Forgetfulness
Poeta recién llegado
Personas van y vienen,
crecen y luego se despiden,
cuestiones se simplifican en una sola duda:
¿Qué se queda con nosotros al irnos de por vida?
Acaloradas cuestiones, selectivas creencias;
ninguno regresó a contarlo, despilfarre hipotéticas.
Creciendo he notado el existencialismo apropiarse del que pensar,
apuñalando vertiginosamente sin que alguien se pueda cuenta dar.
Estoy creciendo y eso no me gusta:
dejo de pensar en las trivialidades
y me encarezco en mis habilidades.
Ser adulto es libertinaje dicho por escapistas,
a nuevos tiempos acechar: mordaces mentiras.
Más tiempo pasar, más me compadezco de mis padres,
estar afuera a kilómetros de casa se siente tan irreal,
tu segunda casa en oficina de un complejo sin humanidades,
husmeando nuestros bolsillos para en pagos
darlos satisfactoriamente por servidos:
Los ojos que nunca hablan nunca ven y nunca sienten,
estoy creciendo pero quiero reencontrarme en un santiamén.
A vista efusiva en un ventanal enorme,
debatiendo si siquiera pensar por aquí volver
o perderme en travesías fantasiosas de no crecer,
en atrofiarme a fuertes de almohadones para que jamás me encuentren,
eterna juventud que quisiera preservar cuando ya no decidan que más hacer.
Peter Pan nunca llegó para salvarme de aquí madurar,
quizás era un mito pero daría fe para que fuera real.
¿No es madurar derrochar felicidad, felicidad que compra enmienda?
Parece broma burda por atrofiarse de lo que nadie te prepara:
afuera estar y ni una sola pena te pueda decir cuando parar.
La clase de ciudades me matan,
sentir de menos por sus cápsulas exasperadas
en vivir de propósito pleno a las antiguas.
Estoy creciendo y me mortifico en ganas el omitir de hacerlo,
mis amigos exploran sus propias aventuras sin mí,
mi familia empieza a tambalear por antigüedad de siglo.
Lo que presentía era la forma de tener los brazos pequeños...
ahora es concreto de paso en puntillas de pies descalzos.
No me siento justo como debería estar, estoy creciendo;
la delgada línea de tela me está resquebrajando.
Crecer me está matando pero estoy renaciendo,
en inmersión profunda... retrospectiva de lo que escribo,
terapia de voz a voz sería lo ideal, claro;
pero existiendo fuera de nunca jamás es raro.
Quizás Peter Pan ni el brillo de Campanita
vinieron a socorrerme del infinito;
pero Wendy con madurez innata
me ha cobijado para descansar un rato.
No estoy listo para crecer,
¿Pero quién dice debo hacerlo ahora?
Duermo y dejo mi mente desprender,
inhalo profundo y dejo todo salir: doy una vuelta,
perdiéndome, surcando el cielo joven de la noche.
Estaré creciendo...
pero me dejo residir en cuentos de antaño.
crecen y luego se despiden,
cuestiones se simplifican en una sola duda:
¿Qué se queda con nosotros al irnos de por vida?
Acaloradas cuestiones, selectivas creencias;
ninguno regresó a contarlo, despilfarre hipotéticas.
Creciendo he notado el existencialismo apropiarse del que pensar,
apuñalando vertiginosamente sin que alguien se pueda cuenta dar.
Estoy creciendo y eso no me gusta:
dejo de pensar en las trivialidades
y me encarezco en mis habilidades.
Ser adulto es libertinaje dicho por escapistas,
a nuevos tiempos acechar: mordaces mentiras.
Más tiempo pasar, más me compadezco de mis padres,
estar afuera a kilómetros de casa se siente tan irreal,
tu segunda casa en oficina de un complejo sin humanidades,
husmeando nuestros bolsillos para en pagos
darlos satisfactoriamente por servidos:
Los ojos que nunca hablan nunca ven y nunca sienten,
estoy creciendo pero quiero reencontrarme en un santiamén.
A vista efusiva en un ventanal enorme,
debatiendo si siquiera pensar por aquí volver
o perderme en travesías fantasiosas de no crecer,
en atrofiarme a fuertes de almohadones para que jamás me encuentren,
eterna juventud que quisiera preservar cuando ya no decidan que más hacer.
Peter Pan nunca llegó para salvarme de aquí madurar,
quizás era un mito pero daría fe para que fuera real.
¿No es madurar derrochar felicidad, felicidad que compra enmienda?
Parece broma burda por atrofiarse de lo que nadie te prepara:
afuera estar y ni una sola pena te pueda decir cuando parar.
La clase de ciudades me matan,
sentir de menos por sus cápsulas exasperadas
en vivir de propósito pleno a las antiguas.
Estoy creciendo y me mortifico en ganas el omitir de hacerlo,
mis amigos exploran sus propias aventuras sin mí,
mi familia empieza a tambalear por antigüedad de siglo.
Lo que presentía era la forma de tener los brazos pequeños...
ahora es concreto de paso en puntillas de pies descalzos.
No me siento justo como debería estar, estoy creciendo;
la delgada línea de tela me está resquebrajando.
Crecer me está matando pero estoy renaciendo,
en inmersión profunda... retrospectiva de lo que escribo,
terapia de voz a voz sería lo ideal, claro;
pero existiendo fuera de nunca jamás es raro.
Quizás Peter Pan ni el brillo de Campanita
vinieron a socorrerme del infinito;
pero Wendy con madurez innata
me ha cobijado para descansar un rato.
No estoy listo para crecer,
¿Pero quién dice debo hacerlo ahora?
Duermo y dejo mi mente desprender,
inhalo profundo y dejo todo salir: doy una vuelta,
perdiéndome, surcando el cielo joven de la noche.
Estaré creciendo...
pero me dejo residir en cuentos de antaño.