prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo no sé cuantas luces se necesitan para mirarnos en el alma.
Parece que hay otro tipo de noche, más espesa que la del cielo,
análoga a un horizonte dentro de las piedras
y a su densidad de bacterias fosilizadas entre compactos granos de arena.
El tiempo sufre de artritis, duelen las rodillas de cada segundo.
Yo no sé por qué hay más iglesias que hospitales en el mundo,
la voraz idea de ese espejo.
Ni conozco los cartilaginosos deseos de morir de los peces,
su sed de aire, su respirar de agua.
No sé cual es el sol de los amaneceres del suicidio.
El tiempo sufre de tos en las gargantas de los días, sus amígdalas están
nubladas e hinchadas por lluvias.
Desisto de invertir en milagros que habitan una lágrima
y en la tibieza incolora de su viaje perpetuo por el rostro.
De los uniformes del miedo, ya demasiado pequeños para el desastre.
Quedo desnudo, entre preguntas que me crucifican al suelo.
El tiempo ha de partir y abandonar la gira mecánica
para dejar que nuestro planeta sea una luna más
rodeada por otras inhabitadas secuelas de azar.
Muero, luego me equivoco.
Parece que hay otro tipo de noche, más espesa que la del cielo,
análoga a un horizonte dentro de las piedras
y a su densidad de bacterias fosilizadas entre compactos granos de arena.
El tiempo sufre de artritis, duelen las rodillas de cada segundo.
Yo no sé por qué hay más iglesias que hospitales en el mundo,
la voraz idea de ese espejo.
Ni conozco los cartilaginosos deseos de morir de los peces,
su sed de aire, su respirar de agua.
No sé cual es el sol de los amaneceres del suicidio.
El tiempo sufre de tos en las gargantas de los días, sus amígdalas están
nubladas e hinchadas por lluvias.
Desisto de invertir en milagros que habitan una lágrima
y en la tibieza incolora de su viaje perpetuo por el rostro.
De los uniformes del miedo, ya demasiado pequeños para el desastre.
Quedo desnudo, entre preguntas que me crucifican al suelo.
El tiempo ha de partir y abandonar la gira mecánica
para dejar que nuestro planeta sea una luna más
rodeada por otras inhabitadas secuelas de azar.
Muero, luego me equivoco.
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