danie
solo un pensamiento...
La piel de Babilonia
en el cuerpo del titán guerrero de fuego,
la sangre de Nínive
sepultada en el polvo del cíclope macedónico,
la espada marchita
la espada marchita
rajando el cielo de la necrópolis de los siervos,
la emperatriz que anida
en los ojos de la esfinge pagana y endeble.
La masa con corona
La masa con corona
de laureles alucinógenos, marchando al destino,
golpeando las puertas
de los rayos del alba bajo las miradas petrificadas
de los pájaros de arcilla,
tras los cielos en que reposa incinerada la Atlántida
y su coro de pimpollos
robustos y afanosos con garras de acero,
que acecha al errante.
Peregrinos de las lunas de Sodomía y Gomorra.
Nómadas vagando por el cielo de azufre,
construyendo sus
recintos con la mano de la gula.
Unidos por el brillo secundo de la pitonisa del Edén,
cadenas cetrinas formando
un arresto ecuánime de sangre sólida
derramada en la raza ilustre.
Concretas e ínclitas razas,
muestran los dones acaecidos
que fueron de antaño para su laurel,
calando con sus lenguas esa burda epifanía,
fuego ardiente que emancipa
sus propios credos sobre la cruz de ocre,
junto a las cabezas bicéfalas del altar de Minerva
y su ornamento de piel de león.
La piel de Judas en nuestro cuerpo
con ojos de traición labrando sus propios sepulcros,
los tuyos, los míos, los de él y ella.
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