Martín Renán
Poeta adicto al portal
Adónde, por instinto
me obligo
por las veces que pude huir;
pero este sentimiento
sabe de culpas y mentiras;
y cómo el homicida
pasa por mi casa,
desde una sombra
me toma por sorpresa.
Cíclicamente
el miedo no sabe de atajos;
antes quemo
el peso de mi escondite en una moneda.
Ya cómplice me pierdo
en el corazón de mi verdugo;
el destino,
luciérnagas de luz,
amapolas de desesperación;
desde botellas de coñac
el precipicio estás más cerca.
Despojado de toda máscara,
y porque el gallo cantó las tres veces
no puedo negarlo:
en el pezón de la muerte
me juego la vida.
me obligo
por las veces que pude huir;
pero este sentimiento
sabe de culpas y mentiras;
y cómo el homicida
pasa por mi casa,
desde una sombra
me toma por sorpresa.
Cíclicamente
el miedo no sabe de atajos;
antes quemo
el peso de mi escondite en una moneda.
Ya cómplice me pierdo
en el corazón de mi verdugo;
el destino,
luciérnagas de luz,
amapolas de desesperación;
desde botellas de coñac
el precipicio estás más cerca.
Despojado de toda máscara,
y porque el gallo cantó las tres veces
no puedo negarlo:
en el pezón de la muerte
me juego la vida.