la estación y se extienden los brazos,
viciada la brisa sortea los pies ligeros.
El se queda allí parado con los bostezos de abril y
sonríe al ver partir el tren sobre un pentagrama.
El andén se lleva el sonido de los pasos y las risas
solo queda un periódico en la banca agitado por el viento,
un perro vagabundo que orina en la farola ya encendida
Entonces saboreando el impoluto silencio
mueve sus dedos por un teclado imaginario,
La canción diáfana y cristalina vuelve pletórica
y relampaguea otra vez tras sus párpados.
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