En el bosque soñoliento,
un niño despierto.
Un zorzal,
le quita el trono al silencio
que extendía su voz
en una noche pintada
con pequitas blancas.
En el cielo de primavera,
la luna viste seda blanca
y el niño la mira y mira
y no puede tocarla.
¡Ay qué no puede tocarla!
Por el río,
la luna pasea
entre arbolitos floridos
besando sus ramas
y a los pececillos dormidos.
¡Ay la pena del niño,
por su mejilla,
una lágrima sin esfuerzo!
Quisiera ser tan alto como ella
y ser el lucero
de la luna lunera.
La noche está tendida
en el bosque soñoliento,
la luna siempre viva
como el junco fresco.
Junto a la ventana,
en su cama,
el niño sueña,
el niño está soñando
a la luna sobre el río
y su manita la está tocando.