Gira el caleidoscopio azul
alrededor del único vidrio rojo
como un ojo perforado por ocasos.
La tarde despierta ya a la noche
vaciada de todas sus estrellas.
Yo te espero junto a la farola flácida
insensible a las aleves caricias
de las falenas suicidas
y los tranvías uncidos a mariposas
sueñan con trayectos imposibles
alrededor de las plazas
en la ciudad del desierto.
Caen las tejas desmembradas
desde el tejado convexo
y los volúmenes sincréticos de los diedros
agonizan entre hojas de papel desmenuzado.
Imposibles los incendios
Tan sólo las sinusoides que destilan erotismo
desprendidas de sus senos
voluptuosas llamadas de los animales en celo
se quiebran entre las ramas macilentas
de los bosques en sazón.
Era la edad de los héroes
agigantados ensueños que derrotaban dragones
Era la edad primigenia del gemido y el dolor.
Las doncellas mostraban sus doradas trenzas
y sus bustos opulentos
en insaciada llamada desde torres de marfil
convocando a los metálicos caballeros.
Era la edad de los juglares y los frágiles unicornios
temerosos del despertar inevitable.
En marmóreos recipientes como sábanas de momias
se fraguaban las estatuas que adornan hoy nuestros parques
(pero esto los niños no lo saben
y juegan a sus pies con inocencia.)
El lánguido ciprés señala al cielo
hacia un azul aeroplano que desconoce su sino
Vegetaciones marchitas se acomodan
para preparar el próximo holocausto
Era la edad de los héroes
y yo jugaba contigo al ajedrez del amante.
alrededor del único vidrio rojo
como un ojo perforado por ocasos.
La tarde despierta ya a la noche
vaciada de todas sus estrellas.
Yo te espero junto a la farola flácida
insensible a las aleves caricias
de las falenas suicidas
y los tranvías uncidos a mariposas
sueñan con trayectos imposibles
alrededor de las plazas
en la ciudad del desierto.
Caen las tejas desmembradas
desde el tejado convexo
y los volúmenes sincréticos de los diedros
agonizan entre hojas de papel desmenuzado.
Imposibles los incendios
Tan sólo las sinusoides que destilan erotismo
desprendidas de sus senos
voluptuosas llamadas de los animales en celo
se quiebran entre las ramas macilentas
de los bosques en sazón.
Era la edad de los héroes
agigantados ensueños que derrotaban dragones
Era la edad primigenia del gemido y el dolor.
Las doncellas mostraban sus doradas trenzas
y sus bustos opulentos
en insaciada llamada desde torres de marfil
convocando a los metálicos caballeros.
Era la edad de los juglares y los frágiles unicornios
temerosos del despertar inevitable.
En marmóreos recipientes como sábanas de momias
se fraguaban las estatuas que adornan hoy nuestros parques
(pero esto los niños no lo saben
y juegan a sus pies con inocencia.)
El lánguido ciprés señala al cielo
hacia un azul aeroplano que desconoce su sino
Vegetaciones marchitas se acomodan
para preparar el próximo holocausto
Era la edad de los héroes
y yo jugaba contigo al ajedrez del amante.